Helenismo: Los cínicos (II)

 II   

Antístenes (c.446-366 a.C.)



En el Libro VI, Diógenes Laercio, dedica el libro a los cínicos. Allí, leemos que "era ateniense, si bien se comentaba que no era de legítimo origen". Se dice que su madre era tracia, lugar del que provenían numerosos esclavos a Atenas. Cuando alguien sacaba a colación su origen, respondía: "También la madre de los dioses es frigia". Frigia y Tracia eran lugares donde provenían un gran número de esclavos.

Laercio nos cuenta que fue discípulo de Gorgias. En su obra "La Verdad y sus Exhortaciones" hay rastros "del estilo retórico" de su maestro. De la lista que ofrece Laercio, solo queda los discursos de "Ayante o Discurso de Ayante", del resto solo queda la lista. En la nota 22; Carlos García Gual nos dice "(...).Pero la lista en sí misma es ya reveladora de la variedad de intereses y saberes de Antístenes. Alternan los tratados éticos con los de lógica y dialéctica y los de exégesis mitológicas, e incluso algunos que tratan "de la naturaleza de las cosas" (pág.314).

Antístenes abrazó la maestría de Sócrates. Para poder escucharlo debía caminar desde el Pireo hasta Atenas una distancia de "cuarenta estadios" (unos ocho kilómetros). Dos rasgos de la personalidad de Sócrates la incorporó a su persona: "firmeza de carácter" e "impasibilidad". Laercio adjudica que Antístenes "fue el fundador del cinismo" (Libro VI,2).

Antístenes puso como modelos de virtud a Heracles y Ciro. La combinación resulta en extremo significativa. Griego y bárbaro como modelo de areté (virtud). 

En el período helenístico (del 323 a.C.  muerte de Alejandro Magno al 30 a.C.  cuando Octavio vence a Marco Antonio en Accio)  se hizo proverbial la clasificación de saberes en: física, ética y dialéctica. Una de las pocas incursiones en la dialéctica del movimiento filosófico de los cínicos fue la definición que propuso Antístenes de "la proposición": "proposición (lógos) es lo que expresa lo que era o es algo" (Libro VI,3). 

Antístenes proponía para ser admitido en su círculo: "Un librillo nuevo, un estilete nuevo y una tablilla nueva, e inteligencia". En la nota 8 García Gual, apunta el juego de palabras entre "nuevo" e "inteligencia" que en griego "kainoû (nuevo) y kaì noû (e inteligencia).

Diógenes Laercio nos cuenta algunas anécdotas entre Antístenes y Platón, del mismo círculo de Sócrates. En el Fedón, Platón nos narra los instantes finales de Sócrates en el que estuvo presente Antístenes, mientras que Platón no pudo asistir por estar enfermo, según él mismo nos cuenta. Se dice que Platón hablaba mal de él, a lo que respondió: "Es propio de un rey obrar bien y ser calumniado" (D.L.VI,3). "En otra ocasión fue a visitarle estando enfermo y, al ver la palangana donde Platón había vomitado, dijo: "aquí veo tu bilis, pero no veo tu vanidad" (Tymos) (DL.VI,7)

"Morir feliz", parece ser "la mayor dicha entre los humanos", al decir de Antístenes. De la filosofía pudo decir: "El ser capaz de hablar conmigo mismo", muy al estilo socrático. Como justicia poética, nos dice DL, "que él fue el responsable del destierro de Ánito y de la muerte de Meleto" (DL,VI,9) que fueron los acusadores contra Sócrates y que provocó su condena a muerte. 

Siguiendo a Sócrates nos dice que "es enseñable la virtud" (DL. VI,10). "Que la virtud es suficiente en sí misma para la felicidad, sin necesitar nada a no ser la fortaleza socrática. Que la virtud está en los hechos, y no requiere ni muy numerosas palabras ni conocimientos. Que el sabio es autosuficiente, pues los bienes de los demás son todos suyos. Que la impopularidad es un bien y otro tanto el esfuerzo. Que el sabio vivirá no de acuerdo con las leyes establecidas, sino de acuerdo con la virtud. (...)". (DL.VI,11)

En este rapsódico elenco de características de lo que es la virtud, destaca una especialmente, el hecho de que la virtud está en los hechos y no en la mirada del otro. Supone una afirmación objetiva de la virtud. Esta virtud se contrapone a las leyes  de la ciudad. Se dibuja un tema que la sofística ya había tratado, a saber: la oposición entre nomos y physis. Antístenes al igual que Sócrates apuesta por la physis, "lo natural". Vivir una vida baja de expectativas es la mejor manera de alcanzar una vida feliz. No todos pueden alcanzar semejante ideal, pero en un mundo sin referencias, era una opción fácil -es un decir- de alcanzar. Una novedad acompaña a la virtud, pues, "hombre y mujer es la misma" (DL, VI,12).

DL nos dice que "Conversaba en el gimnasio de Cynosarges (...). De ahí precisamente dicen algunos que tomó nombre la escuela cínica (DL. VI,13). En la nota 19, García Gual afirma que "No parece probable que el nombre de los cínicos venga del nombre del gimnasio, y es dudoso -a pesar del testimonio de Diógenes Laercio- que llamaran "perro" a Antístenes" (pág.310)

Si parece probable que "fue el primero en doblarse la túnica, según cuenta Diocles, y usaba sólo esta prenda de vestir. Adoptó también el bastón y la alforja" (DL. VI, 13). Esta indumentaria será el sello distintivo de los cínicos, en especial, a Diógenes que pasa por ser la figura emblemática del movimiento.

DL, nos habla de la muerte de Antístenes. Dice escuetamente, "Murió de enfermedad". DL relata el encuentro entre Antístenes y Diógenes que venía a verle en su lecho de muerte. Éste traía un cuchillo, al decir Antístenes: "¿Quién puede librarme de estos dolores?", sacando el cuchillo, dijo: "¡Éste!". Y él replicó: "De los dolores, dije, pero no de la vida" (DL. VI,18).

Interesante respuesta la de Antístenes, pues, prefiere la vida, que librarse a la muerte para acabar con el dolor. ¿Hay debilidad en esta opción que escoge Antístenes?  ¿Acaso, teme a la muerte? DL le dedica los siguientes versos:

"En tu vida fuiste un perro, Antístenes, de tal naturaleza,

que sabías morder con tus palabras, no con los dientes.

Pero moriste consumido, enfermo. Replicará acaso alguno:   ¿Qué  importa? 

De todos modos se necesita encontrar un guía para el Hades. (DL. VI, 19)



* Diógenes Laercio, Vida y opiniones de los filósofos ilustres. Traducción, introducción y notas: Carlos García Gual, Libro de Bolsillo, Alianza editorial, 2ª, Cuarta reimpresión, 2020, Madrid, 2020.


Helenismo: los cínicos (I)

 I 

cínico, ca

Del lat. cynĭcus, y este del gr. κυνικός kynikós; propiamente 'perruno'.

1. adj. Dicho de una persona: Que actúa con falsedad o desvergüenza descaradas. 

2. adj. Propio de una persona cínica. Sonrisa cínica

3. adj. Impúdico, procaz.

4. adj. Fil. Dicho de una escuela filosófica: Que nació en Grecia de la división de los discípulos de Sócrates, y de la cual fue fundador Antístenes, y Diógenes su más señalado representante.

5. adj. Fil. Partidario o seguidor de la escuela cínica. U. t. c. s.

6. adj. Fil. Perteneciente o relativo a la escuela cínica.

7. adj. desus. desaseado.

Todo esto dice la RAE, sobre la expresión cínico/a. En su cuarta acepción nos habla de escuela filosófica.  La expresión kynikós, perruno, tiene que ver con eso adjetivos en (3), impúdico, procaz, propios de una de los personalidades más destacadas de la corriente filosófica, Diógenes de Sinope.

Antístenes, es el iniciador de esta escuela "sui generis". Discípulo de Sócrates, estuvo presente en la muerte de su maestro Sócrates. Buena parte de lo que sabemos, se debe a Diógenes Laercio* (primera mitad del siglo III).  

La corriente filosófica que se inicia con Antístenes, se encuentra inmersa dentro del helenismo. La polis griega llega a una mutación con el imperio de Alejandro Magno (III a.C). Si Platón y Aristóteles nos hablan de la polis, la mutación que produjo Alejandro Magno, es decir, el paso de ciudadano a súbdito, de ciudad-estado a metrópolis que se gobierna desde la lejanía, todos estos cambios, afectarán a la propia configuración mental de las ciudades griegas y en especial a Atenas. 


 


La mutación que supone el imperio macedonio, es la aparición del individuo, desconectado de los asuntos públicos, propio de la etapa de la Atenas clásica, donde la democracia -muy restringida- desaparece en beneficio de una nueva forma de gobierno que aleja al ciudadano de los asuntos públicos y lo lleva al cultivo de la individualidad. La polis se convierte en cosmopolita. Estamos de lleno en una crisis sin precedentes en la Grecia antigua.




¿Cómo gestionar esta nueva situación? La filosofía helenística, tratará cada una de dar respuestas a esta mutación del ciudadano al súbdito. Cultivar las virtudes naturales en contra de las normas sociales y convencionales  es la solución de los cínicos. 


Karl Marx: Contra la pena de muerte (I)



 (Contra la pena de muerte)

(...). La historia y la estadística demuestran, además, de manera total, que desde Caín el mundo jamás ha sido corregido ni intimidado por el castigo (el subrayado es mío). No hay más que una teoría filosófica del castigo que presupone el reconocimiento abstracto de la dignidad humana; es la teoría anunciada por Kant y precisada por Hegel. (...) Hegel lo eleva [al criminal] al rango de un sujeto libre y autónomo; pero aquí como en otros sitios, es fácil ver que el idealismo alemán no hace más que revestir con un manto metafísico las leyes de la sociedad existente, y así las consagra. (...). En realidad, la pena de muerte es un medio por el cual la sociedad se defiende contra todo aquello que amenace sus condiciones de existencia. Que es por tanto miserable esta sociedad que no ha encontrado otro medio de defensa que el verdugo y que proclama su brutalidad como si fuera una ley eterna*.” (pág.431) (Marx, New York Daily Tribune, 17-18 de febrero de 1853)


*Karl Marx, Llamando a las puertas de la revolución. Antología. Edición de Constantino Bértolo, Penguin clásicos, Barcelona, 2017.


Karl Marx: ... No siempre fue comunista!

 


“(...). La humanidad aparece entonces dividida en determinadas especies zoológicas, unidas no por la igualdad sino por la desigualdad fijada por las leyes. Y una realidad universal basada en la desigualdad reclama derechos desiguales, pues mientras que el derecho humano es la existencia de la libertad, este derecho animal es la existencia del avasallamiento.

El feudalismo, entendido en su sentido más amplio, es el reino del espíritu animal, el mundo de la humanidad separada en oposición al mundo de la humanidad que se diferencia, cuya desigualdad no es otra cosa que la refracción de los colores de la igualdad. (...) Pues la única igualdad que en la vida de los animales se manifiesta es la igualdad entre un animal y los de su misma especie, la igualdad de esta especie consigo misma, pero no la igualdad del género animal. (...) La naturaleza ha dispuesto en el estómago de la bestia de presa el lugar de reunión, la forja de la más íntima fusión, el órgano de unión de las diversas especies animales. (...), pues si en el reino animal de la naturaleza las abejas matan a los zánganos, en el mundo espiritual son los zánganos lo que matan a las abejas, y las matan precisamente por medio del trabajo. Y cuando los privilegios apelan a la ley, a su derecho consuetudinario, invocan con ello, en vez del contenido humano, la forma animal del derecho privado.” (pág.156-157*) 

Este extenso texto, que apareció en la “Gaceta renana” por “fascículos”(1842), nos muestra un Marx que aún no ha entrado por la senda del socialismo. La “Gaceta renana” era una publicación “burguesa”, y Marx no quería asustar a los posibles lectores, amén de las dificultades contra la censura. La cuestión del “robo de leña”, se planteaba entre la “propiedad comunal” y la “propiedad privada”, los nobles y terratenientes, aspiraban e impusieron restricciones a la propiedad comunal en el texto “derecho consuetudinario”. La ley positiva, burguesa, despojaba a los pobres de la posibilidad de recoger leña, en los antiguos bosques, buena parte de las demandas en Prusia en 1836 tenían como causa dicho “robo de leña”. Las limitaciones de Marx, más emotivas que revolucionarias, estriba al parecer de Rossi “en la pretensión de resolver cuestiones sociales mediante argumentos jurídicos (pág.77 y ss.)**”. Marx defendiendo los intereses de los más pobres, se posicionaba en una dirección “reaccionaria”, frente a las necesidades de la nueva burguesía y su necesidad de hacer saltar por los aires el entramado del antiguo régimen. 

Marx se verá ante la necesidad de comprender que el Estado no es “universal”, es siempre de clase, de la clase que sustenta los intereses de la minoría frente a los de la mayoría. Marx necesitara pasar de las doctrinas hegelianas (idealistas) a las posiciones del socialismo, mediante su inmersión en la economía política.


* Karl Marx, Debate sobre la ley que castiga los robos de leña (1842, citado en Karl Marx, Llamando a las puertas de la revolución. Antología. Edición de Constantino Bértolo, Penguin clásicos, Barcelona, 2017.


** José Manuel Bermudo, El concepto de praxis en el joven Marx, Historia/ciencia/sociedad 120, Ed. Península, Barcelona, 1975. 


Reseña: Critón de Platón

Reseña:

Platón, Diálogos I, Critón. Trad. y notas,  J.Calonge, Biblioteca Clásica Gredos, Editorial, Madrid, 1985. 





En la nota introductoria a la obra, J.Calonge nos da unas pinceladas acerca de la ubicación del texto dentro de la obra de Platón. Muy cercana a la Apología, trata de las horas previas a la ejecución de Sócrates. Critón, amigo y discípulo del maestro viene con la intención de que se sustraiga a la aplicación de la condena, y huya antes de que los barcos de Delos lleguen a Atenas*. En la nota a al pie (1) nos explica esta costumbre. “Todos los años se enviaba una procesión a Delos en recuerdo de la victoria de Teseo sobre el Minotauro, victoria que liberó a Atenas del tributo humano que debía pagar a Minos. Desde que la nave salía hasta su regreso, no se podría ejecutar ninguna sentencia de muerte*”. (pàg.194)

El Critón, es el diálogo más breve de la obra de Platón. Su brevedad, no significa que Platón no estuviera interesado o que su contenido ya hubiese sido expuesto en la Apología, por ejemplo. No es seguro, dice Calonge, que el Critón sea la continuación de la Apología. Si queda claro, que el problema que se plantea es de primer orden. Sócrates rechazará la sugestión de Critón para que se evada del lugar donde está encerrado en espera de la muerte. ¿Es ético, evadirse ante una muerte segura? Sócrates da un ejemplo de virtud cívica ante Critón y todos sus amigos, al rechazar la oferta para que se sustraiga a la acción de la justicia ateniense. Así, Sócrates podrá decir a Critón: “-Por tanto, tampoco si se recibe injusticia se debe responder con la injusticia, como cree la mayoría, puesto que de ningún modo se debe cometer injusticia” (49b). La injusticia sea, la sentencia, no se limpia con la huida. Para Sócrates, las leyes de la ciudad son sagradas, aunque me perjudiques. No vale afirmar que son buenas porque benefician y malas cuando me perjudican. 

Sócrates habla de lo que diría la ciudad y las leyes (polis y nomos). Así: “(…) ¿Pues a quién le agradaría una ciudad sin leyes? ¿Ahora no vas a permanecer fiel a los acuerdos? Sí permanecerás, si nos haces caso, Sócrates, y no caerás en el ridículo saliendo de la ciudad” (53a).

Sócrates acepta el veredicto de sus conciudadanos. No es que quiera morir, pero prefiere aceptar la muerte que romper con lo que ha querido ser siempre: un ciudadano de Atenas. La virtud (areté) no se mide ni por el aplauso de la mayoría, ni por el rechazo a la sociedad que te condena, sino en la entereza (andreia) de la propia rectitud. Sócrates, acepta el veredicto, y dos mil trescientos años después, seguimos preguntándonos, ¿qué haríamos nosotros, que no somos Sócrates?  


Reseña: Días y libros de Emilio Lledó (III)

  III


En esta tercera entrega trato de resumir el texto de Mauricio Jalón que es el editor de este libro y que nos habla de la figura de Emilio Lledó, en Lledó: Creación y medida.


Emilio Lledó (1927)


Los filósofos parecen condenados a estar etiquetados por corrientes de pensamiento, por continuadores de sus maestros, por las aportaciones creativas al ámbito de la familia filosófica. Algunos, sin quererlo, son elevados a los altares, para convertirse en monumentos intocables con su inevitable escolástica. Platón y Aristóteles son puntos de arranque del pensamiento occidental, no son los únicos, pero su peso en virtud de azares incontrolables, por ejemplo, su incorporación, no siempre pacifica, con el cristianismo, les dio una dimensión histórica que otros autores, fueron borrados del escenario. 


Si imaginamos a los filósofos como pertenecientes a jugadores de futbol, ¿en qué equipo juega Lledó? Algunos “jugadores” crearon sus propios equipos, sea la Academia (Platón) o el Liceo (Aristóteles). Si nos venimos al siglo XX, resulta que los equipos o muchos de ellos, nacieron en el siglo XVIII y XIX.  Las tradiciones filosóficas pesan muchísimo, pues, desde principios del XIX, los filósofos, o al menos una parte de ellos, ejercieron su magisterio en instituciones estatales, es decir, en universidades. Kant, Marx, Nietzsche proyectaron su sombra, algunos dirían mala sombra, en el siglo XX. El positivismo del siglo XIX, también se filtro en el siglo XX. El psicoanálisis, quería hacer positivismo de los procesos inconscientes. La ciencia empezaba a devorar todo el territorio que anteriormente, era de la filosofía. La filosofía se batía en retirada.  El siglo XX nos ha dado la fenomenología (Husserl), el existencialismo (Sartre), no puede dejar de citar a Heidegger, que se sitúa entre la fenomenología y el existencialismo, a pesar de su negativa a ser adscrito al cualquier corriente determinada, por decirlo así, juega sólo, la hermenéutica (Gadamer). Uno de los motores del cambio de rumbo ejercido en el siglo XX ha sido la aparición del lenguaje como objeto de reflexión filosófica: autores como Russell, Wittgenstein y la filosofía analítica han puesto en el centro de sus reflexiones la cuestión del lenguaje. Se ha hablado del “giro lingüístico” para enfatizar esta cuestión. Las variantes y recreaciones de estas corrientes han dado lugar a una extraordinaria heterogeneidad en el territorio filosófico.  


Después de este rapsódico apunte histórico, la cuestión sigue en pie. ¿Dónde juega Emilio Lledó? El propio Mauricio Jalón, apunta en esa dirección: “(…). Dada la agilidad de su expresión, se alza, pues, la cuestión del género o, si se quiere, la del emplazamiento del autor [La cursiva es mía]: asunto de mayor interés aún al considerar los pasajes de su trayectoria que este libro acoge en forma de breves escritos, apasionados y, sólo en apariencia, coyunturales.” (pág.15) 

Reseña: Días y libros de Emilio Lledó (II)

                                           


II

 El autor de estos misceláneos textos, nos introduce en la intención y justificación del presente volumen. Nada mejor que dejar que hable el autor, un autor vivo, tiene el interés de expresar intenciones que son comprensibles para los lectores de su tiempo. Imposible en los casos que nos separan un abismo, por ejemplo, Homero, y sin embargo, seguimos leyéndolo, a pesar que su intención nos es desconocida y no sabemos nada de los intereses que le movieron a escribir sus obras, que milagrosamente nos han llegado desde la noche de los tiempos.

El texto se abre con “palabras para esta edición” (pág. 11). Nos dice al principio: “Hay algo en este libro de historia personal, de historia de mi juventud.(…) [En estos textos] se reflejan mis años de estudiante en Heidelberg entre 1953 y 1962. Una pequeña memoria de lecturas que entonces hice y que son testimonio de mis intereses.”

Nos sigue confesando: “Evocaba casi sin querer la época en la que huía de mi país, intentando respirar otros aires y, sobre todo, buscando otra universidad. (…) Pero lo que encontré en la Universidad de Heidelberg tenía la marca de esos dos conceptos esenciales que caracterizaron el pensamiento de Humboldt: soledad y libertad. Soledad que no era aislamiento de la sociedad sino la posibilidad de un encuentro inmediato con la cultura y con las humanidades. Y ese encuentro trajo a aquel estudiante muchos de los libros que aquí se reseñan, y muchos de los “días” que se llenaron con la luz de un entusiasmo juvenil que la relectura de estas páginas me ha traído de nuevo” (pág.11)

Lledó habla de uno de los conceptos esenciales de su quehacer filosófico, la memoria. “(…), los ecos de esas lecturas, de esos días de mi juventud, confluían en los momentos presentes, en el río de mi propia memoria. Y ese río por el que circulaba mi vida me permitía bañarme ora vez en el. El famoso fragmento de Heráclito [frag.92*] no coincidía con esta experiencia: el agua que fluía en ese cauce era, en el fondo, siempre la misma”. (pág.11)

Evoca autores que han hablado con mejor tino sobre cuestiones que nos tienen “confundidos y trivializados”, temas como la identidad, la ideología, tales autores aparecen en la galería que Lledó reseña con pulcritud y empatía.

En fecha tan lejano como 1914, escribía Russel lo siguiente: “para nosotros, para quienes la seguridad se ha convertido en monotonía, para quienes el primitivo salvajismo de la naturaleza está tan remoto que se ha vuelto un simple aderezo agradable para nuestra ordenada rutina”. Dos años después se iniciaba un ciclo de guerras devastadoras en Europa. ¿Podemos aprender la historia? ¿Podemos evitar los errores y horrores que han aplastado al hombre corriente?

Lledó evoca a I.Kant en su libro “Sobre la paz perpetua” (1795), para recordarnos lo siguiente:

“(…) Estos hábiles políticos se ufanan en poseer una ciencia práctica; pero lo que dominan es la técnica de los negocios y […] están dispuestos a no olvidar su propio provecho y a sacrificar al pueblo y, si es posible, al mundo entero.” 

Como dice Lledó: “Después de dos siglos, las palabras de Kant siguen tan vivas como cuando se escribieron. Su actualidad nos permite, sin embargo, adivinar uno de los problemas esenciales de la historia humana en la que, junto a la miseria, la ignorancia y la  violencia, se lucha además por afirmar los ideales del progreso y la inteligencia. También por sostener “la lucha por la racionalidad”, por “el lugar de la memoria” en el que el espacio construido por los arquitectos de la cultura nos permite atisbar el “perdido concepto de la armonía interior, del equilibrio, de la alegría […] “. (pág.12)

Acaba el texto agradeciendo a los editores “que me acercaron, con él, a mi propia vida”. (pág.13)

III

En esta tercera entrega trato de resumir el texto de Mauricio Jalón que es el editor de este libro y que nos habla de la figura de Emilio Lledó, en Lledó: Creación y medida.


Reseña:

Emilio Lledó, Días y libros, Edición de Mauricio Jalón. Austral, Barcelona, 2018. 


Reseña: Días y libros de Emilio Lledó (I)

 Ressenya: 

Emilio Lledó, Días y libros, Edición de Mauricio Jalón. Austral, Barcelona, 2018. 




Leer a Lledó es una experiencia inolvidable. Es nuestro sabio por antonomasia –me gusta esa palabra-. Su estilo sencillo y lleno de matices, es capaz de introducirnos en todos los problemas que plantea al hilo de sus reseñas y comentarios en cuestiones de actualidad. El arco de tiempo que abarca estas breves “pepitas de oro”, las hay desde 1952 – Un problema Occidental-  hasta 1993 – Carta desde Berlín- del propio Lledó.

Lledó nos pasea con mano amiga pero firme, por los vericuetos del pensamiento occidental al hilo de reseñas de autores alemanes mayoritariamente, que desgraciada-mente, no se han traducido. Su profundo conocimiento de la historia de la filosofía nos permite averiguar el núcleo de los problemas que se van planteando.

Presocráticos, Platón, hay que recordar que Lledó escribe un texto esencial en su introducción a las obras de Platón, vol I, editorial Gredos, donde contextualiza y analiza todo lo que hay que saber sobre las obras y el significado siempre abierto de Platón. Aristóteles, y su reivindicación de un autor clásico, que es capaz aún de pervivir para hacernos reflexionar hoy, destruyendo una imagen anquilosada y caduca. Epicuro, Plotino, Descartes, Kant, que esboza una síntesis excelente sobre los problemas planteados por el autor de la Crítica de la razón pura. Hegel, el idealismo alemán, Dilthey, la hermenéutica y Gadamer. Cerrando con una imprescindible  reseña de Filosofía 87 cuyo editor es  Vattimo.

El núcleo central, es imposible resumir todos los hilos que recoge Lledó, pero simplificando al máximo, diríamos que lo que está en juego es el hombre concreto. Ese hombre que desde Grecia para circunscribirnos a nuestra cultura, apostó por el logos, el lenguaje, y la necesidad de saber. Vivimos tiempos menesterosos, donde la velocidad se confunde con el saber, estamos inundados de información, pero nos falta saber, falta ese momento imprescindibles que es la reflexión, la introspección, la necesidad de tomar distancia de las cosas, antes que nos devore esa anarquía de propaganda que nos dice como debemos vivir, en medio de una tecnología que quiere controlarnos. ¿Cómo resistir esos embates? ¿Cómo construir una sociedad más humana, más libre, más fraternal y equitativa?

Lledó trata de darnos pistas. El lenguaje, el logos, la intersubjetividad, el diálogo real, la pasión, la racionalidad son elementos necesarios para resistir esa invasión de lo tecnológico en el espacio del “mundo de la vida”. Nada no es ajeno a cuanto acontece en nuestro mundo. 

Unos textos que dan que pensar y permiten reflexionar sobre lo que somos y sobre todo queremos ser. Una de las pistas que se remite y remite en sus reseñas es el saber leer. Puede parecer una obviedad, pero el tema no es menor. Leer es conectarse con el autor del texto, y si ese autor hace siglos que escribió, es evidente que no escribió para nosotros, sino para sus conciudadanos. Esa capacidad de conectarnos con el pasado, permite que ese pasado traspase la barrera del tiempo y se haga presente en nuestro presente. Los clásicos, son esos autores que nos hacen reflexionar sobre nuestro presente, por eso, nunca caducan. Platón se enfrenta a los sofistas, pero toda su obra es una grandiosa reflexión sobre nosotros mismos, por eso, su lectura, aún puede ayudarnos a pensar sobre temas que siguen aún en pie: la justicia, la bondad, el amor, el saber, las paradojas del lenguaje, la política, la demagogia, la tiranía, no buscamos soluciones en Platón, sino que a través de su lectura, nos da un punto de lucidez para solventar esas cuestiones que encadenan nuestras sociedades. 

El libro le falta un índice analítico que resultaría muy útil, dada la cantidad de nombres y corrientes que se manejan. Esto no es por culpa de Lledó, sino de la editorial.


Ressenya: Espíritus del Presente

  Ressenya: Wolfram Eilenberger, Espíritus del Presente . Los últimos años de la Filosofía y el Comienzo de una Nu...