Benjamin y la historia: Una interpretación alegórica

 


"Hay un cuadro de Klee que se titula Angelus Novus. En él se representa un ángel que tiene traza de estar alejándose de algo a lo que  mira atónito. Sus ojos están desencajados, su boca abierta y sus alas desplegadas. El ángel de la historia debe tener este aspecto. Tiene su rostro vuelto al pasado. Y donde nosotros vemos una cadena de acontecimientos, él no ve más que una única catástrofe que amontona sin cesar ruinas sobre ruinas que caen delante de sus pies. Quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer a los descuartizados. Pero del paraíso sopla una borrasca que se ha trabado en sus alas y es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Esa borrasca le arrastra incesantemente hacia el futuro, al que vuelve la espalda, mientras que el montón de ruinas crece delante de él hasta el cielo. Lo que nosotros llamamos progreso es esa borrasca*".


[“ Una pintura de Klee anomenada ''Angelus Novus'' mostra un àngel que sembla com si estigués a punt d'allunyar-se d'alguna cosa que contempla fixament. Els seus ulls estan mirant, la boca oberta, les ales obertes. Així és com es representa l'àngel de la història. El seu rostre mira cap al passat. Allà on percebem una cadena d'esdeveniments, ell veu una única catàstrofe que no para de acumular restes sobre restes i les llança davant dels seus peus. A l'àngel li agradaria quedar-se, despertar els morts i reparar el que s'ha destrossat. Però una tempesta bufa des del Paradís; el vent omple les seves ales amb tanta violència que l'àngel ja no les pot ni tancar. La tempesta l'impulsa irresistiblement cap al futur al qual gira l'esquena, mentre la pila de runes que hi ha davant seu creix cap al cel. Aquesta tempesta és el que anomenem progrés.”[1]]


Utilitzar a Pitàgoras en va



Dels testimonis sobre el que va dir Pitàgoras, Aeci, en Parers del filòsofs, II,1, diu: Pitàgoras va ser el primer a anomenar el que relliga el tot ordre (κόσμος), per l'estructura que hi ha en aquest*. (13(14.21))(pàg.217)

I efectivament, el govern grec, ha posat a tots els immigrants dins un espai tancat on "l'escòria  humana**" és poguí contenir. Aquest espai porta el nom de Pitàgoras i el lloc és Samos on va néixer el filòsof (s.VI a.C).  La realitat de l'UE, és fa cada vegada més a mida de la extrema dreta que no pas dels drets humans.

Paradoxes

 


"Soc solipsista, com tothom" (R.Smullyan)*


Amb aquesta expressió, tan simple, s'ha amaga una paradoxa. Des de Zenó d'Elea* (A 26), la filosofia minoritàriament, ha tractat les paradoxes. El pensament filosòfic no li agraden, perquè ens deixa perplexos i desorientats, per això la filosofia des de Plató ha volgut sempre caminar per senders segurs, fora de qualsevol paradoxa. És veritat que el pensament filosòfic, especialment, els neopositivistes i l'anàlisi del llenguatge  han tractat de domesticar-les, però malgrat això, quant llegim aquestes, tenim la sensació que alguna cosa s'ha ens escapa. Ara podríem començar a fer una interpretació d'aquesta paradoxa, perquè com tothom sap, res més cal anar a la Wikipedia, i assabentar-te del que vol dir solipsista. Fins on podem interpretar el què diu aquesta paradoxa? Dir que jo sóc solipsista, vol dir que en l'ordre de l'existència res més existeixo jo. El altres i tot allò que percep no son més que representacions imaginaries dins del meu jo. Per això, l'expressió "com tothom" és contradictòria respecta a la afirmació anterior. Un solipsista coherent no podria dir mai aquesta segona afirmació, perquè anul·la la primera. I malgrat tot, no estem sols, potser algú dirà que hi som massa. Això indica que el llenguatge i les seves regles de interpretació són molt més complexes del que normalment pensem. 



Obituari: Gianni Vattimo (1936-2023)

 Obiturari





I


LAS VENTAJAS DE LA SOSPECHA


GIANNI VATTIMO 


 Lo que Nietzsche llamó "escuela de la sospecha" es quizá lo que caracteriza de manera más general el pensamiento de este siglo, a tal punto que puede considerarse su principal "descubrimiento" o herencia para el próximo siglo. Es como si nos hubiéramos dado cuenta de que, como escribe Nietzsche en “Más allá del bien y del mal”, detrás de cada caverna se esconde otra caverna y así sucesivamente. Entendida de esta manera, la escuela de la sospecha no se identifica ni con la simple crítica de la ideología de sello marxista, ni con el psicoanálisis freudiano, según la cual iluminar el inconsciente significa también apoderarse de él y disolver su poder de condicionarnos.  Marxismo y psicoanálisis freudiano encajan, por cierto, dentro de la definición pero, sin la radicalización que sugiere Nietzsche, seguirían siendo sólo nuevas teorías de la verdad y la realidad. Una sospecha muy limitada, por ende, que no se apartaría, en esta versión, de la sospecha que siempre caracterizó la búsqueda -platónica, pero también de los presocráticos- de las "esencias" de las cosas. La sospecha de este siglo -reconocible en tantas posiciones intelectuales de estas últimas décadas- sospecha también de la verdad "verdadera". Heidegger nos enseñó a llamar a este proceso el fin de la metafísica. Efectivamente, si de todo se debe preguntar el por qué, la noción misma del ser se transforma radicalmente. Ya no hay nada ante lo cual el pensamiento pueda aquietarse como frente a un dato definitivo, a un fundamento, a una autoridad indiscutible. Dado que esa imposibilidad de encontrar un fundamento sólido también es insoportable, no se puede eludir la pregunta acerca de las buenas razones que tiene, si las tiene, la escuela de la sospecha. ¿No habrá que sospechar ante todo de la sospecha (demasiado) generalizada? Es la tesis de quienes (iglesias, ideologías tranquilizadoras, autoridades varias) lamentan la tendencia nihilista de la cultura del siglo XX. Y sin embargo, cuesta oponer a esta tendencia nihilista la indicación de algo que posea títulos como para resistirla. Dicho de otro modo: ¿no es acaso experiencia común la caída de los absolutos en nuestra época? Los creyentes objetarán que no es cierto que "Dios ha muerto", como pretendió anunciar Nietzsche. Sin embargo, tampoco la teología cristiana pudo asistir al Holocausto y a los tantos otros horrores del siglo sin tener que rever sus propias ideas acerca de Dios. Pese a ser difícil de soportar porque parece no dejarnos ningún terreno sólido bajo los pies, el nihilismo tiene sus "ventajas". La disolución de los absolutos metafísicos implica también el fin de las autoridades indiscutibles. Si no al triunfo de La Razón, que no llega nunca a certezas definitivas, asistimos por lo menos al triunfo de Las Razones, o sea de la exposición, de tanto en tanto, de los motivos y los argumentos que hacen recomendable una elección más que otras. Así, en el nihilismo del siglo XX entran también teorías que parecen alejadísimas de él, como la del "actuar comunicativo" propuesta por Habermas, según la cual la racionalidad no es sino la "presentabilidad" de una tesis, de un valor, a otros, en términos capaces de ser discutidos "razonablemente" y eventualmente aceptados, y las muchas teorías de la argumentación que se desarrollaron sobre la base de la reflexión sobre la lógica y el lenguaje. Ya no encontramos fundamentos últimos e indiscutibles, sino que debemos tener en cuenta las expectativas, los intereses, el consenso de nuestros semejantes. Podríamos decir, quizá, que al ser y la realidad ya no les interesa la objetividad de las cosas sino más bien la caridad y la atención hacia las personas. De todos los legados que deja el siglo XX, en muchos casos densos y negativos, el nihilismo tal vez sea justamente el más productivo y cargado de futuro. 


 (c) Gianni VATTIMO para Clarín, 1999. Traducción de Cristina Sardo


http://www.alcoberro.info/pdf/vattimo2.pdf (Consulta de 20 de setembre 2023)


Walter Benjamin parla del Paris del segle XIX

 



Llegeixo a Paris, capital del siglo XIX*, de Walter Benjamin, els següent:


“Balzac fue el primero en hablar de las ruinas de la burguesía. Pero sólo el surrealismo ha permitido contemplarlas libremente. El desarrollo de las fuerzas productivas hizo trizas los símbolos de los deseos en los siglos anteriores, antes de que se hubieran derrumbado los monumentos que los exhibían.  Ese desarrollo liberó, en el siglo XIX, a las formas estructurales del arte, así como en el siglo XVI las ciencias se liberaron de la filosofía. El comienzo lo abre la arquitectura, como construcción de ingeniería. Lo continua la reproducción de la naturaleza en la fotografía. La creación imaginaria se preparaba para hacerse práctica como propaganda gráfica. La poesía se arroja, en el folletín, al montaje. Todos estos productos son concebidos para ser arrojados como mercaderías, al mercado. Pero titubean aún en los umbrales. De esa época provienen los pasajes y decoraciones interiores, los salones de exposición y los panoramas.  Se trata de restos de un mundo soñado. La desvalorización del elemento onírico al despertar es la piedra de toque del pensamiento dialéctico. De ahí que el pensamiento dialéctico sea el órgano del despertar histórico. Toda época sueña no sólo con la que le sigue, sino que, soñando, se aproxima a un despertar. Lleva en sí su propio fin y lo va descubriendo, como Hegel lo reconoció, con maña. Con el desmoronamiento de la economía mercantil comenzamos a reconocer como ruinas, antes de que sean demolidas, a los monumentos de la burguesía*.” (pág.138) 


Thomas Hobbes según Elias Canetti (I)

 




"Hobbes. Entre los pensadores que no están atados  por una religión, sólo consiguen impresionarme aquellos cuyo pensamiento es suficientemente radical y extremo. Hobbes se cuenta entre ellos; actualmente es para mí el más importante.

Solamente unas pocas de sus ideas me parecen certeras. El lo explica todo por el egoísmo, y aunque conoce a la masa -la menciona muy a menudo-, en realidad no tiene nada que decir sobre ella. Mi tarea es, sin embargo, mostrar precisamente cómo está compuesto el egoísmo, cómo aquello sobre lo cual ejerce su dominio no le pertenece en absoluto y proviene de otros ámbitos de la naturaleza humana, justamente aquello para los que Hobbes era ciego.

¿Por qué entonces me impresiona tanto su forma de presentar las cosas? (...) Creo que en él he encontrado l raíz espiritual de aquello que quiero combatir más a fondo. Él es el único pensador, que yo conozca, que no enmascara el poder, ni su peso, ni su posición central en todo comportamiento humano. Pero tampoco lo exalta, lo deja simplemente ahí.

El verdadero materialismo, el de los inventos y la investigación, empezó en su época. Él lo respeta, sin por ello renunciar a intereses y cualidades humanas anteriores. Sabe qué es el miedo; su cálculo lo desvela. Todos los que vinieron después, procedentes de la mecánica y de la geometría, apartaron la mirada del miedo, y así éste tuvo que volver a su rincón de las tinieblas, donde siguió actuando sin ser molestado ni recibir un nombre.

Hobbes no subestima el tremendo peso del Estado. ¡Qué efecto tan lamentable produce, comparadas con las suyas, muchas especulaciones políticas de siglos posteriores! A su lado, Rousseau parece un pueril charlatán. El período más antiguo de la Historia moderna, aquel que realmente nos contiene ya a nosotros tal y como somos hoy, es el siglo XVII. Hobbes vivió ese período de forma plenamente consciente y reflexiva. (...)

Su adhesión al poder político vigente, el del rey primero, más tarde el de Cromwell, no es cosa que se le pueda reprochar precisamente a él: estaba convencido de la rectitud de tales concentraciones de poder. Su aversión contra el griterío de la masa no la explicó, pero sí la registró. De nadie puede esperarse que lo explique todo.

Maquiavelo, a quien tanta importancia se ha dado, es apenas como una mirada, la mitad clásica de Hobbes. Tucídides fue para éste lo que para Maquiavelo fue Livio. Maquiavelo, que trataba con cardenales, no entendía absolutamente nada de religiones. Y no pudo aprovecharse de la experiencia de los movimientos religiosos de masas ni de las guerras que tuvieron lugar en los largos cien años que lo separa de Hobbes. Desde que existe Hobbes, ocuparse de Maquiavelo sólo tienen un interés histórico.

(...) Ahora que me he dedicado a estudiar en serio el Leviatán, sé que voy a incluir este libro en mi "Biblioteca del pensamiento", mi colección de los libros más importantes -y con ellos me refiero particularmente a los libros de los enemigos-. Son aquellos libros que nos agudizan el ingenio y no aquello que nos paralizan por haber sido succionados y agotados hace tiempo. En esta Biblia no figurarán, de ello estoy seguro, ni la Política de Aristóteles ni el Príncipe de Maquiavelo, ni El contrato social de Rousseau.*" (pág.166-8)


Ressenya: Espíritus del Presente

  Ressenya: Wolfram Eilenberger, Espíritus del Presente . Los últimos años de la Filosofía y el Comienzo de una Nu...