Friedrich Nietzsche (VI)

VI.-El ultrahombre.

Empecemos por el principio, en Así [pues] habló Zaratustra, en De las tres transformaciones , nos dice: “ Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espíritu se convierte en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño”. La exégesis habitual ha diseccionado el significado de cada una de estas figuras: así, el camello representaría el peso de las verdades establecidas, es la expresión del ascetismo, la renuncia. La figura del león supone una negación total de los valores que sostenía la figura del camello. El león rechaza los valores, asume el nihilismo, la nada. Sin embargo, sólo con el niño la negación –nihilismo- abre paso hacia una nueva etapa, donde todo es juego, creación y destrucción de nuevos valores, desde la absoluta conciencia que ya no hay nada, es el vacío perfecto, sólo la inocencia más absoluta es capaz de vivir a la intemperie, en la nada.



En La gaya ciencia, no aparece ninguna referencia a la idea del ultrahombre (superhombre). La idea aparece en el invierno de 1882 a 1883."¿Qué hace que pueda soportarla [la vida] ante mis ojos? La visión del ultrahombre (superhombre), que dice sí a la vida".(3)

El eterno retorno no es una especie de salto mortal en lo irracional a la búsqueda de otro "mundo detrás del mundo". Ambas ideas -eterno retorno y superhombre- son conceptos límites en el horizonte de una visión antimetafísica y antipesimista del mundo, tras la "muerte de Dios" (Montinari, pág.115-166)

En El nacimiento de la tragedia y en Así habló Zaratustra, se tratan las mismas tendencias, pero las soluciones, las respuestas son contrarias. Si en El nacimiento de la tragedia Nietzsche aspira a la justificación global de la existencia (decir sí a la vida) y la consigue con la "metafísica del arte", en Zaratustra, el eterno retorno deseado por el superhombre, hace vano el problema de justificación de la existencia, cerrando el horizonte no mediante el "mito trágico", sino con la "eternización" del carácter íntegramente terrenal e inmanente de la vida.(Montinari, pág.116).

Nietzsche es consciente de la dificultad de perfilar al ultrahombre. No se hace ilusiones sobre su llegada. Su anuncio no significa que tenga que venir. Aceptar al ultrahombre, es aceptar "la muerte de Dios", asumir el nihilismo con todas las implicaciones que supone. Aceptar el sin-sentido y la nada, aceptar que la vida, en un juego de mascaras eternas. ¿Quién podría aceptar ese destino?  Los perfiles del ultrahombre, supone una mezcolanza imposible entre los héores griegos, la "condottieris" al estilo de Maquiavelo, los forjadores de destinos que imponen al rebaño las directrices que han de seguir. Perturba pensar en esos rasgos, visto que ha sido el siglo XX. 


Friedrich Nietzsche (V)

V.- El eterno retorno de lo mismo.

Sí es verdad que Dios ha muerto, entonces estamos en la intemperie, aquí atados a la tierra, no queda ni el consuelo de “otro” mundo, ni el sueño de la eternidad. ¿Cómo conceder peso de eternidad a lo que por naturaleza es pasajero? La respuesta que da Nietzsche a esta pregunta la encuentra a través de un viejo mito religioso. La primera formulación del mito se encuentra en el fragmento 341 de La gaya ciencia.

El pensamiento del eterno retorno es ambivalente y Nietzsche tiene conciencia de ello. Puede convertirse en el más pesado peso y puede empujarle a ponerse a bien consigo mismo y con la vida. En su obra Así habló Zaratustra, expresa esta idea a través de la serpiente que se muerde la cola. Zaratustra quiere enseñar que es la infinitud del tiempo. Si existe un pasado infinito, entonces todo lo que puede suceder, ya ha sucedido: nada está por venir. La infinitud del pasado exige que haya acaecido todo lo que puede acaecer, que haya transcurrido un tiempo total.



Con el eterno retorno vuelve eternamente todo, también los horrores e injusticias de la historia, las miserias y errores del hombre. La misma esperanza del ultrahombre se torna locura, ya que también retorna el hombre pequeño y miserable. Para eludir esta terrible verdad, algún interprete de Nietzsche –G.Deleuze-, ha querido dar al eterno retorno un sentido selectivo: el círculo se convertiría en espiral que despediría de sí las fuerzas negativas y reactivas. Sin embargo, tal interpretación es posible, pero probablemente, lo más cierto es que la vida que retorna es está misma vida en todos sus aspectos, nobles y viles, grandes y pequeños. ¿Qué hay que hacer? Hay que morder esta horrible idea y tragársela. Entonces y sólo entonces el asco se convierte en risa. Esta risa es ya la del ultrahombre.

El terror que siente Zaratustra de este pensamiento abismal es el presentimiento de que todo este esfuerzo es inútil. Estamos condenados al esfuerzo baldío como Sísifo. El pensamiento del eterno retorno es profundamente ambivalente. Si todo lo que ocurre ya ha ocurrido, entonces también el futuro está fijo, no hay nada nuevo bajo el sol. Visto desde el pasado, la teoría es fatalista.

Nietzsche piensa su teoría desde futuro abierta por mi decisión actual. El eterno retorno puede considerarse desde una perspectiva ética. Entonces se convierte en un imperativo, una regla práctica de la voluntad: lo que quieres, virtud o vicio, quiérelo de tal manera que quieras también su eterno retorno. Es en este contexto donde aparece el instante como expresión de la eternidad. En cada acto, desde el más mecánico hasta el más sublime, cada uno de ello, son expresión de lo que siempre será. En una palabra, Nietzsche considera el eterno retorno bajo una doble luz: como necesidad y como libertad, como doctrina cosmológica que enseña la vuelta inevitable de todo y como una llamada ética a la decisión actual. Ambos desde su lógica son incompatibles. ¿Qué sentido tiene decidirme ahora, si ya todo está decidido? 

¿Para qué el eterno retorno? La respuesta sería que donde no hay lugar para un Dios trascendente, creador del mundo, sólo queda absolutizar este mismo mundo dando un carácter necesario a su devenir. El pensamiento del eterno retorno confiere a la vida y al devenir una apariencia de necesidad, pero no por ello le da finalidad y sentido. En el fondo la idea del eterno retorno, representa la culminación del nihilismo.

Friedrich Nietzsche (IV)

IV.-El nihilismo.
  
La "muerte de Dios" conlleva inevitablemente el nihilismo, como después del día viene la noche, son inseparables. Son los hermanos siameses que no pueden vivir separados. "Lo que yo cuento es la historia de los siglos que se aproximan. Y describo lo que viene, lo que no tiene más remedio que venir: la irrupción del nihilismo".

¿Qué es el nihilismo? Es la desvaloración de todos los valores. El nihilismo no puede ser el fin de trayecto, por ello, debe buscar otra dirección. Para Nietzsche el nihilismo es como una estación en la espera de un tren que viene del pasado y apunta al futuro. El nihilista es aquél que sonríe con el anuncio de la muerte de Dios, pero su sonrisa no es de felicidad, de jubilo, sino de nerviosismo. El hombre moderno, acostumbrado a los valores establecidos, ha dejado de creer en ellos, debido por un lado, a la ciencia y su pasión por la verdad, y por otro, por el hastío de unos valores que de tanto repetir han dejado de tener consistencia.

"sus síntomas: el gran desprecio
                          la gran compasión
                          la gran destrucción
su punto culminante: una doctrina que enseña precisamente a considerar la vida, a la que hacer sentir náuseas, compasión y placer en la destrucción, como absoluta y eterna"

( Fragmentos póstumos vol.IV. Novembre de 1887-Marzo de 1888; 11 [149] . Ed. Técnos. El nihilismo perfecto (pág.409)

El nihilismo no es más que un gigantesco malentendido, que se ha ido construyendo a través del platonismo, cristianismo, kantismo, positivismo y nihilismo. El proceso marca un autodesenmas-caramiento y, por ende, de autodestrucción del mundo suprasensible. Al desaparecer el mundo verdadero, ha desaparecido la diferencia que lo distinguía del mundo aparente y, por ende, el mismo mundo aparente en cuanto aparente. Lo que queda es "este" mundo, tal cual. Lo suprasensible se definía frente al devenir, precisamente, como remedio a lo mutable. Para resolver este problema Nietzsche acude al mito del eterno retorno.

Friedrich Nietzsche (III)

III. - Nietzsche y “La muerte de Dios ”



El hombre necesita dar un sentido a su vida y para ello crea el valor. ¿Cómo ha funcionado hasta ahora esta actitud evaluadora del hombre? La respuesta de Nietzsche es que el hombre ha comprendido la vida, es decir, lo que hay, el mundo, el ser en su conjunto, a la luz de un sentido objetivo y trascendente. La forma más simple de esta concepción se encuentra en Platón, según la cual, para comprender el mundo sensible, hay que "suponer" otro orden de realidad, el mundo inteligible (mundo de las ideas) o metafísico. Desde Platón toda la cultura occidental se basa en la consideración de una "norma", de un concepto de verdad, belleza, bondad, de ser, que nos permite "medir" y a la vez "fundamentar" lo que hay de verdadero y bueno en el mundo. 

En Nietzsche tiene lugar una inversión de la metafísica, entendiendo por metafísica la posición de Dios o del mundo supra-sensible. El preámbulo para una nueva comprensión de la vida es precisamente "la muerte de Dios". El anunció de la buena nueva se encuentra en el famoso fragmento 125 de La gaya ciencia. La fórmula "Dios ha muerto".Lo que expresa esta fórmula es la fe del hombre en él. Dios vivió en la conciencia del mundo occidental, pero llegados a este momento histórico, este acontecimiento, -siglo XIX-, los hombres han dejado de creer en él. Vivimos en un mundo sin Dios, pero aún no nos ha llegado esta noticia.

§125. El hombre loco

¿No habéis oido hablar de aquel hombre loco que,con su linterna encendida en la claridad del mediodía,iba corriendo por la plaza y gritaba:"busco a Dios"? Y ¿qué precisamente arrancó una gran carcajada de los que alli estaban reunidos y no creían en Dios? ¿Es que se ha perdido?,decía uno. ¿Se ha extraviado como un niño?, decía otro,o ¿es que se ha escondido? ¿Tiene miedo de nosotros? ¿Ha emigrado?,así gritaban riendo unos con otros. El hombre loco saltó en medio de ellos y los taladró con sus miradas. "Adonde se ha ido?", exclamó, "voy a decíroslo. Lo hemos matado nosotros. Vosotros y yo. Todos somos sus asesinos,pero ¿cómo hemos hecho esto?' ¿Cómo hemos podido vaciar el mar? ¿Quién nos ha dado una esponja capaz de borrar el horizonte? ¿Qué hemos hecho para desprende esta tierra ,del sol? ¿Hacia adonde se mueve ahora? ¿Hacia adonde nos movemos nosotros,apartándonos de todos los soles? ¿No nos precipitamos continuamente?,¿hacia atrás,adelante,a un lado y a todas partes? ¿Existe todavía para nosotros un arriba y un abajo?, ¿no vamos errantes como a través de una nada infinita?, ¿no nos absorbe el espacio vacio?, ¿no hace más frío? ¿No vien la noche para siempre,más y más noche? ¿No se han de encender linternas a mediodía? ¿No oímos todavía nada del rumor de los enterradores que han enterrado a Dios? ¿No olemos todavía nada de la corrupción divina? ¿También los dioses se corrompen. ¡Dios ha muerto! ¡Dios está muerto!,y nosostros lo hemos matado! ¿Cómo podemos consolarnos los asesinos de todos los asesinos? Lo más santo y lo más poderoso que el mundo poseía hasta ahora,se ha desangrado bajo nuestros cuchillos -¿quién puede limpiarnos esta sangre?, ¿qué fiestas expiatorias o qué juegos sagrados deberíamos inventar?-. ¿No es demasiado grande para nosostros la grandeza de este hecho?,¿no deberemos convertirnos en dioses nosostros mismos,sólo para aparecer dignos de ello? No hubo nunca hecho más grande -y cuantos nazcan después de nosostros pertenecerán a una historia superior a toda la historia precedente a causa de este hecho". En este punto calló el hombre loco y miró de nuevo a los que le escuchaban. También ellos se habían callado y le mira-ban extrañados. Finalmente arrojó su linterna al suelo,que se hizo pedazos, y se apagó. "Llego demasiado pronto,dijo entonces,todavía no estoy en el tiempo opor-tuno. Este suceso enorme está todavía en camino y va avanzando, no ha penetrado aún en los oídos de los hombres. El relámpago y el trueno necesitan tiempo, la luz de las estrellas necesita tiempo. Los hechos necesitan tiempo, aún después de haberse realizado,para ser vistos y oídos.Este hecho está para ellos más lejos que las estrellas más lejanas y,sin embargedlo han hecho ellos". Se cuenta además que el hombre loco,aquel mismo día entró en varias iglesias y entonó en ellas sus Réquiem,aeternam Deo. Y que habiéndolo sacado y haciéndolo hablar, siempre había replicado solamente: "¿qué son, pues, estas iglesias ya,sino las sepulturas y los monumentos funerarios de Dios?

F.Nietzsche, El gay saber. trad.Luis Jiménez Moreno. col.Austral nº 1660. Espasa Calpe,Madrid, 1986. págs. 155-156.

Si Dios era el horizonte de sentido y valor, su muerte comportará el hundimiento de este horizonte del cual nos hemos nutrido durante dos mil años. En Nietzsche no puede tratarse, como en Marx o Feuerbach, de poner en lugar de Dios otras cosas, como la humanidad o el comunismo, ni la razón, el progreso ni los diferentes sustitutos para consolarnos de los sinsabores de este mundo cruel.




Nietzsche no vende salvación ni final feliz, nos anuncia el fin de una conciencia que se tranquiliza pensando en términos metafísicos, si Dios ha muerto, la consecuencia inevitable es el sin-sentido absoluto, no hay lugar, no hay nada [nihilismo]. ¿Podemos soportar este desamparo absoluto? La metafísica occidental nos ha hecho creer, según Nietzsche, que no podríamos soportarlo. Asumir la "muerte de Dios" supone el inicio de la liberación de la humanidad. ¿Cómo se produce esta liberación? La respuesta está en que el hombre deberá  valorar desde una nueva perspectiva. La dificultad está en que no existe ya "normas", ni "ideales". El vértigo se hace presente, pues, ¿de dónde ha de surgir la nueva transvaloración de todos los valores? 

Dostoievski hace decir a uno de sus personajes en su obra  "Los hermanos Karamazov": "Si Dios no existe, todo está permitido". He aquí en apretada síntesis la nueva situación en la que nos encontramos. ¿Quiere el hombre convertirse en Dios? La respuesta de Nietzsche se encuentra en su alter ego Zaratustra: "Todos los dioses han muerto. Ahora queremos que viva el ultrahombre". Sólo quien asuma de forma radical la muerte de Dios podrá sentir el nuevo horizonte dejado por el vacío de Dios y que no puede ser colmado por nada, ni por nadie. Se requiere una voluntad infinita y una fuerza sobrehumana para llevar la nueva situación.

Friedrich Nietzsche (II)

II. El nacimiento de la tragedia.

Nietzsche escribió a E.Rohde una carta que nos ilustra acerca de las influencias que en etapa de Basilea (1869-1879): " (..) también yo tengo mi Italia (..) se llama Tribschen- el pueblo donde vivía Wagner-, (...) Schopenhauer, Goethe, Esquilo y Píndaro aún viven, creéme" (Carta del 3 de septiembre de 1869).

En la elaboración de El nacimiento de la tragedia se constituían dos polos de reflexión. Por un lado, la figura de Sócrates como "heraldo de la ciencia" y por otro, el arte. Ambos se excluyen. La racionalidad socrática y su visión apolínea frente al éxtasis dionisiaco es el núcleo de la obra. Nietzsche pregunta "¿Cómo lo feo y lo disarmónico, que son el contenido del mito trágico,pueden suscitar el placer estético?".(ENT, pág.187)



En esta etapa Nietzsche afirmará la existencia del mundo sólo se justifica como expresión estética. Lo feo y lo inarmónico dejan detener en este contexto la desvaloración que tienen en el orden apolíneo. Como nos dice Montinari, el impulso filosófico originario de Nietzsche surgió de su voluntad de "decir sí" a la vida, de cualquier modo y en cualquier circunstancia, aunque el mal y el sufrimiento nunca dejarán de despertar en él el sentimiento, schopenhaueriano, de la compasión. Nietzsche exaltaba la sociedad y el Estado griegos contra los valores de la sociedad burguesa de su tiempo.


La "otra" tragedia griega

Nietzsche le cuesta hacer amigos, pero en cambio es un campeón en perderlos. En 1874 empieza a tener dudas sobre la figura idolatrada de Wagner. Para explicarse el fenómeno del arte wagneriano recurrió al concepto del "comediante". El comediante debe "mentir" para crear una ilusión (..), en el otoño de 1883 y refiriéndose expresamente a su periodo wagneriano, llamaría su "jesuitismo". (Montinari, pág.78- 79).


Friedrich Nietzsche (I)


LOS IDEALES DE LA ILUSTRACIÓN Y SU CRISIS CONTEMPORÁNEA  
(NIETZSCHE)


[Filósofos de la sospecha][El nacimiento de la tragedia][Nietzsche y “La muerte de Dios ”][El nihilismo][El eterno retorno de lo mismo][El ultrahombre][La voluntad de poder][La transvaloración de todos los valores] [Una lectura de Zaratustra][UNA NOTA SOBRE NIETZSCHE, CRÍTICO DE MILL][Una lectura de "La Genealogia de la Moral][Comentario de texto.Selectivitat: La Genealogia de la Moral]


 I. Filósofos de la sospecha.

¿Por qué estos autores -Marx, Nietzsche y Freud-, y no otros? Se podría especular acerca de la importancia intrínseca que cada uno de ellos ha contribuido al conocimiento de nuestra realidad, sin duda, sus análisis más allá del carácter ideológico que podamos afirmar de ellos, nos han abierto caminos para un acercamiento a la comprensión de fenómenos que nuestro mundo contemporáneo -¿postmoderno?-, ha vivido. Sin embargo, la pregunta sigue en pie, ¿por qué ellos? La respuesta hay que buscarla en la obra de A.Hauser , en ella nos habla de la “psicología del des-velamiento”, la obra de A.Hauser se publicó en el año 1957-58, posteriormente, Paul Ricoeur lo popularizó con el nombre de la “escuela de la sospecha” o “filósofos de la sospecha” .

¿De qué sospechan? La respuesta al decir de P.Ricouer es que “los tres comienzan con una sospecha acerca de la ilusiones de la conciencia y de ahí pasan a emplear la estrategia del desciframiento”. Para comprender lo que dice hay que reinterpretarlo a su vez en clave psicoanalítica. Los conceptos manifiesto-latente tratan de explicar los diferentes niveles de interpretación de los textos. La hermenéutica como arte de interpretar lo que dicen los textos, supone la distinción entre lo manifiesto, es decir, aquello que el autor que no se dirige a nosotros, sino al lector presente o futuro nos dice en su escritura. Lo escrito cristaliza una multiplicidad de experiencias del autor que nosotros sus lectores mudos solamente podemos saber en la medida que el autor nos lo explica. Sin embargo, el mundo contemporáneo no contento con lo dicho pretende ir más allá, buscando claves que pretenden decir lo no dicho.

Marx, Nietzsche y Freud comparten la creencia de que nuestra comprensión de la realidad es falsa. Si Marx “ataca el problema de las ideologías desde dentro de la alienación económica”, Nietzsche en cambio, concentrándose en “el problema del ‘valor’ –evaluación y trans-valoración- busca la clave de la mentira y las máscaras del lado de la ‘fuerza’ y la ‘debilidad’ de la voluntad de poder”. Freud, entra “en el tema de la falsa conciencia a través de la doble vía de los sueños y los síntomas neuróticos”.


  
Marx, Nietzsche y Freud, por tanto, han visto que nuestro mundo contemporáneo esconde detrás de los grandes ideales forjados en la Ilustración (s.XVIII): alienación, resentimiento y neurosis. El propio P.Ricouer  nos habla de la “trinidad maléfica”, de lo técnico, lo colectivo y lo abstracto como característico de este siglo XX. Probablemente la apoteosis de esta “trinidad maléfica” se encuentra en los “Auschwitz”  de la Alemania nazi. Según una interpretación de la llamada “Escuela de Frankfurt”, dicha apoteosis es el resultado de “la razón instrumental”.

La Ilustración inauguró el inicio del pensamiento burgués. Sin embargo, la Ilustración es una República de las letras . Es decir, la Ilustración pretende educar a los poderosos –despotismo ilustrado-, pero son los poderosos quienes utilizan a los ilustrados –burgueses- para autojustificar su “status quo”. Es el momento de las grandes palabras: Libertad, Justicia, Naturaleza, etc.; pero vacías, todo esto tendrá un precio. La Revolución Francesa y su posterior derivación hacia Terror, llevó a los postilustrados hacia dos caminos diversos: el romanticismo y el idealismo. 

John Stuart Mill (y VII)

V.- Elitismo y participación.

Para Mill, también las instituciones políticas son un importante medio de educación del pueblo, por lo que en ellas, las minorías educadas deberán desempeñar un destacado papel, frente al peligro de una tiranía de la mayoría. Mill sostiene que hay que rechazar todo gobierno de clase, sea ésta minoritaria o mayoritaria y establecer los mecanismos para que gobiernen personas independientes de perversos intereses egoístas, con motivos elevados y miras lejanas. Descarta, por tanto, que puedan existir intereses perversos de los profesionales cultivados (*), asocia el interés de éstos al de todos y confía en que la fuerza de las convicciones de las gentes instruidas se convierta en un enérgico impulso social.

En “Consideraciones sobre el gobierno representativo” (1861), Mill propugna un sistema de representación proporcional, opuesto al mayoritario existente en su país, a través del cual puedan hallar audiencia las minorías, y la ampliación del sufragio, incluyendo en él a las mujeres, pero excluye no sólo a los pobres acogidos a la asistencia de las parroquias y a los analfabetos, sino también a quienes no sepan de números (**)(pág.186). Mill propone u voto plural que dé mayor peso a la elección de las personas con estudios. Mill no es un conservador radical, pero era hijo de su tiempo, no pretendía que los pobres no votasen, pues, la educación era el medio adecuado para elevar el nivel de conocimiento. Pensaba ingenuamente, que esas elites instruidas sería la voz de los sin voz, en el camino para que todos tuviesen voz.



En “Consideraciones sobre el gobierno representativo” (1861), afirmará que la mejor forma de gobierno es el gobierno representativo. ¿Cómo llega a esta conclusión? La respuesta se halla en los criterios que permiten afirmar la bondad del gobierno representativo. ¿Cuáles son estos criterios?

En primer lugar, el fomento, la promoción de las buenas cualidades de los individuos. Pues, ¿de qué sirven las instituciones si falla el individuo? El buen gobierno será el que fomente el carácter de los individuos, y carácter, en su sentido victoriano, viene a ser sinónimo de vigor e independencia de opinión.

El segundo criterio, es cómo saca partido de esas buenas cualidades de los individuos, es decir, ¿cómo emplea las facultades y cualidades existentes en la sociedad?

La forma de gobierno representativo o gobierno popular, la opone al despotismo, forma de gobernar que no promueve las facultades morales, intelectuales y activas de los individuos. El rechazo del despotismo lo fundamenta, por tanto, aludiendo al tipo de hombre que se desarrolla bajo una forma de gobierno en la que las personas no tienen voluntad en lo que afecta a sus intereses colectivos, teniendo que obedecer a una voluntad que no es la suya y que lo resuelve todo por ellos. Este despotismo podría ser perfectamente “democrático”, porque lo que Mill teme es precisamente la tiranía de las mayorías.

El gobierno representativo satisface los criterios fundamentalmente por dos ideas:

.- la primera es que solamente cuando las personas afectadas dirigen sus propios intereses éstos no quedan desatendidos.
.- la segunda, que la prosperidad general aumenta y se difunde de manera creciente cuanto más variadas e intensas seas las facultades consagradas a su desarrollo. Para Mill “cada uno es el único custodio seguro de sus derechos e intereses”.

En su modelo de democracia representativa no menciona los partidos políticos, a los que parece ver como agentes de perversos intereses de clase. En este diseño ideal se apoya en la previsión de que la parte inteligente de los electores conseguirá hacer prevalecer su opinión y elegir a los mejores desde el punto de vista intelectual. Para Mill el derecho al sufragio sólo puede obtenerse con una actitud que haga al individuo merecedor del mismo.

En Mill puede entreverse un elitismo en su negación de la igualdad política de todos los ciudadanos, implícita en la propuesta de voto plural, y en el papel dirigente atribuido a una minoría ante su temor al predominio de una mayoría ignorante, aunque, a diferencia de algunos elitistas de nuestros días, no presenta la apatía política como un ideal ni da prioridad a la consecución de la eficiencia y la estabilidad política por medio de una lealtad ideológica y simbólica al orden establecido.

Notas:
(*) Los "profesionales cultivados" (intelectuales) no son más que un modelo basado en el saber y no en el poder. Platón inaugurará esta idea.
(**) Reminiscencias platónicas.

Bibliografía:

J.M.Colomer. El utilitarismo. Una teoría de la elección racional. Ed.Montesinos, Barcelona, 1987. Capítulo IV.
J.Ferrater Mora. Diccionario de Filosofía, Vol.Q-Z, ed.Círculo de Lectores, Barcelona, 2002.

John Stuart Mill (VI)

IV.- Revisión del utilitarismo: la libertad como bien.

Mill acepta el principio básico del utilitarismo de que las acciones son buenas en cuanto tienden a promover la felicidad y malas en cuanto tienden a producir lo opuesto a ella, entendiendo por felicidad el placer y la ausencia de dolor y por infelicidad el dolor y la privación del placer.

Mill matiza y profundiza en el concepto de felicidad. Ésta no es la mayor felicidad posible del propio individuo, sino la felicidad general. La felicidad general es un bien para el conjunto de todas las personas. ¿Por qué la felicidad y no otro bien? La respuesta de Mill parte de un postulado según el cual, todo hombre/mujer busca la felicidad, y sólo la felicidad como fin de sus acciones.

Para Mill ya no se trata, como en el Bentham maduro, de concebir la libertad como condición para que se formen y expresen los deseos y preferencias razonables de los individuos, sino de un elemento consustancial al desarrollo de las facultades humanas y la mejora de la especie.

La felicidad no puede identificarse, de este modo, con una dimensión placentera, sino como un fin complejo que incluye la búsqueda de la verdad y la virtud; no puede restringirse a la satisfacción de los deseos, sino que requiere la libertad, dignidad, seguridad y posibilidades de desarrollo de las facultades humanas de inteligencia y sociabilidad. Hay, pues, un conjunto de fines, cuya determinación requiere la práctica de un cierto arte de vivir, para los que la idea de felicidad es sólo una justificación y un criterio e evaluación.

Este planteamiento supone introducir, junto al principio de utilidad, otros principios secundarios que actúen como criterios o guías de acción (*). La dificultad de un criterio moral supone reconocer que en el ámbito de las acciones humanas, incluso las buenas intenciones no bastan, también hay que atenerse a las consecuencias (*).



En su On Liberty [Sobre la libertad] (1859), la libertad de pensamiento y de expresión es defendida con este trasfondo. Según Mill, la discusión debe favorecerse en cualquier circunstancia:

.- porque la opinión contraria puede ser verdadera, ya que no cabe atribuir a nadie la infalibilidad.
.- porque  aún siendo falsa, con el ejercicio de la controversia aumentará la comprensión de la verdad y ésta se reforzará en las mentes.

Se trata, pues, de un alegato dirigido no sólo contra todo fanatismo ideológico que pretende una afirmación unilateral de la verdad, sino contra lo que Mill –bajo la influencia de Alexis de Tocqueville- llamará la tiranía de la opinión mayoritaria (opinión pública).

Sólo la libertad crea, pues, el clima que permite desarrollar la fuerza del antagonismo de la individualidad, que es considerada como uno de los elementos del bienestar.

Por tanto, la libertad ha de comportar la posibilidad de elegir entre una diversidad de estilos de vida personal en todo aquello que se refiera sólo a uno mismo y no afecte a los demás. La interferencia en la vida privada de los individuos sólo puede justificarse por una necesidad de autoprotección o para evitar interferencias a terceros.

Esta defensa de la privacidad choca con la objeción de que apenas existen actos que, de algún modo directo o indirecto, no afecten a otros miembros de la sociedad. Pero, aun en este supuesto, según Mill, sólo cabría sancionar el resultado perjudicial para otros que pudiera derivarse de una acción, pero no las conductas disidentes o minoritarias por sí mismas. La tolerancia de éstas y la prioridad de la autonomía personal con respecto a la seguridad también se apoyan en el optimismo de Mill con respecto al desarrollo de los seres humanos.

Mill estaría escandalizado por el espectáculo de los Estados que en nombre de la seguridad, hacen del escrutinio de la vida privada de los ciudadanos. Que en nombre de la libertad la socavan, y que dicha libertad no es un don establecido para siempre, sino que es muy frágil y volátil. Sólo una sociedad como la que aspiraba Mill, sea capaz de vigilar las acciones del Estado.

John Stuart Mill (V)

III.- La nueva economía política de Mill.

En System of Logic [Sistema de lógica] de 1843, afirmará que la economá política clásica (A. Smith, D.Ricardo) es una ciencia autónoma (no siéndolo la ciencia política). La economía política clásica es una ciencia abstracta e hipotética, construida sobre la base del análisis de una única causa explicativa de los fenómenos sociales. Esta causa era el deseo de riqueza, que actúa según la ley psicológica de que se prefiere la ganancia mayor a la menor. Posteriormente, en los Principles of Political Economy [Principios de Economía Política] apunta Mill la necesidad de ampliar el marco de análisis de la economía política.



Las modificaciones que efectúa sobre algunos principios básicos de la economía clásica son los siguientes:

1.- Establece una distinción entre las leyes de la producción y las leyes de la distribución. La distribución de la riqueza depende de las leyes y de las costumbres de la sociedad. La economía política va estudiar precisamente cómo afecta estas instituciones y costumbres a la distribución de la riqueza, pues una vez decididas, la incidencia sobre la distribución no es arbitraria, se puede estudiar como un objeto de investigación científica (Principios).

2.-   El principio del laisez-faire o de no intervención es revisado por Mill. La idea milleana es que hay que dejar hacer (laissez-faire) y considera que toda desviación de este principio, a menos que se precise por algún gran bien, es un mal seguro. Esto es así, porque “los asuntos de la vida se ejecutan mejor cuando se deja en completa libertad para hacerlos mejor cuando se deja en completa libertad para hacerlos a su manera a los que tienen interés más inmediato en ello, sin control de ninguna ordenanza legal ni la injerencia de ningún funcionario público” (Principios). Porque un pueblo que espere que se le dé todo hecho, es para Mill un pueblo a medio desarrollar. La democracia implica realizarla en todas las instituciones y niveles, y no sólo al gobierno central.

Estas tesis liberales son incompatibles con el marxismo. Uno de los prejuicios de la izquierda ha sido y es el intervencionismo. La experiencia y los hechos avalan la idea de Mill, acerca del interés que tienen los propietarios y los que no lo son. Si todo es de todos, la experiencia indica que nadie se preocupará de las disfunciones, porque espera qua la Autoridad se haga cargo del problema. La democracia en Mill no es sólo ir a votar cada cuatro años.

Para intervenir nos dice se requiere de algún gran bien, ¿cuál puede ser éste? Para empezar, la educación. Aquí Mill insta a los poderes públicos para establecer escuelas y colegios. Curiosamente, después no debe obligar ni sobornar a nadie para que vaya a ellos. Otras posibles intervenciones estatales (tienen que ver con las leyes de la propiedad y los contratos, la administración de justicia, policía, impuestos) e intervenciones facultativas, entre las cuales algunas son legítimas y otras erróneas porque deben realizarse de un modo autoritario. 

Mill no establece como anatema la intervención estatal, pero es cauteloso a la hora de establecerlas. ¿Por qué debe intervenir el Estado? La intervención estatal es deseable cuando corresponden a las circunstancias en que falta información entre los individuos, a las tareas de protección de niños y jóvenes, regulación de las condiciones de trabajo de la industria, (…) y a todos aquellos casos en que no haya iniciativa privada para cubrir una necesidad social. Mill anuncia lo que posteriormente, los economistas denunciarán como fallos del mercado y la necesidad de intervención del Estado.



3.- Mill se auto-consideraba socialista (*), porque consideraba que el problema social del futuro sería como unir la mayor libertad de acción con la propiedad común  de todas las materias primas del globo, y una igual participación en todos los beneficios producidos por el trabajo conjunto (Autobiografía)

Mill muestra interés por las organizaciones obreras, entonces aún incipientes. Se opone a la legislación antisindical, aunque ve en el sindicalismo sobre todo un medio de educación de la élite de las clases trabajadoras mediante el desarrollo de un sentido de la dignidad personal y un sentimiento de simpatía entre los trabajadores y defiende las cooperativas obreras.

De hecho, la idea de cooperación desempeña en el pensamiento de Mill un papel relativamente similar a la simpatía de Hume o la benevolencia de Bentham: un resorte moral para evitar las consecuencias socialmente perniciosas de la persecución individual del propio interés a corto plazo.

La sociedad ideal futura es, pues, para Mill, una sociedad de individuos auto-desarrollados que cultivarán las facultades espirituales más altas, para cuya consecución son necesarios medios redistributivos e incentivos educativos y morales. La “revolución moral” de Mill se limita, pues, a la necesidad de corregir los desmanes del propio sistema capitalista. Marx tratará de desmantelar el sistema capitalista. Mill no deja de ensalzar el necesario papel innovador con riesgo del empresario capitalista y, ante el bajo tono moral de la época, espera que en el futuro “inteligencias más elevadas consigan educar a los demás para mejores cosas”. La metáfora del capitalista como capitán de la nave (empresa) que navegando entre tempestades –crisis económicas-, hará las delicias no sólo de los apóstoles del mercado, también Nietzsche se hará eco de esos capitanes.

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(*) Marx hablará de Mill en El Capital. En uno, nos hablará de forma amable, cosa excepción en él. Dice así: “(…). Per evitat malentesos recordó que si bé homes com J.St Mill, etc., s’han de criticar per la contradicció entre llurs dogmes econòmics arcaics i llurs tendències modernes, seria extramadament injust de confondre’ls amb el tropell d’apologistes de l’economia vulgar.” (El Capital, II,XXII, 5, nota 65, pàg.277,)

En su tono vitriólico habitual, Marx podrá en cuestión las tesis de Mill. Así nos dirá: “(…). El senyor J.St.Mill aconseguiex, amb la seva lògica ecléctica [un reproche] habitual, compartir alhora l’opinió del seu pare, J.Mill, i la contrària. (…). Les recerques originals del senyor J.ST.Mill al camp de l’economia política, que són d’abast molt limitat i amb poc contingut, (…)”. (El Capital, I, III, 2c), nota 80, pàg. 160)

John Stuart Mill (IV)

II.3.- Crítica al utilitarismo.

El terme apareix de la mà de Jeremy Bentham (1780) el pare del utilitarisme. Per què consti amb acte, el utilitarisme és una corrent ètica, que identifica allò que es bo amb el valor de  l’ utilitat. I a més, afirma que tots els esser humans volen la felicitat que identifiquen amb el plaer i rebutgen el dolor. Una altre qüestió es si això es cert. Bentham com bon positivista que era estableix una llei: el principi de utilitat: “principi de la màxima felicitat per el major nombre de persones". Aquest és el criteri que ha de promoure la transformacions de la societat.

                                                                   
                                                                         I.Kant

Des de altres postures ètiques el utilitarisme s’exposa a moltes crítiques. Això es així, perquè no hi ha cap postura ètica que no tingui punts febles. Per exemple, I.Kant (s.XVIII)  va establir l’afirmació que el que compte es la “ètica de les conviccions”. Els essers humans són un fi i mai un mitjà. Això naturalment, es posar-hi el llisto molt alt. Si a la matinada truquen a la porta i apareixen dos homes amb gavardines negres i molta mala llet, i et pregunten si a la porta del costat els teus veïns són jueus, quina resposta hi has de donar? La resposta de Kant, es dir la veritat, sempre. El utilitarista, donaria un altra resposta, perquè dir la veritat es sentenciar a la desaparició dels nostres veïns. Respostes alternatives, com “no ho sé”, “no sabia que eren jueus”, etc.


                                                                 Úrsula K. Le Guin 

El pobre Kant no sé si s’ho hauria repensat. En tot cas, l’excel•lència ètica pot arribat a tenir conseqüències nefastes. També amb el utilitarisme. Hi poso un exemple força colpidor. Al comte de Úrsula K. Le Guin que es diu: “Los que se alejan de Omelas”, hi ha un bon exemple de les limitacions del utilitarisme de J.Bentham. Sintetitzen molt la història ens diu el següent: A la ciutat d’ Omelas tot son flors i violes, per dir-ho així. La felicitat envaeix tots els recons de la ciutat. Les persones son honestes, bones persones. Però a Omelas hi amaguen un secret amarg. A un dels edificis en el soterrani ho viu un nen: .  

En el cuarto hay un niño sentado.   Podría ser un niño o una niña.  Aparenta unos seis años pero en realidad tiene casi diez.   Es retrasado mental.   Tal vez nació anormal o se ha vuelto imbécil por el miedo, la desnutrición y el abandono. (...) Todos saben que existe, todo el pueblo de Omelas. Algunos han ido a verlo, otros se  contentan únicamente con saber que está allí.   Todos saben que tiene que estar.   Algunos comprenden la razón, otros no pero ninguno ignora que su felicidad, la belleza de su pueblo, la ternura de sus amigos, la salud de sus hijos, la sabiduría de sus becarios, la habilidad de sus artesanos, incluso la abundancia de sus cosechas o el esplendor de su cielo dependen por completo de la abominable miseria de ese niño.

Què hi diria J.Bentham ? La resposta utilitarista es ven clara: s’ha deixar el nen allà dins, perquè el principi utilitarista s’ho posa el major be per en major nombre de persones. Què fàcil es dir els tòpics de torn, però, si surt el nen, Turut viola. Adéu al mon idíl•lic de Omelas. Ja sé que el exemple no deixa marge per la retòrica. Per suposat, Kant clamaria al cel, malgrat haver enviat als seus veïns al infern, per qüestions ètiques. Les situacions límits posant al descobert a totes les corrents ètiques  buits i esquerdes que posen de manifest les dificultats del esser humans en aquestes qüestions de que es bo o dolent.



En aquest punt faig apareix el nostre heroi filosòfic: J.S.Mill. Ell segueix la tradició del utilitarisme ampliant les seves fronteres. Els crítics han dit que el utilitarisme de Mill ja no es utilitarisme. D’aquesta polèmica domèstica en el àmbit filosòfic ho deixen corre. Mill reivindica la virtut. La resposta al nen de Omelas es deixa-ho lliure. Per què? La resposta es semblant a la de Kant, per dignitat humana. La felicitat no es assumpte exclusivament individual també té una dimensió social. Si volen de veritat una societat humana diu J.S.Mill he de treballar per construir-hi personalitats fermes i dignes. Cóm? Mitjançant l’educació. Establint valors com la compassió, la solidaritat, la recerca de l’excel•lencia, en tots els àmbits de la nostre vida, i en aquest camí podem topar amb la felicitat. Aquesta és un subproducte de tota aquesta activitat que el home cerca per fer el bé i gaudir del plaer. Mill afirmarà que la societat ha de ser lliure i democràtica per poder tirar endavant el projecte de creació d’una societat oberta i respectuosa amb les minories i capaç de oferir el marc adequat per que cada persona poguí cercar el seu propi camí amb companyia dels altres.  I Deu? J.S.Mill considera que la virtut i la recerca de la felicitat no te rés a veure amb el Deu del cristianisme.  

John Stuart Mill (III)

II.2.- ¿Qué es el utilitarismo? (*)

El término “utilitarismo” ha tenido diferentes propietarios que se han adjudicado su paternidad. Según D.Baumgardt, dicha paternidad hay que adjudicársela a J.Bentham que lo utilizó hacia 1780 y publicado sólo póstumamente. 

El concepto “utilitarismo” supone la identificación de lo que es valioso con lo útil. Lo bueno es lo útil. Sin embargo, el nombre de utilitarismo se identifica con la corriente representada por J.Bentham, James Mill (padre) y J.S.Mill (hijo). En el siglo XVIII, Helvecio ya había proclamado que la vida humana estaba fundada en dos grandes impulsos, el deseo de felicidad y la voluntad de evitar el dolor.

 El fundador del utilitarismo moderno se encuentra en la figura de Jeremy Bentham que en 1824 fundó la revista Westminster Review para expandir su ideario. El utilitarismo está al servicio de una reforma de la sociedad humana: de su estructura política –que debía ser básicamente liberal y democrática-, y de sus costumbres. La base de la reforma de la sociedad es que el reconocimiento de la existencia de dos motores en nuestra naturaleza humana: el placer y el dolor.

Según Bentham, el principio de utilidad o “principio de máxima felicidad para el mayor número de personas”, admite dicha “sujeción” –a estos dos motores-, y proporciona una norma de lo que es justo e injusto, correcto e incorrecto. El elemento efectado puede ser un individuo o una comunidad. El interés de la comunidad es el de los individuos que la constituyen y el interés del individuo abarca la “suma total” de sus placeres y dolores. Es decir, el principio de utilidad afirma que debemos promover el placer, el bien o la felicidad (que son una y la misma cosa) y evitar el dolor, el mal y la desdicha. Con el fin de elegir lo que es bueno, es necesario establecer un cálculo de placeres y dolores. Además, afirmará que la utilidad es medible y señala las dimensiones de la misma: intensidad, duración, certeza, proximidad sobre las que cabe edificar una aritmética moral.



Este cálculo de placeres y dolores se verá matizado, pues reconocerá la multiplicidad de factores de las diferentes sensibilidades de las personas, lo cual dificultaría la reducción de la felicidad a una sola pauta universal cuantificable. J.S.Mill tratará de darle un valor moral cualitativo a la idea de felicidad.


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(*) K.Marx dibujará los perfiles de Jeremy Bentham de forma poco amable, en general, era poco amable. De él se puede leer lo siguiente: "L'esfera de la circulació o de l'intercanvi de mercaderies, dins la qual es mouen la compra i la venda de la força de treball, era en realitat un auténtic Edèn dels dretes innats de l'home. Aquí només domina la llibertat, la igualta, la propietat i Bentham. (...) Bentham!, perquè cadascun només pense en ell mateix." (K.Marx, El capital, I,IV,3 pàg.215. Clàssics del pensament modern, Edicions 62/Diputació de Barcelona. Barcelona, 1984.

Marx define a Bentham como sigue: "(...) A l'economia clàssica lo ha agradat sempre concebre el capital social como a una magnitud fixa amb un grau de rendiment fix. Però aquest preejudici només s'establí en dogma gràcies al superfilisteu Jeremias Betham, l'oracle fredament pedant, xerraire pesat, del sentit comú burguès del segle XIX.

En nota a pie de página Marx somete a una implacable crítica los principios del utilitarismo: "Jeremias Bentham és un fenomen purament anglès (...). El principio de la utilita no era cap invent de Bentham. Simplement reproduí sense enginy el que amb enginy Helvetius i d'alres francesos del segle XVIII habien dit (...). Aplicat a les persones, quan hom vol jutjar tot acte, moviment, relació, etc., humà segons el principi de la utilitat, en primer lloc cal estudiar la natura humana en general i desprès la natura humana modificada en cada època històrica. Bentham no està per tants brocs (en sentit figurat, no esta per tantes històries). Amb l'eixutesa més ingènua suposa com a home normal el burgès estret de mires modern, i especialment el burgès estret de mires anglès. El que és útil a aquest estrany home normal i al seu món és útil en si i per si. I a partir d'aquesta escala de valors jutja el passat, el present i el futur. (...) Si jo tingués el coratge del meu amic H.Heine diria que el senyor Jeremias és un geni de la l'estupidesa burguesa" (nota 63, K.Marx. El capital, II,XXII,5, pàg.275

John Stuart Mill (II)

II.1.- El radicalismo filosófico

Entre 1770 y 1830 la sociedad inglesa se ve sometida a cambios profundos debido a las consecuencias de la revolución industrial, que llevo a cabo transformaciones profundas en la sociedad. Desde la transformación de los campesinos en obreros y la metamorfosis de las ciudades –Ch.Dickens y Marx, describirán sus consecuencias morales y políticas-. La sociedad [inglesa] cambia, pero las instituciones políticas no recogen ningún cambio, y en lo esencial se sitúan aún en la Revolución gloriosa de 1689. La política estaba al servicio de los intereses de la aristocracia agraria y mercantil. Los intentos de cambio tuvieron una feliz deriva para el conservadurismo. La Revolución francesa sirvió de excusa para un inmovilismo político que sólo beneficiaba a los de siempre. Sin embargo, a partir de 1815, las demandas de reforma política se hicieron cada vez más frecuentes y fuertes. Procedían de intelectuales radicales, como Jeremy Bentham, y de industriales textiles como Richard Cobden. Los industriales reclamaban libertad industrial y comercial y la abolición del proteccionismo agrícola, que beneficiaba exclusivamente a los “landlords” en perjucio del resto de la población.


J.Bentham (1748-1832)


La reivindicación de una reforma electoral y parlamentaria que abanderaban los radicales, se basaba en el hecho de que núcleos de población como Manchester, Birmingham, Sheffield y Leeds, convertidas ya en populosas ciudades industriales, seguían sin tener representación parlamentaria. Mientras Londres tenía cuatro diputados, el condado de Cornualles –en el sur de Inglaterra, dominada por terratenientes-, tenía cuarenta y cuatro.


En 1832 se aprueba por el Parlamento la Ley de Reforma que tendrá consecuencias en el sistema político. La primera consecuencia fue la disminución del poder político de la aristocracia agraria y mercantil. A partir de 1832 la oligarquía política británica se amplió con fabricantes y miembros de la middle class en general. A lo largo del siglo XIX se democratizo el sistema político. Así, en 1884 se estableció el sufragio universal (masculino). Este proceso democratizador fue impulsado y animado por un grupo de reformadores en torno a la figura de Jeremy Bentham (*) y James Mill. Aspiraban a transformar la sociedad británica en una sociedad de mercado moderna, secular y democrática. J.S.Mill, trato de profundizar esa senda dándole un fondo más moral.



(*) K.Marx dibujará los perfiles de Jeremy Bentham de forma poco amable, en general, era poco amable. De él se puede leer lo siguiente: "L'esfera de la circulació o de l'intercanvi de mercaderies, dins la qual es mouen la compra i la venda de la força de treball, era en realitat un auténtic Edèn dels dretes innats de l'home. Aquí només domina la llibertat, la igualta, la propietat i Bentham. (...) Bentham!, perquè cadascun només pense en ell mateix." (K.Marx, El capital, I,IV,3 pàg.215. Clàssics del pensament modern, Edicions 62/Diputació de Barcelona. Barcelona, 1984.

Marx define a Bentham como sigue: "(...) A l'economia clàssica lo ha agradat sempre concebre el capital social como a una magnitud fixa amb un grau de rendiment fix. Però aquest preejudici només s'establí en dogma gràcies al superfilisteu Jeremias Betham, l'oracle fredament pedant, xerraire pesat, del sentit comú burguès del segle XIX.

En nota a pie de página Marx somete a una implacable crítica los principios del utilitarismo: "Jeremias Bentham és un fenomen purament anglès (...). El principio de la utilita no era cap invent de Bentham. Simplement reproduí sense enginy el que amb enginy Helvetius i d'alres francesos del segle XVIII habien dit (...). Aplicat a les persones, quan hom vol jutjar tot acte, moviment, relació, etc., humà segons el principi de la utilitat, en primer lloc cal estudiar la natura humana en general i desprès la natura humana modificada en cada època històrica. Bentham no està per tants brocs (en sentit figurat, no esta per tantes històries). Amb l'eixutesa més ingènua suposa com a home normal el burgès estret de mires modern, i especialment el burgès estret de mires anglès. El que és útil a aquest estrany home normal i al seu món és útil en si i per si. I a partir d'aquesta escala de valors jutja el passat, el present i el futur. (...) Si jo tingués el coratge del meu amic H.Heine diria que el senyor Jeremias és un geni de la l'estupidesa burguesa" (nota 63, K.Marx. El capital, I,XXII,5, pàg.275


John Stuart Mill (I)

El liberalismo de John Stuart Mill

[Contexto histórico][Vida y obra de John Stuart Mill][El radicalismo filosófico][¿Qué es el utilitarismo?][Crítica al utilitarismo][La nueva economía política de Mill][Revisión del utilitarismo: la libertad como bien][Elitismo y participación][Quinze preguntes elementals sobre Utilitarisme][Comentari de text per les PAU sobre Utilitarisme III][Lectura de John Stuart Mill per Miquel Costa]



I. CONTEXTO HISTÓRICO


John Locke a finales del siglo XVII establece el credo básico de la tradición liberal inglesa: a) Los derechos fundamentales de la persona a la vida, a la libertad, ala propiedad; b) La segunda idea, hace referencia a un sistema económico que permita a los propietarios incrementar sus riquezas; c) una forma de gobierno representativo, en donde hubiera separación entre los poderes estatales y se gobierna con leyes generales, y en donde el parlamento elegido desempeñará el papel decisivo en la elaboración de leyes. 

La "escuela escocesa" del siglo XVIII (D.Hume, A.Smith, y otros) constituyen esas tesis -Locke- notas esenciales de la "civil society". Locke recurre al Derecho natural y al contrato social para fundamentar su exposición sobre el "gobierno civil". Mientras que la "escuela escocesa" utiliza un método naturalista: caracterizan la primacía de la sociedad en su desarrollo histórico-natural. Rechazan por ilusorios la idea de un Estado que estuviera por encima de la sociedad (Hobbes) como el ideal de una libertad total para los individuos. 

Con J.Bentham y S.Mill, en el siglo XIX, se introducen dos nuevos elementos nuevos: 

1) La necesidad de que para obtener la máxima utilidad o la mayor felicidad posible es preciso orientar la legislación hacia ese objetivo; la política es considerada por ellos como una actividad que conforma y racionaliza la vida social, siendo el criterio de una buena política el principio de utilidad. 

2) Es necesario un control democrático del gobierno mediante el sufragio universal. 

J.S.Mill introduce en la década de los 30 y 40 del siglo XIX nuevos elementos en la tradición liberal inglesa: 

3) Exigencia al Estado para un control de las condiciones marco de la economía al mismo tiempo qure aboga por un fomento de la individualidad de los ciudadanos. 

4) Mill, ratifica el modelo liberal, introduciendo, modificaciones que pueden ser calificadas ya de liberalismo social. 



II. VIDA Y OBRA DE JOHN STUART MILL

Nace en Londres el 20 de mayo de 1806. La infancia de Mill fue la planificación llevada a cabo por su padre James Mill en un entorno familiar carente de sentimientos. Con trece años estaba en posesión de unos conocimientos de una persona adulta cultivada de 30 años. En 1823 comenzó a trabajar en la East India Company, organización semiprivada que sería posteriormente integrada dentro de la Administración británica en 1858.

En su Autobiografía, J.S.Mill cuenta que su desarrollo intelectual pasó por tes fases importantes: 

1.- La primera, se vincula a la revista Westminster Review, y asu fundados J.Bentham. En el otoño de 1826 el joven Mill cayó en una crisis nerviosa e intelectual -no tuvo infancia, sumido en el estudio inhumano a que fue sometido por su padre-, cuya superación implicó la revisión de algunas de sus primeras creencias. Superar la crisis significó ver claro que todas las cuestiones relativas a instituciones políticas eran relativas, no absolutas, que no era posible diseñar un sistema con instituciones modélicas (utópicas), sino sólo formular principios desde los que se podrían deducir aquellas instituciones que resultaran más apropiadas paras unas circunstancias dadas (Autobiografía). 

2.- La segunda fase, de crisis y maduración, se familiarizo  con las doctrinas de Saint-Simon; las de Carlyle y de Coleridge, así con su relación epistolar de Comte, que le sirvió para su "Sistema de lógica" (1843).

3.- La fase de madurez, se inicia a partir de 1848 , fecha en que se publica sus "Principios de política económica" que se convertiría en un clásico. En 1830 conoce a Harriet Taylor con quien se casa en matrimonio en 1851, dos años después de que ella enviudara de John Taylor. Mill reivindicó la contribución de su mujer en su obra, pero muchos comentaristas de su obra, rebajan dicha contribución.  Después de la muerte de su mujer, en 1858, Mill escribió alguna de sus obras que más prestigio le han dado: On Liberty [Sobre la libertad] (1859), Consideraciones del gobierno representativo (1861), Utilitarismo (1863). El libro The Subjection of women (1860-61), no fue publicado hasta 1869 en la confianza de que la opinión pública estuviera más preparada para sus propuestas sobre la emancipación femenina. La hija de Harriet, Helen Taylor, para quien Mill había escrito ese libro, publicó con carácter póstumo, en 1879 y en la revista Fortnightly Review, unos apuntes de Mill sobre el socialismo (Chapters on Socialism). 




Su defensa de la extensión del voto a las mujeres en igualdad con los hombres, le llevó reivindicar la modificación de la Ley de Reforma de 1867 -siendo diputado liberal en la Cámara de los Comunes (1865-1868), elegido por el distrito de Westminster-. Murió en Avignon -donde estaba enterrada su mujer Harriet-, el 8 de mayo de 1873. 

John Locke ( y VI)

3.- Política


3.2. Características de la Ilustración y el liberalismo británico

En primer lugar, se trata de un pensamiento con alto grado de laicidad, tanto en pensadores que se confiesan cristianos -como John Locke-, como en los que, a partir del siglo XVIII, adoptan una posición abiertamente atea -tal es el caso de David Hume y Jeremy Bentham- .Esta característica está sin duda, vinculada al ambiente intelectual creado por el intento de reforma de la Iglesia católica y -el cisma- mal llamado protestante que tuvieron lugar a principios del siglo XVI, tras los cuales la idea de Dios quedó notablemente alejada del regimiento de los asuntos públicos. Concebida como un asunto privado. 

En segundo lugar, en el pensamiento británico prevalece una orientación realista y empirista, atenta a los requerimientos cambiantes de los hechos para adoptar fórmulas políticas de apertura y equilibrio, más que modelos ideales con pretensión definitiva.

En tercer lugar, se parte de una visión antropológica relativamente pesimista, en la se supone que los hombres tienen motivaciones básicamente egoístas de búsqueda del propio interés, aún en los casos -como el ya citado de Locke- en que se atribuye a los individuos una dignidad moral innata. 

Por último, conviene subrayar que laicismo, empirismo y utilitarismo, no comportan soluciones políticas menos radicales en cuanto a la libertad, que las derivadas de otras, doctrinas, portadoras de un mensaje de certezas -teorías iusnaturalistas-. El liberalismo británico se distingue más bien por favorecer las convenciones -artificios políticos- en vez de las convicciones -apelación a leyes naturales-, por formular programas de reformas realizables por el método del consenso más que legitimaciones morales de la obligación política como deber absoluto de obediencia. (J.M.Colomer)


3.3. Segundo Tratado sobre el gobierno.

Locke defineix el poder polític com a «dret a dictar lleis» «únicament en pro del bé públic». En canvi, si l’Estat quan l’Estat és paternalista, les lleis es fan en pro de la defensa de les famílies governants (d’allò que en català sempre n’hem dit «l’olla») de manera exclusiva. El poder polític públic en la tradició liberal que enceta Locke no només exerceix de «salvaguarda» de la propietat, també té cura de la seva «regulació», en favor del «bé públic». El poder, per tant, no ha de defensar drets i privilegis del que ara s’anomenen en filosofia política els «grups d’interessos especials» (privats), sinó que actua, repetim-ho: «únicament en pro del bé públic».(R.Alcoberro)



2.- Se plantea el debate sobre el estado de naturaleza, un estado anterior a la comunidad política, pre-político podríamos decir, regido por la ley natural y en el que los individuos son libres e iguales (ausencia de jerarquías políticas). Los seres humanos viven en completa libertad e igualdad dentro de los límites de la ley natural (racional). Esta ley –natural- autoriza a las personas a garantizar su propia supervivencia, su libertad y sus bienes, ejerciendo el derecho de reparación y represión, convirtiéndose en ejecutor de la ley natural. Pero esta condición no es perfecta, pues al convertirse en juez de su propia causa puede caer en parcialidad y violencia. Por tanto, no es, como señalaba Hobbes, la inclinación egoísta de la naturaleza humana lo que hace necesaria la sociedad civil, sino la imposibilidad legal del estado de naturaleza para defenderse de la arbitrariedad. Otra cuestión, que ya se plantea Locke en el mismo capítulo II es si existen o existieron alguna vez hombres en ese estado de naturaleza. Locke afirma que "todos permanecemos en ese estado hasta que por plena voluntad nos convertimos en miembros de una sociedad política". El debate sobre el estado de naturaleza conecta, como refleja el propio texto de Locke, con las narraciones de viajeros europeos sobre los pueblos "salvajes" o en la experiencia de los colonizadores, especialmente en América.

3.- Locke entra en el tema en el “estado de guerra” que Hobbes identificaba con el estado de naturaleza. Locke considera que es un estado diferente, el de aquellos “que no se someten a la ley natural de la razón”.

4.- Una de estas formas de violencia es la esclavitud que Locke  trata en el cap.IV, y cuya auténtica condición considera que es “la prolongación de un estado de guerra entre un vencedor legítimo y un cautivo”. Esta afirmación le permitirá justificar la esclavitud en los países conquistados por Gran Bretaña.  Fuera de esa situación –la guerra-, Locke afirma que existe una “libertad natural” que no reconoce otra ley para su conducta que de la naturaleza, y una “libertad en sociedad” que consiste en “no someterse a otro poder legislativo que el que se establece por consentimiento dentro del Estado”.

5.- En el capítulo V, Locke habla de uno de los que considera "derechos naturales", el derecho a la propiedad. Según Locke, la tierra pertenece al común del género humano. Hasta somos propietarios de nuestra propia persona. El trabajo, por otro lado, es considerado como algo que añade o agrega algo a la mercancía, y que, por ello, la excluye del derecho común de los demás. No obstante, Locke indica que el derecho a la propiedad posee un límite fijado por la razón: "Podemos apropiarnos de las cosas por el trabajo en la medida exacta en que nos es posible utilizarlas con provecho". "Dios -señala Locke- dio la tierra para el hombre trabajador y racional, no para el capricho de la avaricia...". No están mal estas consideraciones morales sobre el derecho a la propiedad, pero a continuación, Locke afirma que "la tierra no puede permanecer siempre como propiedad común y sin cultivar" (dos aspectos que no son incompatibles, pero que además podría justificar el robo y la explotación de las tierras de los pueblos colonizados por los europeos). En tiempos "primitivos", señala Locke, "todo el mundo era una especie de América", la medida de la propiedad lo señalaba la naturaleza, limitándola a lo que alcanzaba el trabajo de un hombre y las necesidades de la vida, lo que limitaba las posesiones de cada hombre a una proporción muy moderada. Tampoco tenían "la tentación de trabajar para conseguir más de lo que podían consumir", siendo fraudulento, "apropiarse de más de lo que necesitaba". Pero la invención del dinero estableció más tarde "las grandes posesiones y el derecho a ellas", lo que alteró el valor intrínseco de las cosas (su utilidad para la vida humana) y fomentó el "ansia de poseer más de lo que cada cual necesitaba".

8.- Locke vuelve sobre el origen de las sociedades políticas, e insiste en la necesidad del consentimiento de sus miembros al "someterse al poder político de otros" y salir del estado de naturaleza. Con ello conseguirían tres objetivos: "una vida cómoda, segura y pacífica de unos con otros", "el disfrute tranquilo de sus bienes propios" y la protección frente a miembros de otras comunidades. Para ello, deben actuar "como un solo cuerpo", en el que "la mayoría tiene el derecho de regir y obligar a todos" (ante la imposibilidad de alcanzar un consentimiento unánime, dada la variedad de intereses y opiniones dentro de la comunidad).

9.- Locke vuelve a insistir en que la finalidad máxima y principal del Estado es la salvaguardia de los bienes de sus miembros, una salvaguardia "muy incompleta en el estado de Naturaleza". Tampoco existe, en el estado de Naturaleza, un juez reconocido e imparcial, ni un poder suficiente que respalde la sentencia y la ejecute debidamente.

10.- Locke clasifica las formas de gobierno según quién disponga de la facultad de hacer leyes:

1.-por medio de funcionarios nombrados por la comunidad (democracia);

2.-en manos de unos pocos hombres selectos, y sus herederos y sucesores (oligarquía);

3.-o en manos de un solo hombre (monarquía hereditario o electiva).

La forma de gobierno dependerá, pues, de donde se coloque el poder supremo, que para Locke es el legislativo. El pueblo, al señalar en qué manos debe estar el poder legislativo, es el único que puede señalar cuál es la forma de gobierno de la comunidad política.




12.- Señala la división entre el poder legislativo, el ejecutivo y el federativo. Locke afirma la necesidad de dividir la tarea de aquellos que promulgan leyes y aquellos que deben hacerla cumplir. La razón se basa en la psicología humana: “la tentación demasiado fuerte para la debilidad humana, que tiene tendencia a aferrarse al poder". Mientras el poder legislativo puede ser intermitente, el poder ejecutivo “es un poder permanente, pues debe cuidar de la ejecución de las leyes mientras estén vigentes”. El poder federativo, por otra parte, es el que lleva consigo el derecho de la guerra y de la paz, el de constituir ligas y alianzas con personas y comunidades políticas ajenas. Tiene a su cargo los intereses y la seguridad de la población en el exterior. Según Locke, "este poder es más difícil de reglamentar mediante leyes positivas, y es imprescindible confiarlo a la prudencia y sabiduría de quienes están encargados para ejercerlo para el bien público. Para Locke, el poder ejecutivo y federativo son distintos, pero resulta difícil separarlos y ponerlos en manos de distintas personas".

13.- Locke detalla la subordinación de los poderes de la comunidad política. Aclara que el poder legislativo, "al que todos los demás se encuentran y deben estar subordinados", es, no obstante, un poder delegado por el pueblo, que puede así "apartar o cambiar los legisladores, si considera que actúan de una manera contraria a la misión que se les ha confiado". Frente al modelo de Hobbes, de cesión de derechos al gobernante, Locke considera que la comunidad "conserva perpetuamente el poder supremo de sustraerse a las tentativas y maquinaciones de cualquier persona" que atente a las libertades y propiedades de los individuos. No obstante, Locke señala que ese poder supremo del pueblo sólo se puede ejercer cuando el gobierno quede disuelto, y no cuando el pueblo se encuentre bajo alguna forma concreta de gobierno (cuando haya delegado su poder).

El poder ejecutivo puede intentar limitar el poder legislativo , pero advierte Locke, se coloca en estado de guerra contra el pueblo, y “éste tiene derecho entonces a restablecer al cuerpo legislativo en el ejercicio de sus facultades". Locke admite, no obstante, las dos posibilidades: el señalar periodos para la reunión de los legisladores o dejar al monarca libertad para convocarlos, o mezclar ambos sistemas. Locke considera que en la constitución de la asamblea legislativa debería pesar más la razón y la auténtica proporción respecto a la población que la costumbre. Pues como advierte bien Locke, "se conservan costumbres que perdieron su razón de ser".

18.- John Locke señalaba que la tiranía "es el ejercicio del poder fuera del Derecho, cosa que nadie debe hacer". El gobernante no se guía por la ley, sino por su voluntad. Y Locke se pregunta: ¿se puede ofrecer resistencia, aunque se corra el peligro de alterar el orden y la autoridad? Locke concede que se puede oponer la fuerza a la fuerza injusta e ilegal. La resistencia, parece decirnos Locke, sólo es legítimo en casos de extrema necesidad.  Locke parece querer distinguir entre la responsabilidad del rey -al que hay que intentar salvaguardar su autoridad- y la de los que cumplen sus mandatos. También considera que para legitimar esa resistencia, el daño debe ir más allá de algunos casos particulares, y debe alcanzar a la mayoría del pueblo, o constituir una amenaza para todos.

El derecho a la resistencia, podría parecer que estamos delante de un auténtico revolucionario. Sin embargo, este derecho a la resistencia es más teórico que real. Teniendo en cuenta la composición del Parlamento -real- en el que estaba representada la gentry -clases altas-, se hace difícil de ver cómo se impondrían leyes que fuesen contra sí mismos. Más arriba se hablaba de las condiciones reales en las que vivía la inmensa mayoría de la población y que no se reflejaba en el Parlamento. Locke es el portavoz de la nuevas clases dominantes en la Inglaterra del siglo XVII.

19.- Locke plantea la cuestión de la disolución del gobierno, cuando el poder legislativo, al que considera el alma de la comunidad política, ha sido derribado o disuelto. Locke hace aquí referencia al modelo inglés, en el que el poder legislativo es ejercido simultáneamente por el monarca, una asamblea constituida por la nobleza hereditaria y una asamblea de representantes elegida temporalmente por el pueblo. En este modelo, ni el rey puede disolver las otras dos partes del poder legislativo, ni éstas alterar el poder legislativo en contra o sin el apoyo del monarca. Locke añade que cuando los legisladores intentan arrebatar al pueblo sus propiedades, o someterlo a la esclavitud de un poder arbitrario, "se colocan en estado de guerra con el pueblo, y éste queda libre de seguir obedeciéndoles".

Locke afirma la dignidad del pueblo, pues son “capaces de soportar sin rebelarse y sin murmurar grandes errores de sus gobernantes, muchas leyes injustas y molestas y todos los deslices a que está expuesta la fragilidad humana". Locke afirma sino será la desobediencia la respuesta a la injusticia de los poderosos. No hay que culpar a éste último (desorden) a los que defienden su derecho, sino a quienes atropellan el de la comunidad.

¿Quién puede juzgar si el rey o el poder legislativo obra en contra de la misión que se les ha confiado? Locke responde con rotundidad: el conjunto del pueblo. ¿Y si el príncipe o el legislador no reconoce semejante tribunal? Entonces, señala Locke, en ese estado de guerra, en el recurso a la fuerza, sólo queda "apelar al Cielo".

Ressenya: Espíritus del Presente

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