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La mort de Sartre: fer-se vell és una merda (II)

II


Funerals de Sartre a París 

(19 d'abril de 1980)


Sartre està molt malalt i físicament afeblit. Els seus problemes de salut s'han  agreujat i necessita cada vegada més ajuda. Simon de Beauvoir descriu sense idealitzar la seva pèrdua d'autonomia.

"El miércoles 19 de marzo pasamos una velada agradable con Bost, sin volver sobre el tema. Justo antes de acostarse, Sartre me preguntó:

—Esta mañana, en Les Temps Modernes, ¿han hablado de la entrevista?" 

Al matí Sartre es trobava malament. "Tuve miedo. Quise llamar por teléfono, pero la línea estaba cortada; Puig había olvidado pagar el recibo. Rápidamente me vestí y llamé desde la casa de la portera a un médico que vivía al lado y que vino en seguida." 

"Le hicieron una sangría, le pusieron unas inyecciones y se ocuparon de él durante cerca de una hora. Luego lo acostaron en una especie de camilla con ruedas, que recorrió un largo pasillo, mientras respiraba el oxígeno que un médico sostenía sobre su cabeza, lo metieron en el acensor y lo llevaron hasta la ambulancia que aguardaba frente al portal. No sabíamos a qué hospital lo iban a llevar, llamarían por teléfono al portero; subí a casa de Sartre a arreglarme. Ahora que estaba en buenas manos, pensaba que la crisis se detendría." No anulé la cita que tenía con Den y Jean Pouillon, con quienes iba a comer. No imaginaba, al cerrar la puerta del apartamento para reunirme con ellos, que nunca más se abriría para mí." (p.160-1)

Los médicos me informaron al día siguiente por la tarde que tenía un edema pulmonar, que le causaba fiebre, pero que se le reabsorbería pronto. 

"En los días siguientes, la fiebre bajó y dejó de delirar. La crisis se había producido, me dijeron los médicos, por falta de irrigación en los pulmones; las arterias hacían mal su trabajo. Pero actualmente la circulación pulmonar se había restablecido. Pensábamos partir muy pronto para Belle-Île y Sartre estaba contento:

—Sí, estaremos bien allá; no pensaremos más en esto." (p.161)



Continua mantenint activitat intel·lectual i preocupacions polítiques. Tot i el  deteriorament del cos, Sartre conserva l'interès per les persones i pels problemes socials i polítics que l'havien preocupat durant tota la vida.


"Pude conocer por fin esta conversación, firmada por Sartre y Benny Lévy —el verdadero nombre de Victor—, ocho días antes de la fecha de publicación. Me consternó; no se trataba en absoluto de ese “Pensamiento plural” al que Sartre hacía referencia en Obliques"

—¡Victor quiere absolutamente que todo el origen de la moral esté en la Torá! ¡Pero yo no estoy de acuerdo! —nos decía."(p.158)

"Sartre siempre había escogido pensar contra sí mismo; pero esto no había sido nunca para hundirse en la facilidad. Esa filosofía vaga y blanda que Victor le atribuía no le convenía en absoluto.2 ¿Por qué la adoptó?" (p.159)

"Sartre había vivido siempre proyectado hacia el futuro: no podía vivir de otra manera. Reducido al presente, se consideraba muerto.*Viejo, su cuerpo en peligro, casi ciego, el porvenir le resultaba inaccesible. Recurrió a un sucedáneo: militante y filósofo, Victor encarnaría el nuevo intelectual con el que Sartre soñaba y que había contribuido a crear." (p.159)


Les estades a l'hospital es fan freqüents. Els metges intenten tractar les seves diverses complicacions, però la seva situació és cada vegada més fràgil.


"Pronto pregunté al doctor Housset cuándo podría salir. Me respondió con indecisión: “No puedo decírselo… Está débil, muy débil”. Y, dos o tres días más tarde, me dijo que Sartre tenía que bajar otra vez al servicio de reanimación: solamente allí." (p.162)


"Creía vagamente que al principio había sido hospitalizado en las cercanías de París. Parecía cada vez más cansado; empezaba a tener escaras y su vejiga funcionaba mal. Fue necesario hacerle una desviación y, cuando se levantaba, lo que era muy raro, llevaba consigo una bolsa de plástico llena de orina." (p.162)



Simon de Beauvoir viu la situació amb angoixa. Està molt vinculada a Sartre, i el relat mostra tant la seva preocupació per ell com la dificultat d'acceptar que està arribant al final de la seva vida.


"Allí oí al profesor Housset y a otro doctor, que hablaban entre ellos, pronunciar la palabra “uremia”. Comprendí que Sartre estaba perdido y, como sabía que la uremia suele provocar atroces dolores, empecé a llorar y me arrojé en los brazos de Housset.

—¡Prométame que no se verá morir, que no sentirá angustia, que no sufrirá!

—Se lo prometo, señora —me respondió gravemente." (p.162-163)

"Los médicos me explicaron después que los riñones ya no estaban irrigados, y por consiguiente ya no funcionaban. Sartre orinaba, pero no eliminaba la urea. Para salvar un riñón hubiera sido necesario una operación que no podía soportar; y entonces sería el cerebro, por donde la sangre no circularía correctamente, lo que provocaría la chochera. No había más solución que dejarlo morir en paz." (p.163)


"—Sólo hay un momento un poco desagradable; por la mañana, cuando curan mis escaras —me dijo—. Pero eso es todo.

Esas “escaras” eran horribles a la vista (felizmente, él no podía verlas): grandes costras violáceas y rojizas. De hecho, por falta de circulación sanguínea, la gangrena le había atacado el cuerpo." (p.163)

(...)

"Pero al día siguiente me preguntó:

—¿Cómo vamos a hacer para pagar los gastos del entierro?

Protesté, por supuesto, y desvié la conversación asegurándole que los gastos de la hospitalización corrían a cargo de la seguridad social. Pero comprendí que se sabía condenado y que ello no lo turbaba. Pero volvía a tener la preocupación que lo había atormentado los últimos años: la falta de dinero. No insistió ni me planteó ninguna pregunta sobre su salud. Al día siguiente, con los ojos cerrados, me agarró de la muñeca y me dijo:

—La quiero mucho, mi pequeña Castor." (p.163-164)


"Housset me afirmó también que las contrariedades que había padecido no habían influido para nada en su estado; una crisis emocional violenta le habría ocasionado, quizás, en un momento dado, algunos efectos funestos pero, diluidos en el tiempo, las preocupaciones, los disgustos no alteraron en absoluto la causa de la enfermedad: el sistema vascular. Añadió que éste se habría deteriorado fatalmente en un futuro próximo: en dos años como máximo el cerebro habría sido afectado y Sartre hubiera dejado de ser él mismo." (p.164)



En els darrers moments, Sartre està envoltat de persones properes. La seva situació es deteriora fins que finalment mor el 15 d'abril de 1980, a París.


"El 14 de abril, cuando volví, dormía; se despertó y me dijo unas palabras sin abrir los ojos: después me ofreció la boca. Lo besé en la boca, en la mejilla. Se durmió. Estas palabras, estos gestos, insólitos en él, se situaban evidentemente en la perspectiva de la muerte." 

"—¿Adónde conduce todo esto? ¿Qué me va a ocurrir?

Pero no era la muerte lo que le inquietaba: era su cerebro. La muerte, seguro que la presentía, pero sin angustia. Estaba “resignado”, me dijo Housset, o mejor, dijo corrigiéndose, “confiado”. Sin duda los euforizantes que le suministraban contribuyeron a este sosiego. Pero sobre todo —salvo en la primera época de su semiceguera— había soportado siempre con humildad lo que le ocurría." (p.164)


"El martes 15 de abril por la mañana, cuando pregunté, como de costumbre, si Sartre había dormido bien, la enfermera me respondió:

—Sí, pero…

"Fui en seguida al hospital. Dormía, respirando con bastante dificultad; visiblemente estaba en coma desde la noche anterior. Durante unas horas me quedé allí mirándolo. Hacia las seis dejé el sitio a Arlette, diciéndole que me llamara si ocurría cualquier cosa. A las nueve sonó el teléfono. Me dijo:

—Se terminó.

Fui con Sylvie. Se parecía a sí mismo, pero ya no respiraba." (p.164-165)



Després de la mort, Beauvoir descriu sobretot el buit que deixa Sartre. La seva mort significa per a ella la desaparició del seu company de tota una vida, amb qui havia compartit una relació intel·lectual i afectiva excepcional.


"Sartre me había dicho con frecuencia que no quería ser enterrado en el Père-Lachaise entre su madre y su padrastro: deseaba ser incinerado."

"Mientras lo velábamos, los periodistas asaltaron el pabellón. Bost y Lanzmann fueron a ordenarles que se marcharan. Se ocultaron. Pero no lograron entrar. En el momento de la hospitalización también habían intentado hacer fotos: dos de ellos, vestidos de enfermeros, trataron de colarse en la habitación, pero fueron expulsados."

"Las enfermeras cuidaban de bajar las persianas y colocar unas cortinas en las puertas para protegernos. Una fotografía, sin duda tomada desde un tejado próximo, que mostraba a Sartre dormido, apareció, a pesar de todo, en Match."

"En un momento dado, rogué que me dejaran sola con Sartre y quise tenderme a su lado, bajo las sábanas. Una enfermera me detuvo:

—No, cuidado…, la gangrena.

Entonces comprendí la verdadera naturaleza de sus escaras. Me acosté sobre la sábana y dormí un poco. A las cinco entraron unos enfermeros. Cubrieron el cuerpo de Sartre con una sábana y una especie de funda y se lo llevaron." (p.165)


"El entierro se fijó en principio para el viernes, después para el sábado, para que pudiera asistir más gente. Giscard d’Estaing mandó decir que sabía que Sartre no hubiera querido funerales nacionales, pero propuso que las exequias corrieran a su cargo: nos negamos. Se empeñó en ir a recogerse unos momentos ante los restos mortales de Sartre." 


"El viernes comí con Bost y quise volver a ver a Sartre antes del entierro. Fuimos al anfiteatro del hospital. Trajeron a Sartre en un ataúd, vestido con el traje que Sylvie le había comprado para ir a la ópera. (...) Estaba sereno, como todos los muertos, y como la mayoría de ellos, inexpresivo." (p.166)


"Algunos amigos de Les Temps Modernes organizaron un cordón detrás del coche y, alrededor, algunos desconocidos formaron, espontáneamente, una cadena dándose las manos. En general, durante todo el trayecto la muchedumbre estuvo disciplinada y calurosa.

—Es la última manifestación del 68 —dijo Lanzmann." (p.166-167)


"Yo no veía nada. Me encontraba más o menos anestesiada con el Válium y resistía con todas mis fuerzas para no desplomarme. Me decía que era exactamente el entierro que Sartre deseaba, y que no se enteraría. Cuando me bajé del coche, el ataúd estaba ya en el fondo de la fosa. Pedí una silla, y permanecí sentada al borde de la fosa, con la cabeza vacía. Vi gente subida a las tapias, sobre las tumbas un hormigueo confuso. Me levanté para ir al coche: se encontraba a diez metros, pero el barullo era tal que creí asfixiarme." (p.167)


"Pasé los tres días siguientes en casa de Sylvie. El miércoles por la mañana tuvo lugar la incineración en el cementerio de Père-Lachaise, pero me encontraba demasiado agotada para ir. Me dormí y —no sé cómo— me caí de la cama y me quedé sentada sobre la alfombra. Cuando Sylvie y Lanzmann, al volver de la incineración, me encontraron, deliraba. Me hospitalizaron. Tenía una congestión pulmonar, de la que me restablecí en dos semanas." 


"Las cenizas de Sartre fueron trasladadas al cementerio de Montparnasse. Todos los días manos desconocidas depositan sobre su tumba ramilletes de flores recién cortadas." (p.167)


"Hay una cuestión que en realidad no me he planteado y el lector quizá lo haga: ¿no debería haber prevenido a Sartre de la inminencia de su muerte? Cuando estaba en el hospital, debilitado, sin fuerzas, sólo pensé en disimular la gravedad de su estado. ¿Y antes? Él siempre me había dicho que en caso de cáncer o de otra enfermedad incurable querría saberlo. Pero su estado era ambiguo. Estaba en peligro, pero ¿resistiría aún diez años, tal como él deseaba, o se acabaría todo en uno o dos años? (...). Si hubiera conocido con más precisión la amenaza que pendía sobre él, habría ensombrecido inútilmente sus últimos años. De todas maneras, yo navegaba como él entre el temor y la esperanza. Mi silencio no nos separó." 



Tomba Sartre-De Beauvoir*.



"Su muerte nos separa. Mi muerte no nos unirá. Así es: ya fue hermoso que nuestras vidas hayan podido estar de acuerdo durante tanto tiempo." (p.167-168)


La mort de Sartre: fer-se vell és una merda (II)

II Funerals de Sartre a París  (19 d'abril de 1980) Sartre està molt malalt i físicament afeblit. Els seus problemes de salut s'...