¿Cuánto poder tiene la sociedad civil (II)?

 


En el prefacio a la nueva edición alemana de 1990, del libro "Historia y crítica de la opinión pública. La transformación estructural de la vida pública" de Jürgen Habermas (1961) hace una valoración crítica de su obra. Habermas acaba de publicar un nuevo libro que lleva por título "Un nou canvi estructural en l'esfera pública i la política deliberativa"[Un nuevo cambio estructural en la esfera pública y la política deliberativa] (2022). Aún no he podido leer dicho libro. Más adelante ya trataré de ofrecer una síntesis de sus tesis.

Habermas cita a J.Meyrowitz, en su obra "No Sense of Place" (1985) [Sin sentido del lugar] su subtítulo "El impacto de los medios electrónicos en el comportamiento social". El título hace referencia a la desubicación que los individuos se ven sometidos por los nuevos medios, detalla cómo los medios electrónicos rompen el antiguo vínculo entre la ubicación y la interacción social, socavando así la conexión entre el sitio físico y el "lugar" social. Si esta afirmación se hace en el lejano 1985, que podríamos decir de la actualidad donde las redes sociales y los monopolios como Facebook, Twitter, o la aparición de la IA está alterando  el significado de lo que habíamos conocido. 

Habermas, cita a Joshua Meyrowtiz y nos dice lo siguiente: " Muchos de los rasgos de nuestra "era de la información" se nos asemeja a las más primitivas de las formas sociales y políticas: la sociedad cazadora y recolectora. En tanto que nómadas, los cazadores y recolectores no tienen una relación de fidelidad con el territorio. También tienen poco "sentido del lugar"; las actividades específicas no están estrechamente fijadas a asentamientos físicos específicos. La ausencia de fronteras tanto en las sociedades cazadoras y recolectoras como en las sociedades electrónicas (sic) conduce a toda una serie de chocantes paralelismos. De todos los tipos de societales conocidos anteriores al nuestro, las sociedades cazadoras y recolectoras han tendido a ser las más igualitarias en términos de los roles de machos y hembras, niños y adultos, jefes y seguidores. La dificultad de mantener muchos lugares separados o distintas esferas sociales tiende a implicar a cada uno en los asuntos de cualquier otro." (pág.35)

En la actualidad, esos nuevos nómadas son los altos ejecutivos de las empresas transnacionales o multinacionales, donde la nueva elite se mueve como pez en el agua, sea en Singapur, Nueva York, Barcelona o Bombay, al precio eso si, que todas esas ciudades se hayan homogeneizado y sean intercambiables -en la medida que eso sea posible-. En esa categoría la inmigración queda excluida.

A pesar de lo dicho, la contradicción entre lo global y lo local sigue siendo un hecho. Los problemas globales -cambio climático, inmigración, guerras, energías, infraestructuras, etc-, no pueden ser abordados ni por los Estados nacionales que no pueden hacer frente a la interdependencia y entrelazamiento que la globalización nos impone como un sistema autónomo -mercado-, y las soberanías limitadas de los estados y la creciente deserción de una ciudadanía que pierde la fe en el sistema democrático. La evidencia empírica nos pone ante un panorama donde lo virtual -estar en la nube- no tiene traducción real en la mejora del mundo real. 


¿Cuánto poder tiene la sociedad civil?

 


El eclipse de sol (1926), de Georg Grosz*


El texto pertenece a E.W.Böckenförde (1976) y hace referencia al retraso, en el caso alemán, de la igualdad civil:

"Con el surgimiento de la confrontación entre "Estado" y "sociedad" se origina el problema de la participación de la sociedad en el poder estatal de decisión y en la ejecución del mismo...El Estado introdujo a los individuos y a la sociedad en la libertad burguesa y los mantuvo en esa condición civil mediante la creación y la garantía del nuevo orden legal general. Pero los individuos y la sociedad no obtenían ninguna libertad política, es decir, ninguna participación en el poder político de decisión, concentrado en el Estado, ni ninguna posibilidad institucionalizada para ejercer una influencia activa sobre ese poder. En cierto modo, el Estado como organización de dominio descansaba en sí mismo; expresado en términos sociológicos: estaba sometido por la realeza, el funcionariado, el ejército y, en parte también, por la nobleza; y como tal quedaba "separado" institucional y organizativamente de la sociedad representada por la burguesía"** (pág.11).

Este cuadro no cuadra con el actual contexto de la posmodernidad y las profundas mutaciones en el orden político que ha sufrido el Estado. Sin embargo, cabría preguntarse ¿hasta qué punto esas alteraciones en el funcionamiento del Estado y la inserción de la sociedad civil y la mediación institucionalizada de los partidos políticos, ha transformado esa participación de la sociedad civil? 


El algoritmo como nueva metáfora cartesiana

 



 Una de las secuelas del pensamiento metafísico,  inaugurada por Descartes, es la distinción entre mente y cuerpo. En la actualidad, la neuropsicología y la psicología cognitiva, juegan un papel en las paradojas del pensamiento. Si decimos: "yo tengo dudas" acerca de cualquier afirmación, ¿Cómo podemos estar seguros qué quien lo dice está en lo cierto? 

En la actualidad, desde el campo de la IA, se habla de algoritmo, como un intermediario entre el hardware y el software, entre máquina y programa. Se nos ha vuelto a colar la distinción cartesiana. Si afirmo que tengo dudas acerca del cambio climático, desde una posición personal, subjetiva, ¿Cómo puede esta afirmación pasar el filtro de la verdad? El lenguaje supone una herramienta social, permite la puesta en cuestión de nuestros juicios. Contrastándolos con otros juicios. Sin embargo, es posible, que a pesar del debate de opiniones, sigamos afirmando nuestras dudas razonables acerca del cambio climático.

¿Cómo la neurociencia puede ayudarnos? La respuesta es que no puede. Si nuestras convicciones -opiniones, dudas, percepciones- son producto de un proceso evolutivo, ¿Cómo hacerlo transparente en el plano fisiológico?

Las explicaciones psicológicas, tiende a construir "constructos" conceptuales. Estos constructos, que no son más que metáforas, permiten transitar entre metáforas que exploran el terreno del cerebro. Así, las analogías entre el cerebro y el ordenador pueden ser fuente de descubrimientos heurísticos pero, sólo si somos conscientes del abismo entre nuestro cerebro y el funcionamiento del ordenador. Los algoritmos, parecen los últimos candidatos a cubrir ese hiato entre mente y cerebro. 

Cuando los neuropsicólogos nos muestran TAC y señalan una determinada porción del área cerebral, ¿están diciéndonos que allí, precisamente, reside ese constructo -engrama- que determina mi convicción acerca de la duda sobre el cambio climático? Es evidente, que en la actualidad estamos muy alejados de poder establecer esas correlaciones. Descartes estaría maravillado que sus elucubraciones acerca del dualismo mente/cuerpo, sigan dando tanta guerra hoy, como las que suscitó en su tiempo.


Bon Nadal !

 


Reseña: El apagón de luces (II)

 Reseña: El apagón de luces (II)


La democracia como materialización de un modelo de razón.



La denominada “eclipse de la razón” (pág.20), se debe al “déficit de racionalidad” (pág.20) que se ha producido dentro del espacio público –ámbito que afecta a la ciudadanía en su vida diaria-. Si la democracia es también deliberación, espacio de diálogo entre diferentes opciones políticas, lo que supone una racionalidad de medios y fines, eso que algunos denominaban razón deliberativa –contrapuesta a la denominada instrumental- cuando esa razón deja de existir, lo que se pone en peligro es la propia democracia. Es en este contexto donde las propuestas “populistas” apelan a esa “fuerte emotivización política” (pág.20) que nubla la razón. Manuel Cruz nos exhorta a recordar que “lo específico de las democracias deliberativas es, precisamente, que la decisión se encuentra al final del recorrido nunca al principio” (pág.20).

Existe la idea de que la política como espectáculo esconde en el fondo que “el poder real se encuentra en otro lugar” (pág.20). Existe una doble moral, en el sentido de responsabilidades, elevadísimas si nos encontramos con los políticos y los poderes en la sombra. Las críticas aceradas de unos –la clase política- contrasta con la adulación o exculpación de los poderes económicos, por ejemplo.


Cruz puede afirmar que “el desmesurado auge de una determinada forma de racionalidad, la instrumental, ha sido en detrimento de la otra, la dialógica o deliberativa” (pág.21). Desgraciadamente, esta dicotomía entre razón substancial –tiene en cuenta principios y reglas éticas sobre las consecuencias de las acciones y la razón instrumental –que se propone alcanzar fines sin importar los medios para alcanzarlos-. A pesar de lo que pueda decirse de ambas razones, lo cierto es que ambas operan en zonas grises, lo que acarrea dificultades no de principios, pero sí en las aplicaciones prácticas.


El eclipse de la razón vendría a ser sustituido por una “nuevo sentido común”, como antídoto contra la política. Sin embargo, ese “sentido común” no es más que ideología del statu quo. Cruz, menciona a Margaret Thatcher como el símbolo de ese “sentido común”  como una amalgama de “conservadurismo moral inglés y la ideología del libre mercado” (pág.22).


El “sentido común” supone la cancelación de los grandes relatos de emancipación. Como dice Cruz, la consigna sería: “esquivemos el debate de ideas” (pág.22). Como todo esta “patas arriba” (Eduardo Galeano), “los que no se metían en política se han visto reemplazados por quienes se meten en política...supuestamente sin opiniones políticas, esto es, tan solo armados de las categorías, según ellos incuestionables, del sentido común” (pág.23). Hoy, esa papilla ideológica, se hace dominante en perjuicio del debate (deliberación) de ideas.


En opinión del autor, una determinada izquierda, se ha lanzado a “librar la batalla de las guerras culturales” (pág.23), en sustitución de los proyectos de emancipación, busca nuevos electores que sustituyan a los desencantados o simplemente, de aquellos que se han acomodado a los nuevos aires que soplan. Se sustituye así, los debates sobre economía (de mercado) en beneficio de la ampliación de nuevos derechos “(feminismo, derechos LGTBI, derechos de los animales, ecologismo, nuevos lenguajes inclusivos...)” (pág.23). Una deriva de ese nuevo “sentido común”, tiene que ver con la apropiación de la derecha de temas que anteriormente, utilizaba la izquierda. 


Se diría que en la actualidad, la izquierda, busca en sectores de los nuevos derechos, al viejo sujeto de la revolución, el proletariado se ha esfumado –no es cierto, pero ha sido seducidos al parecer por cantos de sirena que vienen de la derecha extrema y extrema derecha-. Ello supone que ser el concepto de clase, que había sido utilizado como herramienta conceptual, sea en la actualidad objeto de burla o de menosprecio.  La derecha plantea “valores posmaterialistas en términos directamente posideológicos” (pág.24). Como la derecha rechaza cualquier cambio en el orden económico –desigualdad social, precariedad y control social-, solo puede ofrecer cambios en los valores culturales imperantes, además en clave tradicionalista. Los debates que la derecha plantea, son sobre cuestiones como la “sexualidad, la moralidad o la religión” (pág.25), temas que se abordan no desde el debate sosegado de ideas, sino desde una perspectiva eminentemente  emocional.  La derecha quiere marcar diferencias con la izquierda precisamente en esos ámbitos. Según ellos, estos temas tienes un fundamento en el “nuevo sentido común”. Según la derecha hay que despolitizar estos temas, e introduce inmediatamente, la vena emotiva, el ser o no ser de cada individuo. La figura de la víctima aparece como agraviado ante la falta de sentido común de aquellos que se atreven a cuestionar los valores de “siempre”. La derecha ha conseguido, desviar la atención, sobre las cuestiones materiales –la economía- y trasladar la batalla ideológica al plano de cultural. 


Esta batalla cultural, está llena de desaguisados conceptuales. Así, por ejemplo, si soy blanco, heterosexual, puedo ser desautorizado por criticar el comportamiento, de las mujeres que llevan velo, en nombre de la religión musulmana. Porqué, ¿quién soy yo para llevar a término tal crítica?  


Uno de los instrumentos de la revolución thatcheriana, fue vender la idea de libertad. El credo neoliberal, decía que cuanto menos Estado, mayores cotas de felicidad individual y progreso social podía llegar aspirar cada ciudadano, sin la losa de la burocracia que ahogaba la creatividad individual. Este dogma caló de forma inesperada, obligando a la izquierda a batirse en retirada. La idea de igualdad quedó difuminada por la exaltación de la individualidad. El concepto de clase quedaba clausurado.  


Manuel Cruz, utiliza el concepto de interseccionalidad –Kimberlé Crenshaw- para “expresar la idea de que, a la hora de analizar situaciones de desigualdad y de organización del poder en una sociedad, resulta más esclarecedor entenderlas como derivadas no de un único eje (y tanto da, a estos efectos, que sea la raza, el sexo o la clase) sino de la interacción de muchos que trabajan de manera conjunta y se influyen mutuamente”pág.27). Según este concepto de “interseccionalidad”, cualquiera que se deja algún elemento se desliza hacia el sectarismo. El concepto de “interseccionalidad”, me parece más bien un recurso narrativo, que conceptual. Se hace evidente, que el concepto de clase, tenía sentido en un mundo sólido, frente al mundo líquido en el que estamos inmersos. Los referentes como Habermas, Foucault, no son de gran ayuda. Si lo pueden ser Byung-Chul Han, Zygmunt Bauman o incluso Richard Rorty. 


Las batallas culturales, al decir de Cruz, la izquierda ha salido perdedora y “estaría constituyendo el principal obstáculo para su regeneración y crecimiento” (pág.28).


Reseña: El apagón de luces (I)

 Reseña: El apagón de luces (I)


 He comenzado a leer el libro de Manuel Cruz, El gran apagón. El eclipse de la razón en el mundo actual. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2022.




I. De la razón a la emoción. O del Siglo de las Luces al Gran Apagón.


Del Siglo de las Luces y la razón como instrumento para comprender y transformar la realidad al Romanticismo (s.XIX) que impugnó la razón para colocar en el centro al corazón (emociones) -subjetividad-.


Si el siglo XX finalizó en 1989 [tesis de historiadores], con el derrumbe del Muro de Berlín y el posterior hundimiento del Comunismo, Manuel Cruz no tiene claro que el inicio del siglo XXI sea el ataque a las Torres Gemelas.


Señala como hito del inicio del siglo XXI, la crisis de 2008 y su deriva a lo largo de la siguiente década y la aparición de la pandemia del COVID-19, que todavía hoy, sigue su curso, amén de la Guerra en Ucrania lanzada por Putin, cuyos efectos aún están por ver.


Todas estas fracturas han supuesto el “fin de las utopías de emancipación” políticas y sociales que han dejado a la izquierda huérfanas de soporte ideológico. Pero, si algunos lanzaron la idea que el capitalismo era quien salía vencedor de la Guerra Fría, la crisis del 2008 y la pandemia, han hecho que la euforia liberal se haya enfriado considerablemente.


En el plano epistémico, se ha pasado de la explicación a la narración. La izquierda parece haber abandonado los “valores materialistas” –estado del bienestar, distribución de la riqueza- para concentrarse en valores culturales, o “posmaterialistas” –ecología y la identidad cultural, género-.


Estamos delante de mutaciones de largo alcance que solamente ahora empezamos a vislumbrar, pero la falta de herramientas conceptuales para poder analizar lo que está sucediendo impiden su análisis y comprensión. Según Cruz, el propio concepto de “clase” es incapaz de explicar las mutaciones que han aparecidos en las últimas décadas. 


Manuel Cruz, habla de una “sociedad fatigada” hasta la decepción por los reiterados incumplimientos de los programas de máximos de unos y otros”. (pág.17)


Es la política la que está en cuestión por una ciudadanía desconcertada y desnortada. Un elemento que ayuda a esta ceremonia de la confusión es que nuestra sociedad se ha convertido en “una auténtica sociedad del espectáculo” (pág.18). Esto ha sido posible debido  al desarrollo de la tecnología de las comunicaciones. La tecnología no es la responsable, pero su utilización partidista a acabo por perfilar la situación actual. Porque “la política habría terminado por constituir algo así como el departamento de producción de contenidos para dichos medios” (pág.19).  En su libro La ceremonia caníbal, Christian Salmon podía afirmar: “ El hombre político se presenta cada vez menos como una figura de autoridad, alguien a quien obedecer, y más como algo que consumir; menos como una instancia productora de normas que como un producto de la subcultura de masas, un artefacto a imagen de cualquier personaje de una serie o un programa televisivo” (pág.19)


Si el espectáculo debe continuar, la mejor manera de estar atentos a la pantalla, no es argumentando, sino apelando a las emociones, así “la repetición y el remake que no se reconoce en su condición de tal pasan a estar a la orden del día. El resultado es que nos encontramos ante el procedimiento más eficaz para que todo termine cayendo en el olvido” (pág.19)


Aristòtil i la seva línia del mig



“S'admet que hi ha tres coses per on els éssers humans es fan bons i virtuosos, i aquestes tres coses són la naturalesa, l'hàbit i la raó (...). Els altres animals viuen primordialment per acció de la natura, si bé alguns, en un grau molt petit, són també portats pels hàbits; l'ésser humà, en canvi, també viu per acció a la raó, ja que és l'únic entre els animals que té raó. De manera que aquestes tres coses hi han de guardar harmonia recíproca entre si. Els éssers humans, en efecte, obren sovint de manera contrària als hàbits que han adquirit i a la seva naturalesa a causa de la seva raó, si estan convençuts que algun altre camí d'acció els és preferible”

Aristòtil(Política, VII; 12, 1332 b)



Qüestions:


1.- Resumir el text.

2.- Comenta la expressió: “l'ésser humà, en canvi, també viu per acció a la raó, ja que és l'únic entre els animals que té raó." 

3.- Explica el text, en funció del què diu Aristòtil sobre aquesta qüestió.


¿Qué significado puede tener el nombre de Karl Marx?

 “(...) El hecho de que los teólogos medievales a su manera, es decir cambiándoles el sentido, estudiaran a Platón y a Aristóteles es equivalente a la utilización de la metafísica de Hegel por parte de Karl Marx para su cosmovisión política*. (...)” (pág.628)

Este pequeño fragmento ha dado pie a discusiones de orden filosófico, acerca de la idoneidad de lo que quiere decir Heidegger al pronunciar Karl Marx. Martínez Marzoa, hace hincapié en el tono causal de la utilización por parte de Heidegger. 




En la presentación de su libro “La filosofía de El capital**”, Martínez Marzoa, la obra de Marx se expresa en “El capital”, despachando así toda la escolástica alrededor de las distinciones entre un Marx joven y otro maduro, entre filósofo y economista, y todas las distinciones que hoy parecen desdibujarse. Al decir de Martínez Marzoa*, si alguien quiere saber lo que decía Marx, hay que buscarlo en su obra El capital. Pues, es en ella donde se esforzó por  expresar lo que quería decir acerca de la sociedad de su tiempo: “La riqueza de las sociedades donde domina el modo de producción capitalista aparece como un colosal amontonamiento de mercancías, y cada mercancía como su forma elemental. Por eso nuestra investigación comienza con el análisis de la mercancía” [La riquesa de les societats on domina el mode de producció capitalista apareix com un colossal amuntegament de mercaderies, i cada mercaderia com a la seva  forma elemental. Per això la nostra recerca comença amb l'anàlisi de la mercaderia ***”(pàg.67)].



Comentario de texto de Descartes

 Comentario de texto


Y, por tanto, [...] yo debería tener la existencia de Dios por algo tan cierto, como hasta aquí he considerado las verdades de las matemáticas, que no atañen sino a números y figuras; aunque, en verdad, ello no parezca al principio del todo patente, presentando más bien una apariencia de sofisma. Pues, teniendo por costumbre, en todas las demás cosas, distinguir entre la existencia y la esencia, me persuado fácilmente de que la existencia de Dios puede separarse de su esencia, y que, de este modo, puede concebirse a Dios como no existiendo actualmente. Pero, sin embargo, pensando en ello con más atención, hallo que la existencia y la esencia de Dios son tan separables como la esencia de un triángulo rectilíneo y el hecho de que sus tres ángulos valgan dos rectos, o la idea de montaña y la de valle; de suerte que no repugna menos concebir un Dios (es decir, un ser sumamente perfecto) al que le falte la existencia (es decir, al que le falte una perfección), de lo que repugna concebir una montaña a la que le falte el valle. (Meditaciones metafísicas con objeciones y respuestas, Meditación quinta (Alfaguara, Madrid 1977, p. 55)





1.- Resumen. 


El texto trata de demostrar la existencia de Dios a través del argumento ontológico. Descartes afirmará que al igual que un triángulo tiene como esencia que la suma de sus tres ángulos valgan dos rectos, así también, en el caso de Dios existencia y esencia son inseparables, pues sería incongruente que faltase en él la existencia.


2.- Análisis.


Descartes afirmará que el "yo" posee como idea la de un ser perfecto que identificará con Dios. La prueba se basa en el argumento ontológico, cuyo origen se remonta a San Anselmo (s.XI). Si Dios existe entonces la hipótesis del genio maligno se cancela. Y ese "cogito" que tiene pensamientos (cogitationes) puede salir de su "solipsismo" para explorar la "res extensa". Dios garantizará la conexión entre res cogitans y res extensa, puesto que ambas realidades (sustancias) han sido creadas por el mismo Creador.


La demostración de la existencia de Dios permite la afirmación de la res extensa. Nuestras cogitationes tienen existencia en base a las ideas adventicias. Descartes explicará que Dios garantiza la conexión entre las ideas claras y distintas en la mente y su correspondiente realidad en la res extensa.


Descartes utilizará diferentes argumentos para probar que Dios es una idea innata. Sin embargo, en la demostración de la existencia de Dios ya fue criticada en su momento, por ejemplo, Arnauld, al afirmar que la demostración descansaba en un círculo vicioso. ¿Si Dios es una idea clara y distinta, por qué debería fundamentar al yo y al mundo que son a su vez ideas claras y distintas? La respuesta cartesiana fue afirmar que el "cogito" es independiente del conocimiento de Dios.


El argumento ontológico se deja resumir de la siguiente forma: Afirmar la existencia de Dios en base a la idea del ser perfectísimo. El argumento recibiría en Kant (s.XVIII) su golpe definitivo. Lo único que podría afirmarse es no tanto su existencia, sino su posibilidad.


El argumento ontológico pasa desde la esencia que puede ser pensada -por ejemplo, como ser perfecto-, y da un salto hacia la existencia. Como bien dice H.Küng el "argumento ontológico mantuvo su fuerza de convicción mientras tuvo vigencia el supuesto platónico-agustiniano de un realismo de las ideas, para el que las ideas tienen realidad propia, independiente. Para Descartes la idea no era en absoluto mero pensamiento, palabra vacía, "simple" concepto, sino una realidad primigenia. En tal caso, naturalmente, sí se podía concluir de la realidad de la idea de Dios la realidad de su existencia." (H.Küng.- ¿Existe Dios? Ediciones Cristiandad, 4ed, Madrid,1979, pág.66).


La crítica más implacable contra el argumento ontológico se debe a I.Kant (s.XVIII). En su Crítica de la Razón Pura, podemos leer lo siguiente: " El concepto de un ser supremo es una idea muy útil en no pocos aspectos. Pero, precisamente por tratarse de una simple idea, es totalmente incapaz de ampliar por sí sola nuestro conocimiento respecto de lo que existe." Y para acabar de remachar acaba diciendo: " Todo el esfuerzo y el trabajo invertidos en la conocida prueba ontológica (cartesiana) de la existencia de un ser supremo a partir de conceptos son, pues, inútiles. Cualquier hombre estaría tan poco dispuesto a enriquecer sus conocimientos con meras ideas como lo estaría un comerciante a mejorar su posición añadiendo algunos ceros a su dinero en efectivo" (A 602,B 630). (I.Kant, Crítica de la razón pura, Prólogo,traducción,notas e índices, Pedro Ribas, ed.Alfaguara, Madrid, 1978, pág, 506)


Las pruebas de la existencia de Dios -la idea de infinito, como causa y el argumento ontológico- le permitían a Descartes solucionar los siguientes problemas planteados:


ˆ La fundamentación del yo y el mundo.

ˆ La eliminación de la hipótesis del genio maligno.

ˆ La salida del solipsismo hacia el exterior.

ˆ La afirmación de Dios como principio y conservador del orden mecanicista en la naturaleza.


Naturaleza-Cultura

 1. Introducción.


La comprensión de la idea de cultura como "cultivo" de capacidades humanas y como resultado del ejercicio de estas capacidades según ciertas normas, tiene su origen en el mundo griego. Éstos distinguieron entre "el estado de natura" (naturaleza) y el "estado de cultura" (civilización); los sofistas (s.V-IV a.C) hicieron famoso el contraste entre lo que es "por naturaleza" (physis) y lo que es por convención (nomos). En la época helenista (s. III a.C.) los cínicos proclamaron lo natural como superior a lo cultural que consideraban como signo de decadencia. Los estoicos afirmaron que seguir la vía de la Razón era seguir los caminos trazados por la Naturaleza.


Cuando se habla de Naturaleza y cultura es para los siguientes propósitos:


1) Distinguir entre dos aspectos de la realidad: la no humana y la humana.


2) Distinguir entre dos aspectos en el ser humano: el natural y el cultural o espiritual.




 

Ambos pueden ser interpretados ontológicamente o metodológicamente. En la interpretación ontológica -grado de realidad- se supone que naturaleza y cultura son ámbitos de realidad diferentes. En la interpretación metodológica se supone que naturaleza y cultura pueden formar una especie de "continuo", pero que conviene usar métodos diferentes para cada uno de esos aspectos. Así, por ejemplo, la naturaleza se describe con leyes, mientras que la cultura se describe con interpretaciones y valoraciones. De ahí, las diferencias entre las ciencias de la naturaleza, donde impera la unanimidad, frente a la diversidad de interpretaciones alrededor de las ciencias sociales.


Según Ortega y Gasset (s.XX), la cultura es una tabla de salvación en el mar sin fondo de su existencia, esta tabla le permite transformar la inseguridad existencial del hombre en un momentáneo sentirse a salvo. Cuando se olvida de que la cultura es precisamente tabla y no construcción aparece los síntomas de decadencia y falta de vitalidad, al estilo de lo que paso en el imperio romano. La cultura debería ser el aguijón que mantiene en tensión a los hombres para no dejarse arrastrar en la inseguridad radical de nuestra condición(1).


2. ¿Qué entendemos por cultura.

Cuando el término se utiliza en antropología, etnología o sociología, tiene un sentido bastante distinto al utilizado corrientemente. Se trata de todo cuanto, en una sociedad determinada, es adquirido, aprendido y puede ser transmitido. La cultura hace referencia, pues, al conjunto entero de la vida social, desde lo tecnológico y las organizaciones institucionales hasta las formas de expresión de la vida del espíritu, todo ello considerado como un orden de valores que dan una cierta calidad humana al grupo. El contexto cultural caracteriza tipos de cultura, es decir, conjuntos de conocimientos, de ideas, de creencias, de normas, de valores y de conductas especificas de cada cultura.




La cultura va acumulando los conocimientos adquiridos en el transcurso de innumerables generaciones; pero también pertenece a la cultura de una sociedad el comportamiento adecuado que hay que seguir en la vida social. La cultura proporciona esquemas de comportamiento, puede recomendarlos o hacerlos obligatorios. El hombre puede pertenecer simultáneamente a varias culturas y desempeñar una función en ellas.


En toda cultura puede haber individuos que de repente dejan de hacer lo que su propia cultura y sociedad esperan de ellos. Incluso las formas de comportamiento, las habilidades, etc., que no se pueden reflejar en el lenguaje, pertenecen también a la cultura respectiva. Según R. Firth, cultura y sociedad pueden ser consideradas como dos caras diferentes de un único fenómeno.


3. El conflicto naturaleza-cultura.


Se puede afirmar con respecto a este conflicto lo siguiente:


1) El hombre es un ser por su naturaleza cultural, social, de modo que su conducta, además de estar determinada biológicamente como el resto del mundo animal -código genético-, en los humanos gran parte de su cultura es aprendida o interiorizada por vía de cultura. El pobre bagaje instintivo del hombre le hace necesitado de una cultura -tabla de salvación de la que hablaba Ortega y Gasset- que le proporcione respuestas. En este sentido lo hábitos son el equivalente de las respuestas instintivas.


2) El hombre es un ser de cultura: un occidental criado y educado entre esquimales es un esquimal/mientras que un esquimal criado y educado entre occidentales es un occidental. En casos extremos, un niño educado entre lobos es un lobo o se comporta como tal. Lo contrario no es cierto.


3) El hombre no es sólo un ser que puede aprender sino un ser que debe hacerlo, pues en caso contrario no alcanza ni siquiera el nivel de desarrollo de los animales. En los humanos el aprendizaje es la mayor parte de su repertorio de conducta. Si el hombre está genéticamente programado, lo está pues, para la adaptación y la apertura. Se podría decir que posee una predisposición a la libertad o la trascendencia.


4) Todo lo anterior está estrechamente unido al lenguaje. Siendo una facultad biológica, sólo se adquiere en sociedad. Razón por la cual no hay sociedad conocida sin lenguaje. Cierto que el mundo animal posee lenguaje, pero no alcanza la dimensión en cantidad y calidad humana, por lo que se sabe.


5) La evolución biológica de la especie a lo largo de milenios aparece sobredeterminada por la evolución cultural (lenguaje, tecnología/pensamiento abstracto), de modo que en el hombre la evolución biológica natural y la social cultural están entremezcladas.


6) La adaptabilidad/plasticidad y capacidad de innovación de los seres humanos son parte integrante de su naturaleza(2).


 

4. Sentido de la evolución cultural.


La evolución cultural posibilita escapar de nuestra condición de animales, al ofrecernos la posibilidad de trascender lo puramente animal y adentrarnos en lo específicamente humano, es decir, sus realizaciones. Las potencialidades del ser humano son extraordinarias.




Pero, el hombre como especie, nos es más que una de las centenares de criaturas de pueblan nuestro planeta. El ser humano debe tener conciencia de que está atado a la evolución. Estamos en disposición de poder modificar biológicamente funciones anteriormente naturales, pero no podremos luchar contra la dinámica interna de la naturaleza. Está en nuestro poder ayudar a la propia naturaleza a mantener un equilibrio que haga posible una simbiosis entre la naturaleza y las expectativas del progreso humano. El ser humano -y la sociedad como un todo-, tiene que reflexionar sobre el futuro que quiere construirse, y para ello, no es la ciencia sino la reflexión racional y ética quien debería dirigir un debate cada vez más urgente.


5. Actitudes ante la diversidad cultural


5.1.-El etnocentrismo

El etnocentrismo es una actitud que considera el mundo y a los otros desde el prisma de la propia etnia-cuya raíz griega ethos significa pueblo-, y cultura. Todas las culturas se definen etnocéntricamente otorgándose a sí mismas el calificativo de ser la gente, o los hombres de la tierra, en contraste con otros grupos tribales, pueblos o naciones, que son vistos en función de las propias percepciones y valores. 


Es, por lo tanto, un proceso básico para cimentar la solidaridad identitaria del colectivo y a la vez establecer diferencias y desigualdades respecto al otro: el extranjero, el inmigrante. La confluencia de los valores etnocéntricos con los intereses del poder económico y político, contribuye a justificar cualquier acción impositiva: el colonialismo, la imposición lingüística, así como la actitud ideológica estigmatizante: la xenofobia y el racismo. Desde la antropología cultural y ciencias afines, se ha creído encontrar el correctivo metodológico y cívico en el relativismo cultural . Cada cultura debe ser entendida en sus propios términos de forma que sus valores son el criterio para juzgar sus propios comportamientos. Ahora bien, comprender el funcionamiento de un sistema cultural no implica aceptar por igual todas las prácticas culturales, especialmente si éstas violan los derechos humanos básicos. Por ello, la crítica cultural al etnocentrismo significa ejercitarse en la transvaloración: aprender a verse cultural y teóricamente habiendo puesto previamente la mirada en el otro, aceptar el sentido híbrido de las culturas y, en definitiva, reconocer en las formas culturales más diversas lo universalmente humano. [María José Buxó Rey (2).]


5.2.- El relativismo cultural


El relativismo cultural se plantea como una consecuencia de la multiplicidad de culturas y de la afirmación de su inconmensurabilidad -imposibilidad de comparar lo diferente-, y ello en dos planos diferentes: el antropológico ? (¿Cómo comprender otra sociedad, otra cultura?) y el estrictamente cognitivo (¿ son las categorías lingüísticas las que determinan la percepción de la realidad, o más bien lo contrario?). Como se ve, los problemas son en todo caso epistemológicos, aunque su origen sea cultural, o incluso político.


El relativismo cultural es discutido por quienes creen, con Jarvie, que podemos comprender otras sociedades y culturas (primitivas o no) desde la nuestra, pues no son inconmensurables al haber universales que permiten el tránsito de unas a otras. Por el contrario, el "camino hermenéutico a la igualdad cultural" duda de toda comparabilidad entren culturas, y sostiene que "las formas de conocimiento son siempre ineluctablemente locales" (Geertz). Lo cual choca con la tesis de que hay principios morales que son universales y no meras expresiones de la cultura occidental, aunque procedan de ella. [Miguel Bertrán(2)]


5.3.- La sociedad multicultural.


El término multiculturalismo se origina en Canadá para aludir a una política inmigratoria que trata de ser respetuosa con las identidades culturales de los emigrantes, y no -como era usual- sustituirlas por la identidad de la nación receptora. Por extensión, el término tiene hoy una doble aceptación. En un plano normativo o político se entiende por sociedad multicultural una sociedad cuando menos tolerante y a ser posible respetuosa con las diversidades culturales existentes en su seno, diversidad que valora positivamente como un avance de la libertad, lo que afecta a temas como el uso de las lenguas, las prácticas religiosas, familiares o culinarias, las expresiones artísticas etc. Partiendo de la base de que el ser humano está culturalmente enraizado y no es nunca una personalidad abstracta, y a partir de análisis del liberalismo clásico que enfatizan el papel positivo de la diversidad social (así, John S. Mill en On Liberty), se deduce que una política liberal debe respetar e incluso favorecer en lugar de reprimir la diversidad cultural. En un segundo sentido, más descriptivo y sociológico -y que es el presupuesto táctico de lo antes dicho-, se entiende por sociedad multicultural aquellos espacios de acción social en los cuales coexisten personas y/o grupos sociales con variadas adscripciones e identidades culturales. 





La sociedad multicultural, entendida como hecho, es un fenómeno de alcance mundial que deriva de la creciente movilidad geográfica de personas a causa de la globalización económica, el transporte, el turismo, las emigraciones y un largo etcétera. En este sentido la sociedad multicultural alude a la emergencia de espacios de coexistencia multicultural, fundamentalmente las grandes áreas metropolitanas, de una parte y las zonas de atracción turística, de otra. Que tales espacios de convivencia o simple coexistencia multicultural se transformen en verdaderas sociedades multiculturales depende de tres variables. 

1.- De una parte, la tolerancia y/o aprecio que la sociedad de acogida otorgue a las minorías; 

2.- de otra, de la orientación de esas minorías hacia la plena integración o hacia la conservación de sus especificidades; 

3.- y finalmente, del volumen respectivo de minorías y mayorías y, más en concreto, de la eventual acumulación de minorías. 


Lo específico de la tendencia actual afecta a las dos últimas variables. Pues, de una parte, se aprecia un creciente rechazo de las minorías a dejarse absorber o integrar, como consecuencia de su reforzada identidad nacional (resultado de la descolonización), del peso creciente de nuevas áreas culturales plurinacionales (como es el caso del islam) y, sobre todo, de la fácil conexión con los países de origen (facilitada por los transportes y los medios de comunicación). De otra parte, por la creciente acumulación de minorías y el consiguiente desdibujamiento de la mayoría. De este modo, el juego de minorías y mayorías tiende a moverse, más allá del melting-pot* (N. Glazer) -caracterizado por la progresiva absorción de minorías en el seno de la mayoría-, por la convivencia y eventualmente la fertilización cruzada de diversas minorías entre sí y con una mayoría menos nítida. [Emilio Lamo de Espinosa (2)]




Toda esta descripción y análisis puede ser visto desde una perspectiva más sombría.


Mediante el concepto de multiculturalidad se ocultarían los siguientes presupuestos:


a) Las diferencias no serían tanto de culturas -no existen esencias culturales que determinen lo que son los catalanes, castellanos, los vascos, los suecos, etc.-, sino que estarían emergiendo conceptos como el de raza -moro, negro, etc-, y de origen -sudacas, etc.,-,y un último extremo, de renta. Como bien dice José María Ridao, "España multicultural" se encuentra en El Ejido, algunas zonas de Murcia y del Maresme(3).


b) La segunda operación consiste en confirmar los presupuestos de la xenofobia. Los inmigrantes no son vistos como personas que tienen un origen y una biografía y una tradición cultural, sino que se les despoja de todo ello y aparecen desnudos: son moros, negros, rumanos, en fin, extranjeros. El multiculturalismo borra esos caracteres de la extrema derecha y los convierte en un concepto antropológico, el cultural.


c) La tercera operación es que al hablar de diálogo multicultural se borra el concepto de ciudadanía. La desaparición del este concepto tiene mucho que ver con la desaparición de la política de la escena. Lo fundamental de dicho concepto estaba ligado a un Estado de derecho en el que las cuestiones de raza, credo y origen había quedado atrás. Cuando lo que se pone en cuestión es la política como instrumento de concordia y la democracia como instrumento, las antiguallas que cíclicamente reaparecen entre la extrema derecha y los populismos reaccionarios, pero también la izquierda bien pensante, es el decline del hombre y mujer en los Estados democráticos y la confrontación entre ellos y nosotros. La única respuesta frente a los desafíos que se enfrentan nuestras sociedades no es más restricciones a los derechos de los ciudadanos, sino más libertad y democracia, más transparencia y menos esencialismos.


5.4.- El universalismo cultural


El universalismo cultural supone la existencia de un "fondo común" en la naturaleza humana que pese a su diversidad y expresión en las culturas hay unos patrones básicos que permiten hablar de universalismo. ¿Cuáles pueden ser ese fondo común? La respuesta sin embargo, es muy limitada. Ese fondo se expresa por ejemplo, en la utilización del lenguaje, en una estructura de convivencia a través de relaciones de parentesco y poca cosa más.


¿Entonces, por qué hablar de universalismo? La respuesta está en los debates actuales del multiculturalismo. ¿Es mejor el modelo Occidental? ¿Es el Islam expresión del mal? Desde el etnocentrismo, cada cultura se ve asimismo como expresión de la "verdadera" cultura, como modelo y patrón donde deberían verse los demás. Sin embargo, esta vía no parece demasiado prometedora. No se trata de decirles a los demás que su cultura es un error o un horror. Deberíamos ser capaces de decirles que nuestros sistema a pesar de las limitaciones e imperfecciones deja espacios para que las personas busquen cada una su propio camino, que no importa la religión que tengan, porque ese es un asunto de cada uno, de la misma manera, la sexualidad que tu tengas no es asunto de la sociedad, que negar la existencia de Dios no es asunto que concierna la las instituciones, en fin, que existe una separación radical entre lo que como ciudadano estamos atados a las leyes que nosotros mismos nos hemos dado y lo que cada persona puede hacer con su propia vida. Que nuestro sistema de valores ha ido instituyendo un valor que son "los derecho humanos" que son expresión del anhelo del respeto por las personas. Que en nuestro sistema este modelo da como resultado una separación de los poderes que permite combinar libertad y seguridad en un equilibrio siempre frágil, inestable, que debemos seguir alerta ante las tentaciones autoritarias de más "seguridad" y menos libertad.





A las demás culturas deberíamos decirles que nosotros no estamos en posesión de la Verdad Absoluta, que nuestras creencias se sustentan en la experiencia compartida desde la Ilustración y que ciertas conquista, aunque precarias son hoy conquistas que nos parecen dignas de compartirlas con los demás. Por ejemplo, el papel de las mujeres en nuestra sociedad, frente a otras sociedades, donde dicho papel es inexistente en el mejor de los casos. O bien, el papel de los críticos de nuestra sociedad, ya sean periodistas, novelistas, intelectuales en general, donde pueden criticar al gobierno de turno sin que se vean amenazados o detenidos, los homosexuales, por tener preferencias sexuales distintas a la de los demás, para que no sean perseguidos, encarcelados o asesinados.


Nuestra defensa por los "valores humanos" expresión de los ejemplos anteriormente citados, supone hacer énfasis en el valor de la persona humana como ser autónomo que no necesita de la autoridad terrena ni divina para construirse con los demás como persona y que el papel del Estado y la sociedad consiste en defender dicha autonomía.


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