Clásicos del humor: el Perich
Reseña: Critón de Platón
Reseña:
Platón, Diálogos I, Critón. Trad. y notas, J.Calonge, Biblioteca Clásica Gredos, Editorial, Madrid, 1985.
En la nota introductoria a la obra, J.Calonge nos da unas pinceladas acerca de la ubicación del texto dentro de la obra de Platón. Muy cercana a la Apología, trata de las horas previas a la ejecución de Sócrates. Critón, amigo y discípulo del maestro viene con la intención de que se sustraiga a la aplicación de la condena, y huya antes de que los barcos de Delos lleguen a Atenas*. En la nota a al pie (1) nos explica esta costumbre. “Todos los años se enviaba una procesión a Delos en recuerdo de la victoria de Teseo sobre el Minotauro, victoria que liberó a Atenas del tributo humano que debía pagar a Minos. Desde que la nave salía hasta su regreso, no se podría ejecutar ninguna sentencia de muerte*”. (pàg.194)
El Critón, es el diálogo más breve de la obra de Platón. Su brevedad, no significa que Platón no estuviera interesado o que su contenido ya hubiese sido expuesto en la Apología, por ejemplo. No es seguro, dice Calonge, que el Critón sea la continuación de la Apología. Si queda claro, que el problema que se plantea es de primer orden. Sócrates rechazará la sugestión de Critón para que se evada del lugar donde está encerrado en espera de la muerte. ¿Es ético, evadirse ante una muerte segura? Sócrates da un ejemplo de virtud cívica ante Critón y todos sus amigos, al rechazar la oferta para que se sustraiga a la acción de la justicia ateniense. Así, Sócrates podrá decir a Critón: “-Por tanto, tampoco si se recibe injusticia se debe responder con la injusticia, como cree la mayoría, puesto que de ningún modo se debe cometer injusticia” (49b). La injusticia sea, la sentencia, no se limpia con la huida. Para Sócrates, las leyes de la ciudad son sagradas, aunque me perjudiques. No vale afirmar que son buenas porque benefician y malas cuando me perjudican.
Sócrates habla de lo que diría la ciudad y las leyes (polis y nomos). Así: “(…) ¿Pues a quién le agradaría una ciudad sin leyes? ¿Ahora no vas a permanecer fiel a los acuerdos? Sí permanecerás, si nos haces caso, Sócrates, y no caerás en el ridículo saliendo de la ciudad” (53a).
Sócrates acepta el veredicto de sus conciudadanos. No es que quiera morir, pero prefiere aceptar la muerte que romper con lo que ha querido ser siempre: un ciudadano de Atenas. La virtud (areté) no se mide ni por el aplauso de la mayoría, ni por el rechazo a la sociedad que te condena, sino en la entereza (andreia) de la propia rectitud. Sócrates, acepta el veredicto, y dos mil trescientos años después, seguimos preguntándonos, ¿qué haríamos nosotros, que no somos Sócrates?
Reseña: Días y libros de Emilio Lledó (III)
III
En esta tercera entrega trato de resumir el texto de Mauricio Jalón que es el editor de este libro y que nos habla de la figura de Emilio Lledó, en Lledó: Creación y medida.
Emilio Lledó (1927)
Los filósofos parecen condenados a estar etiquetados por corrientes de pensamiento, por continuadores de sus maestros, por las aportaciones creativas al ámbito de la familia filosófica. Algunos, sin quererlo, son elevados a los altares, para convertirse en monumentos intocables con su inevitable escolástica. Platón y Aristóteles son puntos de arranque del pensamiento occidental, no son los únicos, pero su peso en virtud de azares incontrolables, por ejemplo, su incorporación, no siempre pacifica, con el cristianismo, les dio una dimensión histórica que otros autores, fueron borrados del escenario.
Si imaginamos a los filósofos como pertenecientes a jugadores de futbol, ¿en qué equipo juega Lledó? Algunos “jugadores” crearon sus propios equipos, sea la Academia (Platón) o el Liceo (Aristóteles). Si nos venimos al siglo XX, resulta que los equipos o muchos de ellos, nacieron en el siglo XVIII y XIX. Las tradiciones filosóficas pesan muchísimo, pues, desde principios del XIX, los filósofos, o al menos una parte de ellos, ejercieron su magisterio en instituciones estatales, es decir, en universidades. Kant, Marx, Nietzsche proyectaron su sombra, algunos dirían mala sombra, en el siglo XX. El positivismo del siglo XIX, también se filtro en el siglo XX. El psicoanálisis, quería hacer positivismo de los procesos inconscientes. La ciencia empezaba a devorar todo el territorio que anteriormente, era de la filosofía. La filosofía se batía en retirada. El siglo XX nos ha dado la fenomenología (Husserl), el existencialismo (Sartre), no puede dejar de citar a Heidegger, que se sitúa entre la fenomenología y el existencialismo, a pesar de su negativa a ser adscrito al cualquier corriente determinada, por decirlo así, juega sólo, la hermenéutica (Gadamer). Uno de los motores del cambio de rumbo ejercido en el siglo XX ha sido la aparición del lenguaje como objeto de reflexión filosófica: autores como Russell, Wittgenstein y la filosofía analítica han puesto en el centro de sus reflexiones la cuestión del lenguaje. Se ha hablado del “giro lingüístico” para enfatizar esta cuestión. Las variantes y recreaciones de estas corrientes han dado lugar a una extraordinaria heterogeneidad en el territorio filosófico.
Después de este rapsódico apunte histórico, la cuestión sigue en pie. ¿Dónde juega Emilio Lledó? El propio Mauricio Jalón, apunta en esa dirección: “(…). Dada la agilidad de su expresión, se alza, pues, la cuestión del género o, si se quiere, la del emplazamiento del autor [La cursiva es mía]: asunto de mayor interés aún al considerar los pasajes de su trayectoria que este libro acoge en forma de breves escritos, apasionados y, sólo en apariencia, coyunturales.” (pág.15)
Reseña: Días y libros de Emilio Lledó (II)
II
El autor de estos misceláneos textos, nos introduce en la intención y justificación del presente volumen. Nada mejor que dejar que hable el autor, un autor vivo, tiene el interés de expresar intenciones que son comprensibles para los lectores de su tiempo. Imposible en los casos que nos separan un abismo, por ejemplo, Homero, y sin embargo, seguimos leyéndolo, a pesar que su intención nos es desconocida y no sabemos nada de los intereses que le movieron a escribir sus obras, que milagrosamente nos han llegado desde la noche de los tiempos.
El texto se abre con “palabras para esta edición” (pág. 11). Nos dice al principio: “Hay algo en este libro de historia personal, de historia de mi juventud.(…) [En estos textos] se reflejan mis años de estudiante en Heidelberg entre 1953 y 1962. Una pequeña memoria de lecturas que entonces hice y que son testimonio de mis intereses.”
Nos sigue confesando: “Evocaba casi sin querer la época en la que huía de mi país, intentando respirar otros aires y, sobre todo, buscando otra universidad. (…) Pero lo que encontré en la Universidad de Heidelberg tenía la marca de esos dos conceptos esenciales que caracterizaron el pensamiento de Humboldt: soledad y libertad. Soledad que no era aislamiento de la sociedad sino la posibilidad de un encuentro inmediato con la cultura y con las humanidades. Y ese encuentro trajo a aquel estudiante muchos de los libros que aquí se reseñan, y muchos de los “días” que se llenaron con la luz de un entusiasmo juvenil que la relectura de estas páginas me ha traído de nuevo” (pág.11)
Lledó habla de uno de los conceptos esenciales de su quehacer filosófico, la memoria. “(…), los ecos de esas lecturas, de esos días de mi juventud, confluían en los momentos presentes, en el río de mi propia memoria. Y ese río por el que circulaba mi vida me permitía bañarme ora vez en el. El famoso fragmento de Heráclito [frag.92*] no coincidía con esta experiencia: el agua que fluía en ese cauce era, en el fondo, siempre la misma”. (pág.11)
Evoca autores que han hablado con mejor tino sobre cuestiones que nos tienen “confundidos y trivializados”, temas como la identidad, la ideología, tales autores aparecen en la galería que Lledó reseña con pulcritud y empatía.
En fecha tan lejano como 1914, escribía Russel lo siguiente: “para nosotros, para quienes la seguridad se ha convertido en monotonía, para quienes el primitivo salvajismo de la naturaleza está tan remoto que se ha vuelto un simple aderezo agradable para nuestra ordenada rutina”. Dos años después se iniciaba un ciclo de guerras devastadoras en Europa. ¿Podemos aprender la historia? ¿Podemos evitar los errores y horrores que han aplastado al hombre corriente?
Lledó evoca a I.Kant en su libro “Sobre la paz perpetua” (1795), para recordarnos lo siguiente:
“(…) Estos hábiles políticos se ufanan en poseer una ciencia práctica; pero lo que dominan es la técnica de los negocios y […] están dispuestos a no olvidar su propio provecho y a sacrificar al pueblo y, si es posible, al mundo entero.”
Como dice Lledó: “Después de dos siglos, las palabras de Kant siguen tan vivas como cuando se escribieron. Su actualidad nos permite, sin embargo, adivinar uno de los problemas esenciales de la historia humana en la que, junto a la miseria, la ignorancia y la violencia, se lucha además por afirmar los ideales del progreso y la inteligencia. También por sostener “la lucha por la racionalidad”, por “el lugar de la memoria” en el que el espacio construido por los arquitectos de la cultura nos permite atisbar el “perdido concepto de la armonía interior, del equilibrio, de la alegría […] “. (pág.12)
Acaba el texto agradeciendo a los editores “que me acercaron, con él, a mi propia vida”. (pág.13)
III
En esta tercera entrega trato de resumir el texto de Mauricio Jalón que es el editor de este libro y que nos habla de la figura de Emilio Lledó, en Lledó: Creación y medida.
Reseña:
Emilio Lledó, Días y libros, Edición de Mauricio Jalón. Austral, Barcelona, 2018.
Reseña: Días y libros de Emilio Lledó (I)
Ressenya:
Emilio Lledó, Días y libros, Edición de Mauricio Jalón. Austral, Barcelona, 2018.
Leer a Lledó es una experiencia inolvidable. Es nuestro sabio por antonomasia –me gusta esa palabra-. Su estilo sencillo y lleno de matices, es capaz de introducirnos en todos los problemas que plantea al hilo de sus reseñas y comentarios en cuestiones de actualidad. El arco de tiempo que abarca estas breves “pepitas de oro”, las hay desde 1952 – Un problema Occidental- hasta 1993 – Carta desde Berlín- del propio Lledó.
Lledó nos pasea con mano amiga pero firme, por los vericuetos del pensamiento occidental al hilo de reseñas de autores alemanes mayoritariamente, que desgraciada-mente, no se han traducido. Su profundo conocimiento de la historia de la filosofía nos permite averiguar el núcleo de los problemas que se van planteando.
Presocráticos, Platón, hay que recordar que Lledó escribe un texto esencial en su introducción a las obras de Platón, vol I, editorial Gredos, donde contextualiza y analiza todo lo que hay que saber sobre las obras y el significado siempre abierto de Platón. Aristóteles, y su reivindicación de un autor clásico, que es capaz aún de pervivir para hacernos reflexionar hoy, destruyendo una imagen anquilosada y caduca. Epicuro, Plotino, Descartes, Kant, que esboza una síntesis excelente sobre los problemas planteados por el autor de la Crítica de la razón pura. Hegel, el idealismo alemán, Dilthey, la hermenéutica y Gadamer. Cerrando con una imprescindible reseña de Filosofía 87 cuyo editor es Vattimo.
El núcleo central, es imposible resumir todos los hilos que recoge Lledó, pero simplificando al máximo, diríamos que lo que está en juego es el hombre concreto. Ese hombre que desde Grecia para circunscribirnos a nuestra cultura, apostó por el logos, el lenguaje, y la necesidad de saber. Vivimos tiempos menesterosos, donde la velocidad se confunde con el saber, estamos inundados de información, pero nos falta saber, falta ese momento imprescindibles que es la reflexión, la introspección, la necesidad de tomar distancia de las cosas, antes que nos devore esa anarquía de propaganda que nos dice como debemos vivir, en medio de una tecnología que quiere controlarnos. ¿Cómo resistir esos embates? ¿Cómo construir una sociedad más humana, más libre, más fraternal y equitativa?
Lledó trata de darnos pistas. El lenguaje, el logos, la intersubjetividad, el diálogo real, la pasión, la racionalidad son elementos necesarios para resistir esa invasión de lo tecnológico en el espacio del “mundo de la vida”. Nada no es ajeno a cuanto acontece en nuestro mundo.
Unos textos que dan que pensar y permiten reflexionar sobre lo que somos y sobre todo queremos ser. Una de las pistas que se remite y remite en sus reseñas es el saber leer. Puede parecer una obviedad, pero el tema no es menor. Leer es conectarse con el autor del texto, y si ese autor hace siglos que escribió, es evidente que no escribió para nosotros, sino para sus conciudadanos. Esa capacidad de conectarnos con el pasado, permite que ese pasado traspase la barrera del tiempo y se haga presente en nuestro presente. Los clásicos, son esos autores que nos hacen reflexionar sobre nuestro presente, por eso, nunca caducan. Platón se enfrenta a los sofistas, pero toda su obra es una grandiosa reflexión sobre nosotros mismos, por eso, su lectura, aún puede ayudarnos a pensar sobre temas que siguen aún en pie: la justicia, la bondad, el amor, el saber, las paradojas del lenguaje, la política, la demagogia, la tiranía, no buscamos soluciones en Platón, sino que a través de su lectura, nos da un punto de lucidez para solventar esas cuestiones que encadenan nuestras sociedades.
El libro le falta un índice analítico que resultaría muy útil, dada la cantidad de nombres y corrientes que se manejan. Esto no es por culpa de Lledó, sino de la editorial.
El mito de la caverna
"Y a continuación -seguí- compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la educación o a la falta de ella, se halla nuestra naturaleza. Imagina una especie de vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en alto; y a lo largo del camino suponte que ha sido construido un tabaquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus maravillas.
- Ya lo veo - dijo. Callados. -¡Qué extraña escena describes -dijo- y qué extraños prisioneros!
- Iguales que nosotros - dije -, porque, en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos?
-¿Cómo - dijo -, durante toda su vida han sido obligados a mantener inmóviles las cabezas?
-¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo mismo?
-¿Qué otra cosa van a ver?
- Y, si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar ante ellos?
- Forzosamente.
-¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de enfrente? ¿Piensas que, cada vez que hablara alguno de los que pasaban, creerían ellos que lo que hablaba era otra cosa sino la sombra que veían pasar?
- No, ¡por Zeus! - dijo.
- Entonces no hay duda - dije yo- de que los tales no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados.
- Es enteramente forzoso - dijo.
- Examina, pues - dije -,qué pasaría si fueran liberados de sus cadenas y curados de su ignorancia y si, conforme a naturaleza, les ocurriera lo siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuello y a andar y a mirar a la luz y cuando, al hacer todo esto, sintiera dolor y, por causa de las chiribitas, no fuera capaz de ver aquellos objetos cuyas sombras veía antes, ¿qué crees que contestaría si le dijera alguien que antes no veía más que sombras inanes y que es ahora cuando, hallándose más cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos más reales, goza de una visión más verdadera, y si fuera mostrándole los objetos que pasan y obligándole a contestar a sus preguntas acerca de qué es cada uno de ellos.? ¿No crees que estaría perplejo y que lo que antes había contemplado le parecería más verdadero que lo que entonces se le mostraba?
- Mucho más - dijo.
- Y, si se le obligara a fijar su vista en la luz misma ¿no crees que le dolerían los ojos y que se escaparía volviéndose hacia aquellos objetos que puede contemplar, y que consideraría que éstos son realmente más claros que los que le muestran?
- Así es - dijo.
- Y, si se lo llevaran de allí a la fuerza - dije -,obligándole a recorrer la áspera y escarpada subida, y no le dejaran antes de haberle arrastrado hasta la luz del sol, ¿no crees que sufriría y llevaría a mal el ser arrastrado y, una vez llegado a la luz, tendría los ojos tan llenos de ella que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas a las que ahora llamamos verdaderas?
- No, no sería capaz - dijo -, al menos por el momento.
- Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder llegar a ver las cosas de arriba. Lo que vería más fácilmente serían, ante todo, las sombras; luego, las imágenes de hombres y de otros objetos reflejados en las aguas, y más tarde, los cuerpos mismos. Y después de esto le sería más fácil el contemplar de noche las cosas del cielo y el cielo mismo, fijando su vista en la luz de las estrellas y la luna, que el ver de día el sol y lo que le es propio.
-¿Cómo no?
- Y por último, creo yo, seria el sol, pero no sus imágenes reflejadas en las aguas ni en otro lugar ajeno a él, sino el propio sol en su propio dominio y tal cual es en sí mismo, lo que él estaría en condiciones de mirar y contemplar.
- Necesariamente - dijo.
- Y, después de esto, colegiría ya con respecto al sol que es él quien produce las estaciones y los años y gobierna todo lo de la región visible y es, en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas que ellos veían.
- Es evidente -dijo- que después de aquello vendría a pensar en eso otro. -¡Y qué! Cuando se acordara de su anterior habitación y de la ciencia de allí y de sus antiguos compañeros de cárcel, ¿no crees que se consideraría feliz por haber cambiado y que les compadecería a ellos?
- Efectivamente.
- Y, si hubiese habido entre ellos algunos honores o alabanzas o recompensas que concedieran los unos a aquellos otros que, por discernir con mayor penetración las sombras que pasaban y acordarse mejor de cuáles de entre ellas eran las que solían pasar delante o detrás junto con otras, fuesen más capaces que nadie de profetizar ,basados en ello, lo que iba a suceder, ¿crees que sentiría aquél nostalgia de estas cosas o que envidiaría a quienes gozaran de honores y poderes entre aquellos, o bien que le ocurriría lo de Homero, es decir, que preferiría decididamente "ser siervo en el campo de cualquier labrador sin caudal"o sufrir cualquier otro destino antes que vivir en aquel mundo de lo opinable?
- Eso es lo que creo yo - dijo -: que preferiría cualquier otro destino antes que aquella vida.
- Ahora fíjate en esto - dije -: si, vuelvo el tal allá abajo, ocupase de nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los ojos de tinieblas como a quien deja súbitamente la luz del sol?
- Ciertamente - dijo.
- Y, si tuviese que competir de nuevo con los que habían permanecido constantemente encadenados, opinando acerca de las sombras aquellas que por no habérsele asentado todavía los ojos, ve con dificultad - y no sería muy corto el tiempo que necesitara para acostumbrarse -, ¿no daría que reír y no se diría de él que, por haber subido arriba, ha vuelto con los ojos estropeados, y que no vale la pena ni aun de intentar una semejante ascensión? ¿Y no matarían , si encontraban manera de echarle mano y matarle, a quien intentara desatarles y hacerles subir?
- Claro que sí--dijo.
- Pues bien - dije -, esta imagen hay que aplicarla toda ella, ¡oh, amigo Glaucón!, a lo que se ha dicho antes; hay que comparar la región revelada por medio de la vista con la vivienda-prisión y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol. En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de éste, si las comparas con la ascensión del alma hasta la región inteligible no errarás con respecto a mi vislumbre, que es lo que tú deseas conocer y que sólo la divinidad sabe si por acaso está en lo cierto. En fin, he aquí lo que a mí me parece: en el mundo inteligible lo último que se percibe, y con trabajo, es la idea del Bien pero, una vez percibida, hay que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas; que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en el inteligible es ella la soberana y productora de verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder correctamente en su vida pública o privada."
(Platón. República. Libro VII,514a-517c)
1. La Actualidad del retrato platónico(1)
Los cuatro ámbitos o espacios del mito de la caverna muestran diferentes situaciones de nuestra actual condición.
a) En la caverna, los encadenados mirando las sombras ¿No es nuestra vida una existencia encadenada? Nacemos en una sociedad no elegida, con una estructura social bien trabada, con unas ideologías, un lenguaje, unas costumbres.
Y, nosotros, encadenados a nuestra sociedad, vemos como van desfilando a nuestros ojos unas sombras. ¿No es un desfile de apariencias la televisión? Y el cine —Platón sería el inventor—, ¿no es un carrusel de imágenes y no de realidades? Estas sombras seducen a los prisioneros, creen que son la realidad. Y, con su engaño, son muy felices. ¡Que bien se está mirando la televisión!
b) Se libera de las cadenas. Platón introduce una nota de optimismo: el encadenado —no sabemos como— se libera o le liberan de las cadenas. ¿Quién les desata?
Es posible, en nuestra sociedad, que un prisionero se sienta insatisfecho, que dude, que cuestione sus cadenas. Es posible llegar a descubrir el montaje, descubrir que en nuestra sociedad hay mucha mentira y simulación. Hay unos hombres y unos artilugios que producen engaño: publicidad, información filtrada, ...
¿Qué es lo que podía motivar la insatisfacción o la duda del prisionero? Los engañadores siguen incesantemente su camino trazado y engañador. ¿Se hallan también ellos encadenados?
c) El camino abrupto y laborioso de ascensión. El fuego —la electricidad, la técnica— es lo que posibilita este enorme montaje. Con el descubrimiento del fuego el hombre comienza su camino de superación.
¿Quién ha organizado este gran montaje? ¿Esta complicada mentira? ¿Cuál es la intención del engaño múltiple? ¿Existe un engañador no engañado?
Cuando el prisionero se libera de sus cadenas, entonces puede comenzar el largo y laborioso camino de emancipación, de liberación.
d) La salida al mundo exterior y "real" Después de un duro camino de ascensión, el prisionero llega a entrever la verdadera realidad. ¿Qué quiere decir "verdadera realidad"? ¿Cuál es la "verdadera realidad" en nuestra sociedad?
Cuando uno descubre el gran montaje y sale del engaño, ¿debe volver a dentro, informar y liberar a sus antiguos compañeros? Una disyuntiva moral! ¿Qué hizo Sócrates?
Adaptación hecha a partir del artículo [d][']Emilio Lledó,
[Lecturas] de uno [mito] [filosófico], [Resurgimiento], n º 1, 1980.
(1) Este apartado lo tomo prestado de la página de internet a la cual remito.
¿Adivina quién es...?
LA FIGURA DEL FILÓSOFO EN LA GRECIA ANTIGUA (II): Epicuro
1.- LA FIGURA DEL FILÓSOFO EN LA GRECIA ANTIGUA (PLATÓN Y EPICURO)
Frente a esta concepción filosófica []platonismo], se encuentra una nueva visión con el pensamiento griego, que se conoce con el nombre de filosofía helenística. El origen de esta nueva corriente, hay que situarla en un contexto de cambio radical en las condiciones políticas de las tradicionales polis griegas. La desaparición de las polis griegas debido al surgimiento del Imperio de Alejandro Magno, se expresa después de su muerte en el 323 a.C.,y llega hasta el periodo grecorromano, donde la cultura hegemónica será el griego, tanto en su cultura como lengua. Si políticamente las ciudades-estados desaparecen, surge una nueva visión del nuevo orden existente que empieza a emerger. El ciudadano despojado de sus funciones políticas deberá refugiarse en el orden individual, surge por otra parte, una nueva concepción del individuo, ya no como ciudadano de tal o cual estado, sino ciudadano del mundo, barriendo las fronteras territoriales, y deja de tener sentido, la separación tradicional entre griego y bárbaro. El pensamiento helenístico perduró hasta el siglo II d.C.
La filosofía como hija de su época, debió adaptarse a la nueva situación, los grandes esquemas filosóficos dejaron de tener significado, si es que alguna vez lo tuvieron, para redefinirse en un nuevo contexto. Si la filosofía debía tener algún significado, este debía ofrecer consuelo. La filosofía como guía o modelo de vida que busca la felicidad. ¿Cómo conseguirla, si todo aquello que era nuestro horizonte de sentido, se ha perdido? La respuesta es sobre todo modesta, acomodaticia. No se trata de borrar en el nuevo horizonte que se está dibujando, sino más bien situarse a la expectativa. Por eso las soluciones filosóficas buscan: la ataraxia, la apatía o la epojé. Es verdad, que estas soluciones, requerían de un público cultivado, frente a una nueva incursión de religiosidad de origen oriental, donde se dan la mano, la magia la astrología y el pensamiento redentor, que ponía a prueba a un pensamiento que se sabía racional.
La Academia platónica expresaba la conexión ideal entre saber y poder, en la nueva situación creada por el imperio, lo adecuado era encerrarse en el jardín. Es lo que hace Epicuro (341-270 a.C). Funda su escuela, denominada el Jardín, un centro donde lo esencial es el amor a la naturaleza, el cultivo de la amistad y un consciente desprecio a la acción política.
Epicuro, se centra en su doctrina ética pero para su fundamentación precisará de una teoría física que retoma a la de Demócrito y sus átomos, y una teoría del conocimiento de raíz sensualista. Epicuro quiere desterrar tres temores que asolan las almas de los hombres. Estos temores son el destino, los dioses y la muerte. No pretende vencerlos, no puede. Pero si puede disolverlos en el entendimiento. Si comprendemos la naturaleza del alma, si entendemos que la muerte no nos puede afectar, y si el destino no es más que una ley que sigue el azar y la necesidad del movimiento de los átomos, entonces, nuestros temores, no son nada. El miedo deja paso al estado que Epicuro denomina ataraxia.
El fin último del hombre nos explica Epicuro es la felicidad. Y esta se expresa en el placer. Es verdad que dicho placer no es puramente sensualista, también y especialmente intelectivo. El placer requiere un de cálculo que evite el exceso, existe una especie de contabilidad del alma donde el saldo debe ser un placer de más largo alcance que la inmediatez de lo instantáneo. Este placer mediato se expresa a través del saber y la amistad. ¿Por qué su filosofía fue siempre tan encarnizadamente denostada y aborrecida? La respuesta se halla en su canto a la vida, a lo corpóreo. El cristianismo que se impuso a partir del siglo III, sus dogmas rechazaban lo corporal –como Platón-, y exaltaba lo espiritual. Se identificó la carne como lo demoníaco. Y, en este contexto, se entiende el horror que sentían por un pensamiento que exaltaba lo corporal y no temía a los dioses. Este rechazo a los dioses hizo que K.Marx en el siglo XIX, escribiera su tesis doctoral sobre Epicuro.
Epicuro nos dice “vive retirado”, he aquí un lema que expresa este descentramiento que se produce en el helenismo. La autarquía expresa este retiro público para cultivar y cuidar nuestro cuerpo y nuestra alma. La vida ya no es acción política en el ágora, sino retiro en compañía de quienes comparten ideales y aspiraciones de orden individual, no pretenden cambiar el mundo, sino acomodarse a los cambios que tenían que venir y, prepararse para soportar con dignidad el devenir histórico que les toco vivir.
Si bien es cierto que el epicureísmo tendió a la inacción política, no lo fue en el caso del estoicismo que llegó a tener en sus filas a nada menos que un emperador romano: Marco Aurelio (121-180).El mensaje del estoicismo es simple: vive de acuerdo con los dictados de la Naturaleza. El estoicismo parece decirnos que el orden natural está regido por una ley cósmica y ésta puede ser conocida por el hombre. Para poder acomodarse a esta ley se requiere una aceptación racional absoluta. Y para ello es imprescindible controlar nuestras pasiones, que son fuente de desesperación e infelicidad. Por ello adoptan la apatía. La apatía consiste en una actividad intelectualista de comprensión frente a los horrores de la vida. El destino puede ser cruel, pero para el estoico saber comprender o al menos aceptar la inevitabilidad de las cosas supone el primer paso para la búsqueda de la apatía. El ideal del sabio estoico, es una especie de ser por encima del dolor y la alegría, en el fondo es la versión pagana del ideal cristiano del santo. Y ambos no son de este mundo.
LA FIGURA DEL FILÓSOFO (I): Platón
1.- LA FIGURA DEL FILÓSOFO EN LA GRECIA ANTIGUA (PLATÓN Y EPICURO)
¿Quién no tiene en la mente la idea de que la filosofía es realizada por individuos extraños o extravagantes dedicados a sus pensamientos sin hacer caso del mundo que les rodea?
El pensamiento filosófico ha oscilado entre el hermetismo más extremo al análisis más banal de eso que denominamos realidad. La filosofía “eso que hacen los filósofos” ha dejado en general en la indiferencia más absoluta a la inmensa mayoría de la sociedad de cada etapa histórica. En el mundo antiguo el conocimiento se expresaba a través de la palabra –por ello Platón en su famoso mito de Theuth y Thamus, que aparece en el Fedro (274c-277 c) recela del valor de lo escrito, él que ha escrito una obra escrita inmensa-, la palabra que expresaba la sabiduría popular –Homero, Hesíodo- donde cada polis un rapsoda –poeta- recitaba las gestas e historias de un pasado inmemorial, el pensamiento filosófico se encontraba alejado de las preocupaciones inmediatas de la gente. La palabra del poeta entraba como flechas en el corazón y en la memoria del auditorio que sabía el contenido de la historia inmemorial, pero que esperaba que el poeta enriqueciera con su talento e imaginación nuevas historias que tendían a reforzar los lazos de los individuos de la polis, al emparentar a ésta con algún héroe de la localidad.
¿Qué podía decir la filosofía que pudiera desbancar a los poetas? La respuesta inmediata sería nada. Sin embargo, seamos menos tajantes. La filosofía nos dice la historiografía se propone racionalizar el mito, eso lo dicen Burnett, Cornford,etc.¿Qué significa racionalizar el mito? Probablemente quiere decir muchas cosas o nada, todo depende de la perspectiva desde la cual se enfrente el autor. ¿Tales de Mileto (s.VI a.C) racionaliza el mito? No sabemos con certeza el significado de su pensamiento, pues, todo el periodo conocido como presocrático apenas nos ha dejado testimonio escrito. Esto supone que la filología del siglo XIX y de este siglo, han tenido que reconstruir el pensamiento de unos hombres que vivieron y sintieron en una época y un tiempo que ya no podemos captar en su plenitud y para el cual nosotros solamente podemos hacer una reconstrucción con los elementos que el paso del tiempo ha dejado. La figura del filósofo como sabio o bufón aparece precisamente con Tales de Mileto, el primer autor filosófico que tenemos noticia. Para el mundo antiguo Tales es uno de los siete sabios de Grecia. Nos cuentan los doxógrafos –autores que recopilaron datos de otros autores- que mientras Tales se dedicaba a pensamiento elevados –no tenemos ni idea si esa historia es verdadera o falsa-, cae en una zanja en medio del camino. ¿Qué clase de personas son los filósofos que pretenden dar lecciones a los demás, si no son capaces de cuidarse de sí mismos?
Seguramente, para contrarrestar esta historia, también se cuenta su reverso, nos lo cuenta Aristóteles en su Política, I,1259 a 9:”(..) cuentan que previniendo, por sus conocimientos de astronomía, que aquel año habría buena cosecha de aceitunas (..)arrendó los molinos de aceite de Mileto y Quíos (..) y, cuando llegó el momento oportuno, los realquiló al precio que quiso (..).Demostró, así, que es fácil a los filósofos enriquecerse, pero que no es eso lo que les interesa”.
Precisamente, este desinterés en no enriquecerse, es lo que hace a los filósofos sospechosos. Si todos queremos ser más de lo que somos, ¿no resulta sospechoso que alguien haga alarde de no querer lo que los demás desean y anhelan?
El pensamiento filosófico se ha caracterizado en términos generales por ser una reflexión alejada de los intereses cotidianos de la inmensa mayoría de la gente. Sin embargo, también los filósofos son ciudadanos que como hijos de su tiempo, viven los mismos problemas que sus conciudadanos. Aristóteles nos dejó un mensaje esencial en el quehacer filosófico, para hacer filosofía se requiere unos requisitos básicos sin los cuales no puede darse esa actividad que es filosofar. Estos requisitos, suponen tener las necesidades básicas satisfechas, parece indicar que en una sociedad no podría surgir la filosofía si no tuviese satisfecha el más elemental de las necesidades: el hambre.
En la Grecia antigua el problema de las necesidades básicas, tiene en la institución de la esclavitud, su explicación. Un mundo agrario y mercantil, a la vez que guerrero, generó un tipo de sociedad que hacia el siglo V a.C, supuso el nacimiento de la democracia. Isegoría e isonomía son los dos conceptos que permitieron el desarrollo de una nueva forma de gobernar los asuntos generales. Isegoría, significa igualdad de palabra. Solamente los iguales están en posesión de decir. Isonomía, significa, igualdad ante la ley. La ley es uno de los triunfos del mundo griego y especialmente en Atenas, donde el “nomos” –ley- se imponía a todos los ciudadanos. Es significativo que diferentes filósofos tuvieran el encargo de redactar constituciones-leyes- para sus respectivas polis. Así destacan entre otros: Platón, que en su intento de instaurar al rey-filósofo buscó en Sicilia el lugar donde restaurar la justicia. Parménides también fue encargado por sus conciudadanos para la redacción de las leyes.
Platón es la quintaesencia del pensamiento metafísico, que al decir de Nietzsche, corrompe definitivamente el pensamiento iniciado por los presocráticos. ¿Por qué Platón expresa ese sentimiento de un pensador alejado de los problemas cotidianos de sus contemporáneos? Los sofistas a los cuales Platón veía como el producto bastardo de una sociedad en descomposición, fueron siempre partidarios de la democracia y, su visión escéptica –antidogmática-, así como su relativismo en todos los ordenes –religiosos, éticos, etc.-, fueron siempre el blanco de los ataques de Platón.
Platón nos cuenta en su Carta VII, que su pasión más profunda fue la política. La política entendida como expresión de la justicia. Una justicia que no es de este mundo si no el mundo del mito –el mundo de las ideas-. Buscar la justicia es el camino del filósofo hacia la luz –alegoría del mito de la caverna. Somos prisioneros de lo sensible, viene a decirnos Platón, mientras que no seamos capaces de cuidar el alma, nos dice, en el Fedro no habrá posibilidad de rehabilitarnos. La filosofía como guía hacia el conocimiento que asegure de una vez por todas la justicia. Platón establece una correspondencia entre la estructura de la sociedad y el alma. Una visión jerarquizada que suponía en paso atrás en la constitución de la polis griega. La visión de la justicia está marcada por su concepción técnica –el que sabe- sobre los asuntos políticos. Es clásico, el texto que compara al pastelero y el médico en un tribunal en el cual sólo hay niños. Pregunta Platón, sabiendo de antemano cuál es la respuesta, ¿cuál de los dos será escogido por los niños? Si el pastelero endulza el paladar a los niños, mientras que el médico les prepara brebajes atroces para su curación. La comparación es ciertamente en relación a los sofistas y a los verdaderos filósofos, a saber, Sócrates. Pero Platón no pretende un debate socrático, sino más bien, un discurso mítico donde el contraste no puede darse toda vez, que lo relatado escapa a los ciudadanos. La figura del rey-filósofo presenta un rasgo contemporáneo, saber y poder se dan la mano para gestionar los asuntos público. He ahí lo novedoso en el planteamiento político de Platón. El rey- filósofo no quiere el poder por una pasión insana y enfermiza, no adquiere el poder por la vía hereditaria, ni por la fuerza; al contrario, el rey-filósofo, se ve en la necesidad de asumir la responsabilidad de llevar a sus conciudadanos hacia el camino de la justicia. El mito de la caverna, expresa dicha idea de manera suficientemente clara. El poder y el saber están al servicio del bien común, y para que este bien común se requiere el servicio de aquel que ha visto las esencias-la utilidad de mito en el poder político expresa una forma de ideología que inaugura Platón-. Decir lo que cada cosa es, supone la creencia, que los demás no podemos conocer lo que son las cosas. El abismo que separa al rey-filósofo y sus súbditos, consiste en el superior conocimiento y aptitud para llevar los asuntos públicos. Este mensaje es puramente ideología.
Platón en su última obra Leyes, resitúa su discurso político desde el plano de la razón como instrumento para imponer la justicia, a otro plano, ya no estamos en el ágora sino en la acrópolis, cerca de los dioses, porque la razón es impotente para contener el desorden. Los dioses y no la razón nos salvará, viene a decir Platón, en las Leyes. El modelo político se sitúa en una especie de estado de emergencia permanente, donde la razón es suplanta, en beneficio de la razón de Estado.
Pàgina de Ramon Alcoberro: http://www.alcoberro.info/index.htm
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