Michael J. Sandel reclama a la izquierda “poner en el centro la dignidad del trabajo”



Una manera d'accedir al pensament actual és a través de  les entrevistes que com aquesta permet copsar el pensament viu Michael J.Sandel. La avantatge de fer-ho és que si un vol aprofundir pot accedir els seus llibres*.


"Era uno de los platos fuertes del festival de EL PAÍS, como confirmaban las colas a la entrada y el llenazo del auditorio de Matadero Madrid. Y Michael J. Sandel (Minneapolis, Estados Unidos, 73 años), en conversación con el periodista Jesús Ruiz Mantilla, no decepcionó. Pocos pensadores han sabido identificar con tanta lucidez, a lo largo de las décadas, el suelo fértil sobre el que germinó el resentimiento ciudadano que explica el ascenso de los populismos nacionalistas responsables de la zozobra que atraviesa el mundo en estos tiempos convulsos. Libros como El descontento democrático* (Debate, 1996, 2022) o La tiranía del mérito (Debate, 2020), que el tiempo ha tornado en proféticos, convierten a Sandel en un analista privilegiado al que conviene no perderse cuando las escasas oportunidades de escucharlo en vivo se presentan. 


Los asistentes al acto han escuchado este sábado por la tarde a un filósofo político “que interpela profundamente a nuestras conciencias”, en palabras de Ruiz Mantilla. Y cuyo vínculo afectivo con España tiene que ver con que su vocación se gestó, según ha reconocido al inicio de la charla, en un viaje por el sur del país. 


Sandel recordó que, mientras estudiaba en la Universidad, hizo sus pinitos como periodista político, cubriendo los prolegómenos del impeachment de Richard Nixon para un periódico de Texas. Después, en Oxford, quiso estudiar Políticas y Economía, pero un profesor de Filosofía le recomendó que leyera a Kant. Con Crítica de la razón pura y otros libros de filosofía en al mochila, huyendo del frío inglés, se fue de vacaciones con un amigo a Fuengirola. Ahí nació su vocación. Aquel viaje fue, recuerda Sandel, unos meses antes del nacimiento de EL PAÍS, que celebra ahora precisamente con este festival su 50 aniversario. “Empecé mi carrera en España a la vez que EL PAÍS empezaba la suya. Me gusta esa conexión con el enorme legado democrático que ha creado el periódico”, ha señalado. 


“Caí enamorado de la filosofía, pero enseguida quise conectarla al mundo”, ha recordado. “Me inspiró la idea de justicia de Kant, pero separar la justicia de las condiciones morales para mí era un error. Pensé que la política que quiere ser neutral en lo moral crea un vacío en el discurso público que acabará llenándose con una moralidad estrecha y populista, con el discurso religioso y nacionalista”. 


En conversación con Ruiz Mantilla, Sandel ha repasado las decisiones políticas que han ido dando forma al sistema de “profundas desigualdades” que explica buena parte del mundo en que vivimos. “Desde los años 80 el centro-derecha y el centro-izquierda han abrazado la fe en el mercado financiero y la globalización”, ha explicado. “Empezó con Reagan y Thatcher, que señalaron que el Gobierno era el problema y el mercado era la solución”. 


El problema, ha defendido, es que luego vinieron líderes de centro izquierda, como Clinton y Blair, que “no desafiaron esa premisa fundamental de la fe en el mercado”. Continuaron con ese triunfalismo que había aupado la caída del Muro de Berlín. “Ese modelo se sacó del debate cívico. Se vendió como algo natural. Luego todo se vino abajo con la crisis financiera de 2008”. En esa crisis, resume Sandel, “el enfado por el rescate de los Gobiernos a los bancos alimentó la política de la furia. Ese descontento lo capturó, entre otros, Trump”. 


La izquierda, lamenta Sandel, “cometió un error histórico al considerar inevitable la globalización neoliberal”. Y quiso ofrecer dos respuestas a las desigualdades generadas. Primero, “dijeron que las ganancias de los ganadores compensarían las pérdidas de los que quedaban atrás. Pero esa redistribución nunca llegó”. Segundo, explica Sandel, “se quiso hacer ver que si no lo habías logrado, tu fracaso era culpa tuya. Esa es la tiranía del mérito”. 


Sandel ha advertido de que lo mismo está sucediendo con la tecnología y la Inteligencia Artificial. “Ahora como entonces, escuchamos que esa es la dirección natural que ha tomado la tecnología. Nadie lo va a parar, dicen, no es algo que se pueda debatir. Pero, igual que antes, se trata de una falsa necesidad. Los oligarcas tecnológicos son los custodios de la falsa necesidad de que la IA reemplazará al trabajo. El debate de los usos apropiados de la IA debería ser un debate democrático de los ciudadanos”. 


“¿Qué se puede hacer ahora?”, ha preguntado Ruiz Mantilla, para combatir ese populismo autoritario. Lo primero, ha dicho Sandel, es la resistencia. Y ha puesto como ejemplo las protestas contra el ICE en Minneapolis, su ciudad natal. “Pero la resistencia no es suficiente”, ha lamentado Sandel, “porque la izquierda ha alienado a la clase trabajadora, que era su razón de ser. Lo que debe hacer la izquierda es poner en el centro la dignidad del trabajo”. 

 

Antes de concluir, Sandel ha querido subrayar la importancia de foros como este. “Hay que reconfigurar la sociedad civil para generar espacios de debate que unan a la gente. Esa es la manera de afirmar la victoria de la filosofía. La filosofía pertenece a los ciudadanos que se unen y debaten juntos”. 


Educar segons Kant

 



Ara què es parla de l'educació o millor dit, de la falta d'educació a les escoles, també els altres àmbits de la vida, les paraules de Kant son un bon punt de partida per reflexionar sobre el què volen de l'educació:

(...). Si un niño hace en su casa cuanto le viene en gana, imponiendo siempre su santa voluntad, se convertirá en un ser despótico y, al topar luego en la sociedad con una resistencia generalizada, a la que no está ni mucho menos acostumbrado, no le será útil a esa sociedad. Recurramos a una metáfora. Los árboles se disciplinan mutuamente en el bosque al buscar el aire que les es necesario para su crecimiento, no junto a los otros, sino por encima de sí, alli donde no encuentran obstáculo alguno, creciendo de ese modo derechos hacia lo alto; por el contrario, un árbol en pleno campo, donde no se ve limitado por ningún otro, crece enteramente atrofiado y luego es demasiado tarde para disciplinarlo. Otro tanto ocurre con el bombre. Si se le disciplina en su momento crecerá derecho junto a los otros; de no hacerlo a tiempo, será como una especie de árbol achaparrado (p.299)*"



Sandel diagnòstica el present (I)

 


Sandel en el seu llibre, El descontento democrático, aborda en el seu Epílogo, subtitulat: Qué salió mal: capitalismo y democracia desde los años noventa. Dona idea de de la necessitat de pensar que hem arribat a aquest encreuament entre capitalisme i democracia. Per la importància del tema, tractaré de fer una síntesi d’ell. Sandel no és pas Chomsky, i això permetré veure els límits del pensament polític nord-americà.

Començà el capítol constatant una obvietat, que el capitalisme i la democracia mantenen una “incòmode convivència”. El capitalisme té com objectiu la activitat productiva amb ànim de  lucre. La democracia, vol donar poder  a la ciutadania. El model del capitalisme liberal modulat per l’Estat feia convergir el lucre amb un control sobre l’economia. Aquesta convergència s’ha trencat.

És sobretot desprès de la Segona Guerra Mundial què la economia comença a colonitzar la política. L’objectiu del creixement econòmic i la justícia distributiva, va eclipsar l’idea que la economia devia estar al servei de la política, es a dir, del autogovern.

La societat de consum, va eclipsar al ciutadà. L’exaltació de la llibertat individual, implicava que cadascú era lliure de cercar les seves pròpies finalitats, sense preocupar-se d’harmonitzar-les amb els altres. Aquesta dinàmica va crear “la idea de que la democracia és una continuació de la economia per altres mitjans” (p.294). El model consumista o la idea de la llibertat individual, ha generat un efecte inesperat, el desempoderament de les classes mitjanes, un desafecta que s’ha multiplicat exponencialment, en les últimes dècades. Així pot dir Sandel: “La rancúnia i el malestar que impulsen a Donald Trump a la presidència en 2016  i que continua projectant-se a una llarga ombra sobre la democracia estatunidenca porta gestant-se des de feia dècades” (p.295). Parla de la necessitat d’un diagnòstic del què ha fallat en aquestes dècades.

Segons Sandel, en aquesta nova economia i les seves nefastes conseqüències, son producte de la confluència de tres factors: la globalització, la financiarització (sic) i la meritocràcia (p.295). El nou capitalista no s’inscriu en l’estat-nació, sinó que s’ha desterritorialitzat per tot el món, i el motor son les finances.


Sandel i la democràcia procedimental

 



"(...). Existe el peligro creciente de que, tanto a nivel individual como colectivo, nos deslicemos hacia una condición fragmentada, sin historia. La pérdida de la capacidad para articular un relato de ese tipo vendría a significar el desempoderamiento definitivo del sujeto humano, pues sin tales relatos no existe continuidad entre el presente y el pasado y, por consiguiente, desaparece toda responsabilidad y, con ello, toda posibilidad de que actuemos juntos para autogobernarnos.

(...) los humanos estamos destinados a rebelarnos contra esa deriva hacia la ausencia de historias previas. Pero no hay garantía alguna de que las rebeliones resultantes sean beneficiosas o saludables. Habrá quienes, hambrientos de relato, se sentirán arrastrados hacia el alimento vacío y vicario del sensacionalismo de los programas de entrevistas con "grandes" confesiones, o de los escándalos de famosos, o de los juicios espectáculo. Otros se refugiarán en el fundamentalismo. Pero la esperanza para los tiempos que corren reside más bien en aquellas y aquellos que sean capaces de reunir la convicción y la contención necesaria para interpretar nuestra situación y reparar la vida cívica de la que depende la democracia.*" (p.292)

Sandel fa una radiografia del què ha passat els EEUU, des de la seva fundació fins a l'era Trump. Dues corrents han anat configurant el model polític de la societat nord-americana. Un per cantó, la visió republicana i la seva reivindicació d'autogovern, mitjançant la construcció de les virtuts cíviques i el seu model llibertari. Pel altre cantó, una corrent on l'Estat agafa protagonisme, mitjançant la Constitució i el paper de les institucions entre la societat i el poder local, estatal o federal. Sandel parla d'un estat democràtic procedimental, i el seu paper "neutre" en l'àmbit econòmic i l'àmbit privat. Aquesta neutralitat no ha estat sempre així, i sobretot, desprès de la Segona Guerra Mundial, la construcció de l'Estat del benestar va permetre a la societat americana viure el somni de la terra promesa. Però, des de els anys setanta i sobretot, a partir dels vuitanta, hi ha un replegament del Estat. I aquest replegament, s'ha fet crònic, l'exaltació del individualisme i l'abisme entre rics i les classes mitjanes, han fet una societat polaritzada on la sensació que el ciutadà mitjà no compte per res, s'ha fet una realitat. Quina mena de "regne del fins" tenim en l'horitzó? No vindrà cap déu pel salvar-nos de nosaltres mateixos. I això vol dir, què estem nosaltres, enfront de forçes incommensurables, hi no poden dimitir de les nostres responsabilitats, tenim un instrument que ara mateix està sent sotmès a un setge sense precedents des de la Segona Guerra Mundial, i aquest setge no ve de l'est -què també-, sinó, dels EUA. La democracia no és votar cada quatre anys, vol dir molt més, vol dir, saber què volem fer i quina mena de societat volem per nosaltres i els nostres fills. Vivim en un món d'infinites possibilitats, però que un grapat de plutòcrates, s'ho volen quedar tot, per ells. És una lluita desigual, però nosaltres som molts, cal defensar les nostres llibertats i sobretot, la nostre dignitat com persones, reduir el patiment, negar el vot a tots aquells que impulsant l'odi i la xenofòbia. Hi ha un llarg camí per recorre. No estem sols, però cal fer-nos costat, i això comença sent una mica més amables, més hospitalaris menys sectaris. Perquè sinó ho fem així, i no exigim els partits polítics que vagin a la bona direcció -drets humans, posar per davant la dignitat humana-, ningú ens farà cas. I llavors, si que haurem begut oli.


Què vol dir viure en societats post democràtiques?

 



"La solución a la pobreza no debía buscarse en una renta garantizada pagada por el Estado, sino en el 'empleo digno y dignamente remunerado, que es la clase de trabajo que permite que un hombre diga a su comunidad local, a su familia, a su país y, sobre todo, a sí mismo: 'Yo he ayudado a construir este país; yo soy un participante en sus grandes iniciativas públicas (p.244)*."


Les frases entrecomillades pertanyen a Robert F.Kennedy. Pertanyen en un món sòlid que diria Bauman. En el moment actual, on el capitalisme financer-digital governa el món, les paraules del assassinat Robert F.Kennedy, tenen un regust amarg, perquè paraules com renda garantida, pobresa, treball digne, salari digne, comunitat,  pertinença s'han tornat paraules estranyes o en molts casos inintel·ligibles. Aquest capitalisme ha creat les condicions perquè les idees de solidaritat, fraternitat i llibertat han quedat degradades a una escala difícil de revertir. Això que vivim és el progrés?   


PD: El seu fill, és qui lidera a l'era Trump, la lluita contra les vacunes. No sé què diria el seu pare!



Ressenya: Espíritus del Presente

 



Ressenya: Wolfram Eilenberger, Espíritus del Presente. Los últimos años de la Filosofía y el Comienzo de una Nueva Ilustración (1948-1984). En aquesta entrega, seguim els tortuosos camins que va fer T.W.Adorno, Susan Sontag, Michel Foucault i Paul K.Feyerabend. 

Aquesta entrega –serà l’última?-, hi ha un regust amarg, una mena de depressió en els autors, embolicats en un temps que està canviant totes les coordenades polítiques, socials, econòmiques, tecnològiques i ja posats, també filosòfiques. L’atzar fa què tots ells, circulin entre Europa i els EUA. Tots volien un canvi en la manera d’entendre el món. I la sensació que tinc al llegir el llibre és que el món els canvia a ells. 

Una de les virtuts del llibre, és que mostren la humanitat dels personatges, els noms queden amagats sota una muntanya de mancances personals. Entre la figura intel•lectual i el seus drames domèstics, hi ha un abisme. Com diria Nietzsche, tot massa humà. I així és, tots lluiten per sobresortir, els seus egos son suficientment forts, per perseguir les seves dèries. Coneixen les filies i fòbies, les seves contradiccions i els seus neguits. Son conscients de la seva propia vàlua, però a l’hora, les seves inseguretats. 

L’últim apartat del llibre es diu, Sortida. En aquest capítol-confessió de l’autor, ens explica la seva motivació a l’hora d’escriure aquest llibre. Diu: “Este es el testimonio de una liberación. (…) La concepción de la filosofía que guio esta liberación contradice las formas hoy imperantes del filosofar académico. Pero no la tradición filosófica” (p.381). Pel autor representen “l’esperit del present”, en contraposició al establishment institucional. I malgrat tot, amb l’excepció de Sontag, tots ells, va conrear les institucions que criticaven. 

 Eilenberger, veu aquests intel•lectuals, com una nova fornada, que encara creia en la Il·lustració tal com la va definir Kant al segle XVIII: “la sortida d’una minoria d’edat autoculpable”. Autors que trencaven esquemes a la seva manera. Llegint les peripècia personals, el món era l’escenari que les seves lluites més ideals que reals. La seva influencia va ser molt gran, però hi havia “un sentiment de desempara i estretor existencial”. Una època que filosòficament està centrada en la fenomenologia, l’existencialisme, el marxisme, el neopositivisme, i amb ell, el gir lingüístic;  àmbits on el –isme- es convertia fàcilment en escolàstica i per tant, en un pensament estèril. Aquests autors/ra, van intentar capgirar aquest model, però la raó no viu a Frankfurt, o a París, ni Nova York o San Francisco o Zuric. 

Diu en aquest últim apartat “En la existencia filosófica –ello la caracteriza-, esta triple estrechez (biográfica, epocal, específica de un campo) se experimentaba como una sola, se consideraba y, si es necesario, se superaba para lograr la liberación. Y no solo para uno mismo, sino para todos los demás semejantes potencialmente maduros de su propio tiempo” (p.382).

Si aquests autors, encara volen ser hereus de la Il·lustració, el que vindria desprès, la postmodernitat, una manera de entendre el món desencantada i descentrada (M.Weber), una mena de acceptació d’un món que no es pot canviar, però si denunciar. Com hem de sortit d’aquest present, que sembla exaltar un món illetrat i on nous messies volen que accepten acríticament el que diuen en nom de l’economia i l’algoritme?


Benjamin parla de la Comuna de París (1848)

 




Hi ha en W.Benjamin (1892-1940), anàlisis clarividents que semblen la crònica d'avui mateix, i un d'aquests anàlisis porta per títol "Haussmann  o barricadas*". Haussmann és per fer analogies, el Cerdà de París del segle XIX. 

"(...). En 1864 fórmula todo su odio, en un discurso en la  Cámara, contra la población sin raíces de la gran ciudad. Esta, por sus cambios, aumenta incesantemente. El aumento de los alquileres arroja al proletariado a los suburbios. Los barrios de París pierden así sus fisonomías propias. Surge el cinturón rojo. (...). Se inicia el carácter inhumano de la gran ciudad, que se les hace consciente. 

La finalidad real de los trabajos emprendidos por Haussmann consistía en asegurar a la ciudad contra la guerra civil. Pretendía hacer imposible para siempre la erección de barricadas en París. (...) El ancho de las calles hace imposible su construcción [barricadas] y nuevas calles constituirán los caminos más breces entre los cuarteles y los barrios obreros. Los contemporáneos bautizan a la empresa 'l'embellissement stratégique' (embellecimiento estratégico)

Pero con la Comuna vuelven a brotar las barricadas. Aparecen más fuertes y más firmes que nunca. Se extiende a través de los grandes bulevares, alcanzan a veces hasta la altura de un primer piso y cubren siempre a los puestos armados que protegen. (...) así la Comuna termina con la fantasmagoría que domina la libertad del proletariado. Con ella se destruye la apariencia de que se trate de una misión de la revolución proletaria al llevar a término, junto a la burguesía, la misión de la revolución de 1789. Esa ilusión reina desde 1831 hasta 1871, desde el levantamiento de Lyon hasta la Comuna. La burguesía nunca compartió ese error. (...) Ya en 1831 lo reconocía en el Journal des débats: "Todo industrial vive en su fábrica como el propietario de una plantación entre sus esclavos". (...) Rimbaud y Courbet se adhieren a la Comuna. El incendio de París es el digno broche de la obra destructora de Haussmann.

(...). De esa época provienen los pasajes y decoraciones interiores, los salones de exposición y los panoramas. Se trata de restos de un mundo soñado. (...) Toda época sueña no solo con la que le sigue, sino que, soñando, se aproxima a un despertar. (...) Con el desmoronamiento de la economía mercantil comenzamos a reconocer como ruinas, antes de que sean demolidas, a los monumentos de la burguesía." (págs. 136-138)


El patró de quatre: Un cas per els advocats!

 


Ara que s'acosta Sant Jordi, i l'allau de llibres està garantida, hi ha llibres que son una mina, un pou profund on pots trobar diamant en brut. Un d'aquests llibres és el Pensar rápido, pensar despacio*, de Daniel Kahneman. El llibre el pots trobar en llocs on venen llibres en expositors on hi ha best-sellers. I pel que sembla ho venen com si el llibre fos de fàcil lectura. I la veritat és que el llibre no ho és gens ni mica. En un altre entrada d'aquest blog, he parlat d'ell.

En el capítol 29 parla de "El patrón de cuatro". En aquest  apartat parla de la manera com la gent gestiona les expectatives i possibilitats d'enfrontar-se al atzar. De la seva manera de gestionar i avaluar els guanys i els riscos. Les teories de la racionalitat han parlat de les apories que comporta infravalorar els riscos o com la psicologia del jugadors el fan sobreestimar situacions insostenibles. 




En l'apartat hi ha espai per parlar de "Jugar a la sombra de la ley" (p.416). La manera com s'enfronten demandant i demandat envers plecs civils. I com les estratègies poden ser molt diferents segons si ets amant de la recerca del risc o tens aversió al risc. 

Posa un exemple com interesant, quan parla de "reclamacions frívoles" . Així explica el següent: " (...) Consideremos una gran organización como lo es la ciudad de Nueva York y supongamos que ha de enfrentarse a 200 juicios "frívolos" al año, cada uno con el 5% de posibilidades de costarle a la ciudad 1 millón de dólares. Supongamos además que la ciudad pueda resolver cada caso con un pago de 100.000 dólares. La ciudad considera dos políticas alternativas que aplicará a todos esos casos: acuerdo o juicio. (Para simplificar, omito los costes judiciales.)

- Si la ciudad entra en litigio con los 200 casos, perderá 10, y la pérdida total será de 10 millones de dólares.

- Si la ciudad resuelve cada caso con 1000.000 dólares, su pérdida total será de 20 millones de dólares.


Així, podria semblar que una política que vol minimitzar les pèrdues, al final son un mal negoci. Això fa que les grans empreses o corporacions vagin a judici encara que hi hagi un 75%  de possibilitats de perdre. Hi haurà persones que arriscaran tot el que tenen malgrat que tinguin un 95% de possibilitats de perdre i això és possible perquè encara tenen esperances d'evitat la pèrdua. I haurà demandants que potser pactaran una oferta pitjor malgrat que puguin tenir un risc del 5% de perdre el plet. Això voldria dir que caldria saber amb quina mena de "jugador" tens davant per poder fer la jugada més racional possible. La gent en general té aversió al risc i això sembla raonable. Però cal estar atents a aquestes persones que s'ho juguen tot al número 6 a la ruleta, perquè creuen que podran trencar la banca. Actuant irracionalment, quan jugues al pòquer (casolà) si vas de 'farol',  hi haurà molts jugadors que no jugaran, aquests tenen una aversió al risc, premiant al jugador que no tenint res, a cercat el risc i ha obtingut premi (inesperat). També cal tenir en compte, si els advocats son addictes al risc o son més cautelosos davant dels seus clients.


PD: Si, Trump és dels que van a la recerca del risc, sempre pagaran els altres i així pots apujar l'aposta fins els límits de la irracionalitat.


Entrevista a Manuel Castells

 



Pregunta. Hace unos meses estuvo en China. ¿Qué ocurre allí? 

Respuesta. Un proceso de transformación tecnológico, económico y social como nunca se ha visto en la historia. Es la economía número uno en el mundo, y en tecnología la única alternativa a EE UU, lo cual antes no nos importaba pero ahora nos damos cuenta de lo frágil de depender de una potencia que hasta ahora era amigable, pero que puede no serlo. Las teorías neoclásicas decían que el mercado y la internacionalización tenían que ser los motores del desarrollo. Bueno, la gran historia ha sido Asia: Japón, sudeste asiático y ahora China. En todos los casos, el Estado ha sido el verdadero motor. Podemos estar en desacuerdo políticamente —a mí lo del Estado no me gusta mucho—, pero rompe toda la teoría. La paradoja más extraordinaria es que el gran milagro económico del siglo XXI lo ha dirigido un Estado comunista. La mejor empresa del siglo XXI ha sido un Estado comunista

P. ¿Hasta qué punto la fiebre por la IA es una huida hacia adelante de un capitalismo agotado? 

R. La innovación tecnológica en la IA es absolutamente real, y ha despertado el interés de los mercados financieros. Lo que es totalmente ficción es la idea de que las máquinas en sí son inteligentes y humanas: no pueden tomar decisiones, excepto si las programamos para ello. La IA transforma todos los dominios, es como internet, no es un sector, no está separada de lo que hacemos, es todo. Pedro Sánchez me encargó crear un Consejo Asesor Internacional de Inteligencia  Artificial. Es muy incipiente, pero la preocupación es que, incluida en todas las actividades sin control, pueda provocar desajustes. Está el tema de si eliminará trabajo, pero toda la historia de la tecnología es al revés. Cuando incluyes más tecnología, ciertos sectores pierden pero otros aumentan. La novedad es que ahora sean los trabajos más cualificados los que están en peligro. Hay que acompañar la transformación tecnológica de una transformación formativa, sobre todo en la universidad. Los muy formados van a tener que formarse más todavía para adaptarse al nuevo mundo. 

P. Dentro de 100 años, ¿qué pensarán de los cambios que estamos viviendo: internet, el móvil, la IA? 

R. La actividad humana está determinada por energía e información. La revolución industrial fue la transformación de la energía. La transformación de la información es la revolución informática de los años sesenta y setenta, tan importante como la industrial. Lo que fue el motor eléctrico para difundir la energía a todos sitios ha sido internet. La sociedad ya se ha transformado. Yo la llamo sociedad red porque es una nueva estructura social, distinta de la industrial porque está constituida en redes, la forma organizativa más flexible con diferencia. Hasta que no hemos tenido una tecnología capaz de difundir a través de redes toda la información y toma de decisiones, no ha habido cambio social. Para que esa estructura social exista y se desarrolle, hace falta una digitalización de todo. Y ahí está ese dato de la tesis de uno de mis alumnos: está digitalizado el 99% de toda la información. Ya estamos digitalizados. Nada de lo que tú haces o de lo que yo hago escapa. 

P. Han vuelto la meditación, las creencias de todo tipo… ¿Es un repliegue interior ante el caos del mundo, como en los años setenta? ¿No hemos conseguido hacer nada más con nuestras individualidades conectadas? 

R. Los que nos lo podemos permitir (hay quien no puede porque si se desconecta se muere de hambre) podemos construir espacios de libertad. Muchísima gente necesita meditar, cortar, purificarse. El mundo en que vivimos es más violento, más despiadado. La religión y otras formas de espiritualidad se hacen cada vez más importantes. No es una cuestión de fe, que quien la tiene la tiene y quien no la tiene no la tiene. La necesidad de que haya algo espiritual más allá de lo que nos agarra cada día es cada vez mayor, y la gente encuentra distintas  soluciones. Yo personalmente creo que es fundamental en este momento reclamar el papel de la religión y la espiritualidad como contrapeso a un mundo que se autodestruye. No es solo el clima: las guerras, la tecnología sin control, todo. Ahí tiene que haber una reacción política y no la hay. Con razón o sin ella la gente no se fía de la política. Entonces tienen que ser fuerzas interiores, fuerzas que nazcan de dentro de nosotros para el autocontrol, más que para el control externo. Lo único que nos queda es una pulsión interior que (independientemente de las estructuras religiosas) está ahí. Y de eso no se puede dudar, no se puede romper. 


P. ¿El motivo es la destrucción del papel de las instituciones, del “de arriba abajo” que viene con internet?

R. Absolutamente. De todo lo que he hecho lo que más ha impactado fue una trilogía. Todo el mundo se fijó en el primer volumen: la sociedad red, la tecnología, la economía global… porque lo escribí en los noventa y se ha expandido. No hice futurología, la digitalización ya estaba en su embrión.  Pero hay otra cosa: existen dos fuerzas muy contradictorias que organizan nuestra sociedad, lo que he llamado la red y el yo. El segundo volumen va sobre el poder de la identidad. Puede ser macro (cultural, política, etcétera) o una identidad que, si no perteneces o no quieres pertenecer a ninguna comuna cultural, te la buscas tú. Buscas una vida interior. La identidad juega a dos niveles. Muchos intelectuales de izquierda tienen un racionalismo clásico, pero lo importante en la vida es lo que la gente considera importante, y no somos racionales, somos animales emocionales, eso ya está establecido por la neurociencia.  Nuestros intelectuales no entienden el nacionalismo catalán o vasco, ni la construcción de comunas religiosas islámicas (que si no son toleradas derivan en radicalismo y destrucción de las estructuras de opresión). El feminismo es identidad. Pero como ataca la base de dominación patriarcal, que es la más antigua, estamos en una reacción violenta contra el feminismo y cualquier otra forma de identidad cultural y sexual. Que está en la base del trumpismo, de Vox y de todos los movimientos de extrema derecha en toda Europa que están ganando. 

P. Movimientos que de alguna manera vienen de internet y a la vez reaccionan contra él. 

R. Sí, porque internet no es un mundo en sí. Internet somos nosotros. En internet estamos todos. El feminismo se desarrolló mucho con internet, pero también el antifeminismo, el sexismo, el nazismo. Es una plataforma que construimos por cómo somos y qué hacemos cada día. Toda la utopía —en la que yo participé— del principio, del “creamos una comunidad universal y nos relacionamos libremente unos con otros”… Nos relacionamos, sí, pero con quienes queremos. Y si yo soy un racista, pues utilizo internet para encontrar más racistas. 

P. Entonces, ¿el problema de internet no es la hiperconexión, sino la homofilia?  Ese juntarnos con los que son exactamente iguales que nosotros.

R. Homofilia es una expresión perfecta. Se han inventado otra, las cámaras de eco, pero es exactamente eso. Internet somos nosotros colectivamente a partir del principio que señalas, es decir, yo voy con los míos, yo decido quiénes son. Ahí me encuentro en casa, y no voy con los otros, no leo a los otros, no discuto con los otros, los ignoro o extermino. Y esta es la fragmentación total. Una sociedad con instituciones que ya no cohesionan y en la que internet permite el separatismo  cultural. No es culpa de internet, es maravilloso, con comunas maravillosas: el arte, la cultura, la ciencia. Pero también fragmenta. Cuando una sociedad es fragmentada, esa fragmentación se amplifica por internet. Y lo mismo con la IA. El problema no es en sí la tecnología, sino la amplificación de tendencias destructivas en nosotros. Diría que todos somos las dos cosas, ángeles y demonios. Somos unos animales poco controlados que hemos construido unos instrumentos tan potentes que, si nos ponemos en serio a oponernos, nos podemos destruir fácilmente. 

P. La teoría era que las comunidades menos favorecidas iban a empoderarse en las redes, pero estamos viendo lo contrario, una unión inédita entre el poder tecnológico y político. 

R. Las dos cosas. Por un lado internet fue, y es, la base de grandes movimientos sociales transformadores. El 15-M en España no hubiera podido existir sin él, ni los movimientos sociales que siguen sucediendo en el mundo. Por otro lado, los grupos poderosos dominan cada vez más a través de sistemas de control algorítmico, y los grupos destructivos, antifeministas, racistas, etcétera, también se están organizando por internet. No es que empezáramos con una cosa y luego ocurrió la otra. Es que conforme internet salió de pequeñas comunidades bienintencionadas (científicos, intelectuales…) y se expandió al mundo, pues se ha hecho el mundo. Y el mundo está lleno de, yo digo, no solo de gente mala, sino de la parte mala de todos nosotros. Si lo puedes articular en redes en el ámbito planetario o local, todo esto se amplifica. 

P. ¿Conserva el optimismo? ¿Sigue creyendo en la revolución? 

R. Bueno, digamos transformación social. La revolución para mí tiene un sentido estricto, que es político. Sucede cuando hay un cambio, una destrucción de un Estado, de un sistema institucional. Hablar de revolución tecnológica también es correcto. Sobre el optimismo: soy un clásico, sigo repitiendo la famosa frase de Gramsci, pesimismo de la inteligencia y optimismo de la voluntad. Si eres optimista pero no sabes en qué mundo vives, te va a ir mal. Hay que analizar. Y si analizo, veo un mundo actual claramente en proceso autodestructivo. 

P. ¿Qué está pasando en EE UU? 

R. El cambio fundamental del orden mundial, que lo convierte en desorden. Está siendo (ahí sí puedo usar el término) una revolución: es un cambio de sistema institucional. El trumpismo no es efímero. Viene de un agente del antisistema político que es Trump. No es un antisistema anticapitalista: es el más capitalista de todos. Es otra paradoja de la historia: un multimillonario se convierte en el agente de transformación del sistema político apoyado por la clase obrera

P. ¿Cree que será importante un Papa estadounidense? 

R. Fundamental, como lo ha sido Francisco. El papel de la Iglesia católica puede ser fundamental, pero, si no, será otro grupo religioso. Porque es que no queda nada. La democracia solo existe en las mentes de las personas. Y si la gente no cree en los partidos, en la democracia, en las instituciones, pues se acabó. En ese contexto, cuanto más antisistema político eres, mejor. El éxito de Podemos fue ese, pero cuando pasó a ser parte del sistema, se acabó. Y lo mismo ahora: la política de moda es la antipolítica. Vox es un partido antisistema.  El revolucionario Trump no solo está transformando el sistema institucional, sino también la globalización, que estaba basada en la ausencia de fronteras económicas. Los aranceles se usan como estrategia geopolítica. El mundo se mueve otra vez por el nacionalismo, la gran palabra. EE UU, China, Japón. En Europa, los movimientos de extrema derecha son nacionalistas, antieuropeos, empezó con el Brexit. La discusión pública en España era “el nacionalismo es retrógrado, todos somos ciudadanos del mundo”. Y al contrario, había un resurgir en todo el mundo. 

P. ¿Es una forma de poner límites a la sociedad digital? 

R. Cuando hablamos de que las redes sociales son instrumentos de odio, de racismo, de sexismo, y del nacionalismo de todo tipo, bueno o malo, ¿de qué estamos hablando? De que las tendencias en la sociedad de internet las amplifica. Internet no es, por definición no puede ser, nacionalista. Es global. Pero es la plataforma global para el nacionalismo de cada Estado. 

P. Culpamos de todo a internet, pero en su último libro (La sociedad digital, Alianza, 2024) dice que es pánico moral, reacción al cambio. 

R. Cualquier cambio importante en el mundo de la comunicación se acompaña de la reacción contraria. Ocurrió con la televisión. A los profesionales de un medio les cuesta pasar a otro. Lo otro son los intelectuales. Los que han tenido alguna influencia histórica ya no tienen, se encuentran desintermediados por internet. Pueden publicar sus columnas o sus libros o sus artículos, igual que cualquiera pública lo que quiere en internet. Los influencers son más influyentes que los intelectuales. Entonces atacan al mensajero. Hombre, si todavía estás pensando en Kant en lugar de ocuparte de lo que pasa en el mundo y proporcionando ideas que a la gente le interesen… Están desorientados con internet porque eran el referente cultural y ahora se pierden en la cacofonía general. 


 




Entrevista a Judith Butler (i II)

 II



P. Volvamos al punto en el que la realidad interrumpió la conversación. Hablábamos de la performatividad en El género en disputa…


R. Ese libro fue importante para mucha gente, porque les permitió ver que habían nacido en un mundo de fuertes expectativas sobre lo que significa ser hombre o mujer. Hay algunas personas que no cumplen esas expectativas, pero ese fracaso puede ser muy prometedor si lo miramos desde la perspectiva de un espíritu autónomo que se desvía del camino, que no acepta acatar normas, que busca otra senda.


P. ¿Dónde sitúa el límite para considerar a un menor listo para incumplir estas normas?


R. Esa es una pregunta muy práctica. Los jóvenes deberían poder tomarse su tiempo para encontrar su propio camino. Enseñar género en la escuela no significa que les estés incitando a volverse homosexuales o trans. Eso es confundir el debate con el adoctrinamiento. No brindar apoyo a quienes no se sienten cómodos con su género me parece un acto de crueldad. No creo que cada vez que un niño dice que quiere hormonas haya que correr a que se las receten, pero tampoco en rechazar de plano la idea.


P. En su último libro habla de un “fantasma” creado para avivar los temores en torno al género. ¿Simpatiza con los padres preocupados por que sus hijos se equivoquen?


R. Sí. Esos padres tienen miedo, pero no puedo entender por qué prefieren no saber sobre ciertas cosas. Un hombre me dijo en Chile que no quería que una familia gay viviera en la casa de al lado. “Soy heterosexual, estoy casado y disfruto de la sexualidad reproductiva. Sigo la forma de vida que Dios ha ordenado, y es la única moralmente correcta”. Su miedo es que si hay diferentes tipos de familias, entonces su elección puede volverse menos natural, menos necesaria.


P. Una de las principales críticas a la ideología de género es que la industria farmacéutica tiene intereses en ella…


R. Esa industria se lucra con el reemplazo hormonal, pero tengo entendido que el beneficio que extraen de la terapia para mujeres posmenopáusicas es mucho mayor. Por supuesto que las grandes farmacéuticas son parte de ello, como lo son del tratamiento de la depresión, pero hay otros problemas por los que los niños cuestionan las normas de género, entre otros, la versión de masculinidad que representa Trump. Necesitan espacios donde ejercer su autonomía. ¿Cómo afirmarse? A veces, con un sencillo pronombre.


P. ¿Entiende las preocupaciones de las feministas que piensan que el género supone un borrado de las mujeres?


R. Hay un cierto feminismo que, creo que sin saberlo, se ha aliado en países como el Reino Unido o España con la extrema derecha a la hora de instigar ese fantasma sobre el género. Las entiendo, pero eso no significa que crea que se basan en el conocimiento. Tal vez necesitan comprender mejor quiénes son las personas trans. La feminidad no se borrará solo porque abramos la puerta y las invitemos a entrar. Este es un momento para ampliar las alianzas, no para luchas sectarias sobre baños. Las mujeres saben lo que es que les nieguen atención sanitaria. Ahora mismo, les privan del acceso a la salud reproductiva en varios países, Estados Unidos entre ellos. Saben lo difícil y necesario que es luchar por la autonomía. Entonces, ¿por qué no apoyan la lucha de las personas trans por esos cuidados y por vivir sin miedo a la violencia?


P. El fantasma pareció funcionar para la campaña de Trump. Uno de sus eslóganes decía: “Kamala está por elles (they/them). El presidente Trump está por ti”. La cuestión era si dar o no tratamientos de cambio de sexo a la población carcelaria migrante, una porción minúscula de la sociedad. Pero eso, y el hecho de que Harris no lo refutara, fue una poderosa razón para la victoria republicana.


R. Dudo de que ganara por eso. Los votantes ya vivían con temor por la economía, la guerra y la catástrofe climática. Trump supo cómo explotar y reenvasar esos miedos para poner a las minorías como chivos expiatorios. Ese mensaje apelaba a la ansiedad. Unió su retórica antiinmigrante a su discurso antitrans y antifeminista: Harris, la progresista, la marxista, la mujer negra que apoya la cirugía trans (aterradora) para los migrantes que inundan la frontera (también aterrador). En la izquierda, no sabemos cómo apelar a las pasiones de los votantes. Nos creemos muy inteligentes y muy críticos. ¿Dónde quedó el atractivo de nuestro imaginario radical? De todos modos, el juego de buscar culpables tras la derrota no me gusta. Tampoco el “Oh, no vimos lo antitrans y antiinmigrantes que son los votantes”.


P. No fue solo el trumpismo. Algunas voces demócratas dicen que es hora de superar la cuestión de los derechos de los trans en asuntos como el deporte, que afecta a pocos.


R. Se podría decir eso de los judíos, los negros, los haitianos o de cualquier minoría vulnerable. Una vez que decides que se puede sacrificar a una, estás operando dentro de una lógica fascista; puede haber una segunda y una tercera, y una cuarta, y luego, ¿qué?


P. J. K. Rowling ha predicho con sarcasmo que para enfrentarse a Trump, el diario The Guardian va a pasar cuatro años publicando “extensos ar­tículos de [el escritor británico de izquierda] Owen Jones quejándose de que los taxistas estadounidenses no leen suficientemente a Judith Butler”. ¿Es insalvable el distanciamiento entre las élites y esa entelequia llamada “gente normal”?


R. Los taxistas eran demócratas hasta hace unos 20 años. Bernie Sanders tenía a los taxistas. Y Alexandria Ocasio-Cortez. Ambos son progresistas en lo social, en lo económico y en las políticas de género. Si la creciente disparidad entre ricos y pobres se colocara en el centro de la pasión de una coalición demócrata o liberal, y no solo como un adorno, entonces tal vez tendríamos un nuevo efecto Bernie. Por cierto, tengo grandes discusiones sobre género con taxistas. Me parece que muchos de ellos son excelentes teóricos de lo cotidiano.


P. Estas elecciones han sido las de género, pero no en el sentido que algunos de sus lectores habrían imaginado. Acabaron siendo un enfrentamiento entre los hombres heterosexuales y las mujeres. Y un triunfo de la machosfera misógina. ¿Lo interpreta como una reacción a lo que usted representa y a lo que ha defendido durante décadas?


R. Es parte del panorama. Pero lo importante es cómo pensamos sobre esta aparente división en un contexto de racismo cada vez más violento. La convergencia de género y raza en Harris fue fundamental en un país que es cada vez más misógino y racista.


P. ¿Se demostró una vez más que este país no está preparado para elegir a una mujer, o fue esa mujer en particular? 


R. No estoy de acuerdo con mucho de lo que decía en asuntos como el fracking, la migración o Palestina, y no apoyé activamente su candidatura, pero voté por ella. Tenemos una historia perniciosa de misoginia, que se celebra en la persona de Trump. Culpable de delitos sexuales, ha hecho más que nadie para degradar a la mujer. Cuando alguien dice que no le gusta esa parte de su comportamiento, pero que le vota por la economía, está indicando que tolera su racismo y su misoginia. Y si lo toleran no siendo racistas entusiastas, alientan a los racistas entusiastas y a los fascistas. Observo una especie de fantasía restaurativa en muchos movimientos de derechas en Estados Unidos. Quieren volver a la idea de un país blanco, al principio de la familia patriarcal o de los matrimonios solo heterosexuales. Yo lo llamo furia nostálgica por un pasado imposible. Es como si, porque les asusta la complejidad del mundo en el que vivimos, vieran bien cebarse rabiosamente con los más vulnerables para defenderse ellos mismos.


 P. ¿El resultado de las elecciones significa que lo woke está arruinado? En inglés rima: woke is broke.


R. Ni siquiera sé qué es lo woke, más allá de un insulto de la derecha.


P. Reformulare la pregunta. ¿Supone la victoria de Trump un cierto fin de las políticas de la identidad?


R. La identidad es, para mí, un punto de partida para tejer alianzas, que necesitamos que sean amplias e incluyan a todo tipo de personas, desde las trans hasta la clase trabajadora y esos taxistas que preocupan a Rowling. La identidad es un buen comienzo para establecer conexiones y generar comunidad. Pero no es buena idea cuando una política de identidad se centra solo en la identidad. Cuando eso sucede, crece el sectarismo y pones en peligro el ideal del mundo como un lugar interconectado.

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