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Paradoxes
"Soc solipsista, com tothom" (R.Smullyan)*
Amb aquesta expressió, tan simple, s'ha amaga una paradoxa. Des de Zenó d'Elea* (A 26), la filosofia minoritàriament, ha tractat les paradoxes. El pensament filosòfic no li agraden, perquè ens deixa perplexos i desorientats, per això la filosofia des de Plató ha volgut sempre caminar per senders segurs, fora de qualsevol paradoxa. És veritat que el pensament filosòfic, especialment, els neopositivistes i l'anàlisi del llenguatge han tractat de domesticar-les, però malgrat això, quant llegim aquestes, tenim la sensació que alguna cosa s'ha ens escapa. Ara podríem començar a fer una interpretació d'aquesta paradoxa, perquè com tothom sap, res més cal anar a la Wikipedia, i assabentar-te del que vol dir solipsista. Fins on podem interpretar el què diu aquesta paradoxa? Dir que jo sóc solipsista, vol dir que en l'ordre de l'existència res més existeixo jo. El altres i tot allò que percep no son més que representacions imaginaries dins del meu jo. Per això, l'expressió "com tothom" és contradictòria respecta a la afirmació anterior. Un solipsista coherent no podria dir mai aquesta segona afirmació, perquè anul·la la primera. I malgrat tot, no estem sols, potser algú dirà que hi som massa. Això indica que el llenguatge i les seves regles de interpretació són molt més complexes del que normalment pensem.
Obituari: Gianni Vattimo (1936-2023)
Obiturari
I
LAS VENTAJAS DE LA SOSPECHA
GIANNI VATTIMO
Lo que Nietzsche llamó "escuela de la sospecha" es quizá lo que caracteriza de manera más general el pensamiento de este siglo, a tal punto que puede considerarse su principal "descubrimiento" o herencia para el próximo siglo. Es como si nos hubiéramos dado cuenta de que, como escribe Nietzsche en “Más allá del bien y del mal”, detrás de cada caverna se esconde otra caverna y así sucesivamente. Entendida de esta manera, la escuela de la sospecha no se identifica ni con la simple crítica de la ideología de sello marxista, ni con el psicoanálisis freudiano, según la cual iluminar el inconsciente significa también apoderarse de él y disolver su poder de condicionarnos. Marxismo y psicoanálisis freudiano encajan, por cierto, dentro de la definición pero, sin la radicalización que sugiere Nietzsche, seguirían siendo sólo nuevas teorías de la verdad y la realidad. Una sospecha muy limitada, por ende, que no se apartaría, en esta versión, de la sospecha que siempre caracterizó la búsqueda -platónica, pero también de los presocráticos- de las "esencias" de las cosas. La sospecha de este siglo -reconocible en tantas posiciones intelectuales de estas últimas décadas- sospecha también de la verdad "verdadera". Heidegger nos enseñó a llamar a este proceso el fin de la metafísica. Efectivamente, si de todo se debe preguntar el por qué, la noción misma del ser se transforma radicalmente. Ya no hay nada ante lo cual el pensamiento pueda aquietarse como frente a un dato definitivo, a un fundamento, a una autoridad indiscutible. Dado que esa imposibilidad de encontrar un fundamento sólido también es insoportable, no se puede eludir la pregunta acerca de las buenas razones que tiene, si las tiene, la escuela de la sospecha. ¿No habrá que sospechar ante todo de la sospecha (demasiado) generalizada? Es la tesis de quienes (iglesias, ideologías tranquilizadoras, autoridades varias) lamentan la tendencia nihilista de la cultura del siglo XX. Y sin embargo, cuesta oponer a esta tendencia nihilista la indicación de algo que posea títulos como para resistirla. Dicho de otro modo: ¿no es acaso experiencia común la caída de los absolutos en nuestra época? Los creyentes objetarán que no es cierto que "Dios ha muerto", como pretendió anunciar Nietzsche. Sin embargo, tampoco la teología cristiana pudo asistir al Holocausto y a los tantos otros horrores del siglo sin tener que rever sus propias ideas acerca de Dios. Pese a ser difícil de soportar porque parece no dejarnos ningún terreno sólido bajo los pies, el nihilismo tiene sus "ventajas". La disolución de los absolutos metafísicos implica también el fin de las autoridades indiscutibles. Si no al triunfo de La Razón, que no llega nunca a certezas definitivas, asistimos por lo menos al triunfo de Las Razones, o sea de la exposición, de tanto en tanto, de los motivos y los argumentos que hacen recomendable una elección más que otras. Así, en el nihilismo del siglo XX entran también teorías que parecen alejadísimas de él, como la del "actuar comunicativo" propuesta por Habermas, según la cual la racionalidad no es sino la "presentabilidad" de una tesis, de un valor, a otros, en términos capaces de ser discutidos "razonablemente" y eventualmente aceptados, y las muchas teorías de la argumentación que se desarrollaron sobre la base de la reflexión sobre la lógica y el lenguaje. Ya no encontramos fundamentos últimos e indiscutibles, sino que debemos tener en cuenta las expectativas, los intereses, el consenso de nuestros semejantes. Podríamos decir, quizá, que al ser y la realidad ya no les interesa la objetividad de las cosas sino más bien la caridad y la atención hacia las personas. De todos los legados que deja el siglo XX, en muchos casos densos y negativos, el nihilismo tal vez sea justamente el más productivo y cargado de futuro.
(c) Gianni VATTIMO para Clarín, 1999. Traducción de Cristina Sardo
http://www.alcoberro.info/pdf/vattimo2.pdf (Consulta de 20 de setembre 2023)
Walter Benjamin parla del Paris del segle XIX
Llegeixo a Paris, capital del siglo XIX*, de Walter Benjamin, els següent:
“Balzac fue el primero en hablar de las ruinas de la burguesía. Pero sólo el surrealismo ha permitido contemplarlas libremente. El desarrollo de las fuerzas productivas hizo trizas los símbolos de los deseos en los siglos anteriores, antes de que se hubieran derrumbado los monumentos que los exhibían. Ese desarrollo liberó, en el siglo XIX, a las formas estructurales del arte, así como en el siglo XVI las ciencias se liberaron de la filosofía. El comienzo lo abre la arquitectura, como construcción de ingeniería. Lo continua la reproducción de la naturaleza en la fotografía. La creación imaginaria se preparaba para hacerse práctica como propaganda gráfica. La poesía se arroja, en el folletín, al montaje. Todos estos productos son concebidos para ser arrojados como mercaderías, al mercado. Pero titubean aún en los umbrales. De esa época provienen los pasajes y decoraciones interiores, los salones de exposición y los panoramas. Se trata de restos de un mundo soñado. La desvalorización del elemento onírico al despertar es la piedra de toque del pensamiento dialéctico. De ahí que el pensamiento dialéctico sea el órgano del despertar histórico. Toda época sueña no sólo con la que le sigue, sino que, soñando, se aproxima a un despertar. Lleva en sí su propio fin y lo va descubriendo, como Hegel lo reconoció, con maña. Con el desmoronamiento de la economía mercantil comenzamos a reconocer como ruinas, antes de que sean demolidas, a los monumentos de la burguesía*.” (pág.138)
Thomas Hobbes según Elias Canetti (I)
"Hobbes. Entre los pensadores que no están atados por una religión, sólo consiguen impresionarme aquellos cuyo pensamiento es suficientemente radical y extremo. Hobbes se cuenta entre ellos; actualmente es para mí el más importante.
Solamente unas pocas de sus ideas me parecen certeras. El lo explica todo por el egoísmo, y aunque conoce a la masa -la menciona muy a menudo-, en realidad no tiene nada que decir sobre ella. Mi tarea es, sin embargo, mostrar precisamente cómo está compuesto el egoísmo, cómo aquello sobre lo cual ejerce su dominio no le pertenece en absoluto y proviene de otros ámbitos de la naturaleza humana, justamente aquello para los que Hobbes era ciego.
¿Por qué entonces me impresiona tanto su forma de presentar las cosas? (...) Creo que en él he encontrado l raíz espiritual de aquello que quiero combatir más a fondo. Él es el único pensador, que yo conozca, que no enmascara el poder, ni su peso, ni su posición central en todo comportamiento humano. Pero tampoco lo exalta, lo deja simplemente ahí.
El verdadero materialismo, el de los inventos y la investigación, empezó en su época. Él lo respeta, sin por ello renunciar a intereses y cualidades humanas anteriores. Sabe qué es el miedo; su cálculo lo desvela. Todos los que vinieron después, procedentes de la mecánica y de la geometría, apartaron la mirada del miedo, y así éste tuvo que volver a su rincón de las tinieblas, donde siguió actuando sin ser molestado ni recibir un nombre.
Hobbes no subestima el tremendo peso del Estado. ¡Qué efecto tan lamentable produce, comparadas con las suyas, muchas especulaciones políticas de siglos posteriores! A su lado, Rousseau parece un pueril charlatán. El período más antiguo de la Historia moderna, aquel que realmente nos contiene ya a nosotros tal y como somos hoy, es el siglo XVII. Hobbes vivió ese período de forma plenamente consciente y reflexiva. (...)
Su adhesión al poder político vigente, el del rey primero, más tarde el de Cromwell, no es cosa que se le pueda reprochar precisamente a él: estaba convencido de la rectitud de tales concentraciones de poder. Su aversión contra el griterío de la masa no la explicó, pero sí la registró. De nadie puede esperarse que lo explique todo.
Maquiavelo, a quien tanta importancia se ha dado, es apenas como una mirada, la mitad clásica de Hobbes. Tucídides fue para éste lo que para Maquiavelo fue Livio. Maquiavelo, que trataba con cardenales, no entendía absolutamente nada de religiones. Y no pudo aprovecharse de la experiencia de los movimientos religiosos de masas ni de las guerras que tuvieron lugar en los largos cien años que lo separa de Hobbes. Desde que existe Hobbes, ocuparse de Maquiavelo sólo tienen un interés histórico.
(...) Ahora que me he dedicado a estudiar en serio el Leviatán, sé que voy a incluir este libro en mi "Biblioteca del pensamiento", mi colección de los libros más importantes -y con ellos me refiero particularmente a los libros de los enemigos-. Son aquellos libros que nos agudizan el ingenio y no aquello que nos paralizan por haber sido succionados y agotados hace tiempo. En esta Biblia no figurarán, de ello estoy seguro, ni la Política de Aristóteles ni el Príncipe de Maquiavelo, ni El contrato social de Rousseau.*" (pág.166-8)
Realitat segons Josep Maria Ruiz Simon
Realitat*
Per Josep Maria Ruiz Simon
"La notícia que les coses no són el que semblen va arribar a la història de la filosofia damunt del carro de Parmènides. A partir d’aleshores, els filòsofs que no conreaven l’escepticisme van tendir a pensar la ment com un mirall i la realitat com un objecte que només s’hi podia reflectir de manera fidel si es deixava enrere l’aparença, i es van concebre a si mateixos com a netejavidres i polidors de les lents que els havien de permetre observar en aquesta peculiar superfície llisa allò que no es veia a simple vista. Els termes teoria, contemplació o especulació, que durant segles es van usar per denominar l’activitat pròpia dels membres d’aquest col·lectiu, remeten a aquesta concepció del filòsof com a espectador que mira allò real en la seva ment escrupolosament polida i que busca la felicitat adaptant-se a la realitat que hi ha vist o entrevist sense caure en la ingenuïtat de pretendre canviar-la. La identificació del que és veritablement real amb l’ordre intel·ligible de les coses bones i divines, tan recorreguda posteriorment pels teòlegs i les religions, va ser una astuta ocurrència afegida per Plató, que va imaginar que aquesta jugada mitològica oferia certs avantatges pedagògics i era, per aquest motiu, políticament útil.
La metafísica dogmàtica que Kant va voler enderrocar era l’hereva del capital i els rèdits d’aquesta aposta de Plató. En la seva primera Crítica, Kant va convidar a pensar la ment no com un mirall sinó com una fàbrica. L’afirmació que el subjecte, en lloc de limitar-se a reflectir-los, construeix els objectes que configuren la realitat en què viu era revolucionària, obria moltes portes i es podia articular amb la idea típicament moderna, i més endavant formulada característicament per Marx, segons la qual, en lloc de mirar de viure bé adaptant-se a la realitat, es podia buscar la bona vida transformant-la. Hegel i Nietzsche van ser dels primers a explorar les possibilitats d’aquesta nova orientació constructivista. Una de les propostes més explosives de l’autor d’Així parlà Zaratustra va ser la tesi que els subjectes no només creen la realitat empírica del món en què habiten, sinó que també poden posar en circulació i imposar interpretacions d’aquesta realitat que configurin les cosmovisions col·lectives. Construir la realitat en què viuen mentalment els altres és una possibilitat molt temptadora. I la tendència degenerativa actual dels filòsofs cap a la ideologia mostra que resulta difícil resistir-s’hi."
Simone Weil: Una espiritualidad carnal
"La democracia y el poder de la mayoría no son bienes. Son medios para conseguir el bien que acertada o equivocadamente se consideran eficaces. Si, en vez de Hitler, la República de Weimar hubiera decidido por vías estrictamente parlamentarias y legales meter a los judíos en campos de concentración y torturarles refinadamente hasta la muerte, las torturas no tendrían ni un átomo de legitimidad más que la que ahora les falta."
"Un saco de trigo siempre se puede sustituir por otro. El alimento que una colectividad suministra al alma de sus miembros no tiene equivalente en todo el universo. Además, por su duración, la colectividad penetra en el futuro. Es alimento no sólo para las almas de los vivos, sino también para las de los aún no nacidos, que llegarán al mundo en los siglos venideros."
"La protección de los hombres contra el miedo y el terror no implica la supresión del riesgo; por el contrario, exige la presencia permanente de cierta dosis de riesgo en todos los aspectos de la vida social, pues su ausencia debilita el ánimo hasta dejar al alma, llegado el caso, sin la menor defensa interior contra el miedo. Únicamente es necesario que aparezca en condiciones tales que no se transforme en sensación de fatalidad."
(Simone Weil, Echar raíces*)
Estoicismo (I)
Estoicismo
El estoicismo.
La Stoa fue fundada por Zenón de Citio (335-263 A.C). La corriente tuvo una trayectoria larga pero su período de mayor esplendor se sitúa en la etapa grecorromana. Es clásico distinguir tres etapas en su desarrollo. Cabe destacar entre sus filas a los siguientes autores: Crispo, Panecio, Séneca, Epicteto(4) , Marco Aurelio(5) , entre otros.
Tesis fundamentales del estoicismo.
1.- El estoicismo plantea de forma seria y decidida la figura del sabio como modelo de sabiduría y virtud.
2.- El sabio estoico tiene como meta la felicidad, la auténtica, sea esto lo que sea.
3.- La virtud se identifica con el conocimiento, la ciencia.
4.- El sabio es aquél que tiene dominio de sí mismo y sobre las circunstancias, es autárquico, autónomo, autosuficiente. Este modelo es alabado por el neliberalismo actual.
5.- La filosofía abarca la totalidad de la realidad sea humana o divina. La filosofía es entendida como un sistema que abarca la totalidad de las esferas del ser, del saber y del actuar. Es decir, la ontología, la epistemología y la ética.
6.- Los estoicos coinciden -sin que sirva de precedente-, con los epicúreos en subordinar la Lógica y la Física a la Ética, es decir, como guía de la acción humana.
La Lógica
7.- Para los estoicos el criterio de certeza hay que buscarlo en un acto de mediación entre la sensación que recibimos de las impresiones exteriores e interiores y su recepción en el alma que al contrario que Platón es una tabla rasa.
8.- La certeza se funda en un "acto consciente" que consiste en la aceptación y concordancia entre las distintas representaciones. Así, pues, el criterio es la meditación y la ponderación. El error consistiría en el desajuste entre las representaciones que aparecen en el alma y las impresiones a través de las cuales las sensación toma noticia.
La Física(*)
9.- El mundo es un gran organismo viviente, dotado de un principio animador interno, el pneuma, que impregna e invade todo el cosmos y constituye la vida.
10.- El pneuma es el arjé de carácter racional y razón seminal (logos espermatikos) de todo lo existente. Este logos espermatikos puede se entendido como expresión de las ideas platónicas o en San Agustín, como las ideas que tiene Dios en su mente. Este logos no es exterior a la Physis sino interior, inmanente, y actúa a través de la naturaleza. Por ser racional confiere un orden perfecto, bueno y necesario. Todo está regido y dirigido por su providencia.
11.- El orden cósmico se rige, pues, por la necesidad. Nada hay que no tenga una causa. Dada una determinada causa necesariamente sucederá un determinado efecto. La lógica estoica intentó expresar esta conexión a través de sus diferentes leyes lógicas: modus ponens. Si p entonces q, p, entonces q.
12.- El cosmos esta sometido a un ciclo cósmico que dura trescientos siglos. Generación y destrucción se sigue incluso en sus detalles. El fuego es el principio y fin de este proceso. Esta visión que proviene de Heráclito será retomada por Nietzsche en el siglo XIX.
13.- En el hombre -el cual es cuerpo, alma e inteligencia- la inteligencia es principio vital y la guía racional, pero está sometida a las leyes del Logos que rigen el mundo. El alma es inmortal en cuanto que el cuerpo muere, se une y se disuelve en la totalidad del pneuma.
Ética
14.- Como Sócrates, los estoicos identificarán virtud y ciencia. El único bien es la virtud. La virtud consiste en conformarse a la naturaleza que es lo mismo que decir con la razón.
15.- El sabio es el único que es consciente de la necesidad del cosmos y de su impotencia ante el curso de los acontecimientos. El sabio es aquél que armoniza su propia voluntad con el orden necesario del cosmos.
16.- ¿Y las pasiones? Son fuente de desgracia y zozobra espiritual, pues pretende lo imposible, que consiste en doblegar el orden necesario de las cosas. Por eso la actitud adecuada es la apatía que consiste en la anestesia total de las emociones. La anestesia implica que las pasiones o emociones siguen existiendo, pero el sabio estoico sabe que si no puede controlarlas perderá el control que sólo la razón le otorga.
17.- La razón impone deberes para aquél que aspira al ideal estoico. Por ejemplo, si soy un patriota y caigo en manos del enemigo y éstos pretenden que delate o revele informaciones o secretos que puedan hacer daño a mis compatriotas, lo razonable aquí es el suicidio.¿ Por qué? La respuesta se halla en el conflicto entre mi sufrimiento y el mal que puede causar la información que involuntariamente puedo difundir. No se trata de un sacrificio en vano, vienen a decir los estoicos, pues, el suicidio supone la libre elección entre el mal general que puedo causar y el mal que seguramente recibiré.
18.- El sabio estoico es individualista, en la medida que es autárquico, pero sabe también que en virtud del logos universal, está vinculado a toda la humanidad y, por ello, se siente ciudadano del mundo (cosmopolita).
El hundimiento del comunismo
Las afirmaciones de Villacañas son profundas y expresan conceptualmente lo ocurrido en el hundimiento del sistema comunista, pero le falta el dato empírico, y éste lo encontramos en Manuel Castell en su obra magna La era de la información, vol. III, Cambio de milenio, cap.1 La crisis del estatismo industrial y el hundimiento de la Unión Soviética*.
La pregunta clave y que inevitablemente aparece es ¿por qué el comunismo ha dejado de existir?(1) La respuesta a esta pregunta es lo que ahora vamos a intentar explicar. En fecha tan temprana como 1917, M.Weber entrevé el dilema que se enfrenta la revolución rusa: “o convertirse en la dictadura más férrea conocida en la historia, capaz de impulsar el crecimiento industrial más frenético y convertir a Rusia en una gran nación moderna, con aspiraciones mundiales; o bien dejarse llevar por las inclinaciones comunistas y anarquizantes de su alma popular campesina y, entonces, disolverse en un país agrario, endémicamente amenazado por la disgregación de su unidad territorial ”. La respuesta histórica de Lenin hasta Stalin fue utilizar la primera vía. Y, ello suponía que “el socialismo de la producción industrial jamás daría paso al comunismo del consumo(2) . F.Tönies vio claramente que socialismo y comunismo, no podían tejerse una continuidad entre ellas, a pesar de lo afirmado por la propaganda oficial. Y es que la lógica dialéctica de Marx no podía superar los hechos, a saber: la negación de la negación propia del socialismo no daría paso jamás a la afirmación positiva propia del comunismo (3).
Si la primera vía que tránsito la revolución rusa apareció como un triunfo de ésta lo fue precisamente por el carácter de peligro real de guerra o revolución. El socialismo de producción no podía ser mantenido en tiempos de paz sin entregar contrapartidas de consumo y de libertad individual a la población. Inviable resultaba un sacrificio productivo permanente, junto con un sacrificio personal sin futuro. Así que cuando, a pesar de la propaganda oficial, los ciudadanos soviéticos abandonaron realmente la sensación de peligro, la voluntad de los hombres reclamó su parte de felicidad en el esfuerzo. Al no entregársela, el individuo se separó de las exigencias del sistema que, entregado a su propia subsistencia, se enquistó en una corrupción y en una endémica administración de prebendas. Al final, la base popular se retiró del sistema burocrático y éste cayó por sí mismo cuando se disolvió lo único que lo sostenía: la tensión del peligro de guerra (4).
El período de transformación del pensamiento comunista hay que situarlo en tres grandes fases:
1) el fundacional de la Unión Soviética, con el tremendo potencial de expectativas que promovió, y que de hecho estaba lastrado con los dilemas que vaticino M.Weber.
2) el correspondiente al estalinismo, que permitió a la Unión Soviética estabilizar el régimen socialista sobre el imperio ruso y dotarse de suficientes aliados en Occidente para vencer al enemigo alemán. En este segundo momento, caracterizado por la lucha contra el nazismo, hay que destacar la figura de Antonio Gramsci.
3) Se corresponde con el largo período de la guerra fría, aunque no era una previsión inicial de la política estalinista, finalmente tuvieron que poner en práctica sus herederos ante el cambio de política por parte de Occidente (5).
La etapa socialista, la antesala misma del momento comunista, reproducía la estructura de la lucha contra la burguesía. Las razones de esta reproducción fueron dos: a) porque el triunfo definitivo del comunismo sólo podía darse con la revolución mundial. b) porque Stalin desecha la revolución mundial, defiende la estrategia del socialismo en la Unión Soviética, ello supuso el aniquilamiento de cualquier intento de oposición al régimen. Y es que en el fondo, el comunismo, en el siglo XX, sirvió a la razón de Estado soviético, forma actual de la vieja razón de Estado rusa.
De este modo, para cualquier observador lúcido debía ser claro que el pensamiento marxista iba a ser utilizado como herramienta de una política de poder al servicio de una gran nación que, como antes Francia, encontraría en la idea de Revolución mundial –o sus derivados- el camino real para colmar sus viejas e históricas apetencias de política mundial. En este sentido, los rivales reales de la Unión Soviética, las infernales elites que se encumbraron al poder en Alemania, como triunfadores del caos de la República de Weimar, no se hicieron ilusiones. Los nazis, con su directa apelación a la voluntad de poder de la raza aria como única legitimación de su propia fuerza, dijeron la verdad real de los soviets estalinistas, por mucho que éstos encubrieran la voluntad de poder de la Gran Rusia eslava con la idea, absolutamente occidental e ilustrada, de la emancipación social marxista.
Dotados de las mismas armas –una industrialización galopante, una disciplina militar burocrática inflexible, una divinización bárbara del líder- Alemania y Rusia estaban condenadas a enfrentarse en la más desnuda lucha de poder que ha conocido la Tierra. Ideológicamente apenas había diferencias entre ellas, salvo que la URSS, en la medida en que había mimetizado la razón occidental, encontró aliados en todo Occidente, mientras que Alemania, que había mimetizado el principio racial, no tuvo más destino que quedarse sola en el mundo (6).
Ahora viene la pregunta clave: si el comunismo y el nazismo eran estructuralmente iguales ¿por qué la mayor parte de la inteligencia apostó por el comunismo? La respuesta de J.L.Villacañas se centra precisamente, en el desengaño y desesperación del mundo occidental provocado por la crisis de 1914. Las salidas nacionalistas y racistas no eran opción, mientras que la opción comunista y su adhesión estratégica de la razón ilustrada –idea de progreso-, era una vía que podía ser transitada por los intelectuales europeos.
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