John Locke (IV)

2.3.- La cuestión de la esencia, el universal y el lenguaje.(2)

El problema de la esencia está íntimamente unido al de la sustancia. Para la filosofía antigua, la esencia coincidía con la sustancia. Locke también afirma que la esencia real sería la estructura o constitución de las cosas, de las que dependen sus cualidades sensibles. Sin embargo, esa esencial real, según Locke no es desconocida. En cambio, lo que conocemos es la esencia nominal, que consiste en aquel conjunto de cualidades que establecimos que debía poseer una cosa para ser llamada con un determinado nombre, por ejemplo, el tener un color, una temperatura de fusión, un peso, etc., determinados, le da derecho a un metal a recibir el nombre de oro. Hay algunos casos en los que coinciden la esencia real y la esencia nominal, como por ejemplo en las figuras geométricas; pero se trata, precisamente de contrucciones hechas por nosotros. En las demás cosas, la división continua siendo efectiva.



En el contexto de las metafísicas clásicas, la abstracción consiste en aquel proceso por el cual se llega a captar la esencia, obteniéndola gracias a una paulatina desmaterialización mental del objeto. Sin embargo, una vez que ha negado la esencia real, es decir, su cognoscibilidad, Locke no puede menos que considerar la abstracción como un separar algunas partes de ideas complejas del resto de partes. Por ejemplo, tengo la idea de Pedro y de Juan; elimino de ese conjunto de ideas aquellas que no son comunes a los dos invididuos (gordo, rubio, alto, viejo, etc.) y conservo el conjunto de ideas comunes a los dos, que señalo con el nombre "hombre", y lo utilizo para representarme tambien a otros hombres.

Para Locke, por lo tanto, la abstracción es una parcialización de otras ideas más complejas. En Ensayo nos dice lo siguiente:

" (...) lo general y lo universal no pertenecen a la existencia real de las cosas, sino que son invenciones y criaturas del intelecto (...). Las palabras son generales cuando son empleadas como signos de ideas generales y pueden aplicarse así indistintamente a muchas cosas particulars; las ideas son generales cuando representan muchas cosas particulares. (...) Por eso, cuando nos alejamos de lo particular, lo que queda en general es sólo una criatura fabricada por nosotros. (...). El significado que posee únicamente es una relación que el espíritu humano añade a estas cosas particulares".




John Locke (III)

2.2.- Clases de ideas: simples y complejas.

Locke distingue entre ideas simples e ideas complejas. Las primeras son las que nos suministran la experiencia, es decir, la sensación y la reflexión, y que son recibidas por la mente de un modo meramente pasivo. Locke establece las  siguientes clases de ideas simples:
1) Ideas simples de la sensación:
1.- ideas que llegan a la mente sólo por un sentido (p.eje., la luz, los colores, por los ojos,etc.) y
2.- Ideas que llegan a la mente por más de un sentido (espacio, extensión, figura y movimiento)

2) Ideas simples de reflexión, que se originan cuando la mente vuelve la vista sobre sí misma y observa sus propias acciones sobre las ideas que han recibido del exterior (percepción o pensar, volición o deseo, que son las principales y recordar, discernir, razonar, juzgar, conocimiento, fe, etc.)

3) Ideas simples que llegan a la mente por los caminos de la sensación y la reflexión juntamente (el placer, el dolor, la potencia, la existencia, la unidad, etc.). La característica común de todas las ideas simples es que la mente las recibe de manera pasiva.


Respecto a las ideas complejas, son las que elabora la mente, tomando como material y fundamento las ideas simples. Aquí, la mente desempeña un papel activo en cuanto a la producción de las ideas complejas; la mente puede combinar, relacionar, separar ideas, dando lugar así a una variedad enorme de ideas complejas. Las principales ideas complejas son, según Locke:
1.- las de modos,
2.- sustancias y
3.- relaciones.

1.- Los modos son ideas complejas que se presentan, no como subsistiendo por sí mismas, sino como afecciones o dependientes de la substancia. Locke distingue dos clases de modos:
a) Simples y b) Mixtos.

De a) son combinaciones o variaciones diferentes de una misma idea simple, sin mezcla de ninguna otra (p.eje., la idea de una docena, que resulta de sumar la única idea simple de uno); En b) son combinaciones de ideas de diferentes clases (p.eje., la idea de belleza cuenta en su composición con las diferentes ideas de color, forma, placer). Los principales modos simples son el espacio, duración, número, fuerza, pensamiento; son modos mixtos, las ideas de embriaguez, asesinato, deber,etc.)

2.- En cuanto a la idea de sustancia, Locke distingue, dos sentidos de esta idea: la idea general de sustancia o idea de sustancia como substratum, o soporte de las cualidades que producen en nosotros ideas simples. Y las ideas de sustancias particulares, como una rosa, un hombre, etc. La idea general de sustancia o sustancia como substrato es, según Locke, una especie de presuposición de la mente: la mente, advirtiendo que recibe del exterior ideas simples, no puede imaginar que éstas subsistan por sí mismas, entonces infiere o supone un substrato o soporte, en el cual subsisten y del que dependen las cualidades que producen en nosotros las ideas simples. Lo que sea este soporte permanece, no obstante, desconocido para la mente; ésta no tiene una idea clara y distinta de lo que es. En cuanto a las ideas de sustancias particulares, no son más que combinaciones de ideas simples, que representan cosas particulares subsistiendo por sí mismas, es decir, combinaciones de ideas simples, unidad a la idea general de sustancia.

3.- Las ideas complejas de relaciones resultan de la comparación de unas ideas con otras. El número de ideas de esta clase es casi infinito. Locke quiere demostrar que todas las ideas de relaciones se pueden reducir a ideas simples de sensación y reflexión.

John Locke (II)

2.1.1.- Refutación de la teoría de las ideas innatas.

"Supongamos que la mente (...) sea un papel en blanco, limpio de todo signo ("a white paper, with no character on it"). ¿Cómo llega a tener ideas?, ¿de dónde saca todo el material de la razón y del conocimiento (...), ese prodigioso cúmulo de variedad casi infinita, que la activa imaginación ha pintado en ella? Contesto con una sola palabra: de la experiencia. Este es el fundamento de todo nuestro saber, que de ella deriva en última instancia."



Locke dedica el Libro I del Ensayo a refutar la doctrina de las ideas innatas. Su crítica puede sintetizarse en los siguientes puntos:

1) La postura innatista que Locke critica no es únicamente la de los cartesianos, sino también la de Herbert de Cherbury (1583-1648), los platónicos ingleses de la escuela de Cambridge (Benjamin Wichcote, 1609-1683; John Smith, 1616-1652; Henry More, 1614-1687; Ralph Cudworth, 1617-1688) y, en general, todos los que en cualquier forma sostengan la presencia en la mente de contenidos anteriores a la experiencia, que habrían sido impresos en ella desde el primer momento de su existencia.

Locke apela a los siguientes argumentos básicos para refutar dicha prueba:

a) El consenso universal de los hombres acerca de determinadas ideas y determinados principios (en el caso de que exista, cosa que se pone en duda) también podría explicarse sin la hipótesis del innatismo, mostrando sencillamente que existe otra manera de llegar a él.

b) En realidad dicho consenso universal no existe, como se constata a través del hecho de que los niños y los deficientes mentales no son conscientes para nada del principio de identidad o de no contradicción, ni de los principios éticos fundamentales.

c) No se puede afirmar de ninguna proposición que esté en el espíritu, pero que el espíritu nunca la conoció o nunca fue consciente de ella.

d) La tesis de que hay principios morales innatos se ve desmentida por el hecho de que algunos pueblos se comportan exactamente al revés de lo que postularían tales principios (teóricos y prácticos).

e) La idea misma de Dios no puede decirse que todos la posean, ya que hay pueblos que no «tienen ni siquiera un nombre para designar a Dios, no tienen religión ni cultos».

2) Podría formularse la hipótesis según la cual el intelecto, aunque no tenga ideas innatas, podría empero crear ideas o, si se prefiere, podría inventarlas. Sin embargo, Locke excluye categóricamente tal hipótesis. Nuestro intelecto puede combinar de diversos modos las ideas que recibe, pero de ninguna manera puede concederse a sí mismo ideas simples, y tampoco -una vez que las tiene- puede destruirlas, aniquilarlas o anularlas.

3) El intelecto, en consecuencia, recibe el material del conocimiento sólo a través de la experiencia. El alma piensa únicamente después de haber recibido dichos materiales:

«(...) a medida que éstas aumentan de cantidad y el espíritu las conserva, el alma -gracias al ejercicio- mejora su facultad de pensar en todas sus diversas partes. A continuación, combinando estas ideas reflexionando sobre sus propias operaciones, incrementa su patrimonio y su facilidad para recordar, imaginar, razonar y utilizar otros modos de pensar. »


2.1.2.- La experiencia (sensación y reflexión) es la fuente de las ideas.

"En primer lugar, nuestros sentidos, que tienen trato con objetos sensibles particulares transmiten a la mente "percepciones" de cosas, según los variados modos en que son afectados por los objetos". Esta representación es lo que Locke llama "idea de sensación", fenómeno totalmente pasivo, considerándola como la fuente donde "se origina el mayor número de las ideas que tenemos". La reflexión, "percepción de las operaciones internas de nuestra propia mente" es la otra gran fuente. Al igual que la sensación, es un fenómeno puramente pasivo, entendiendo por tal que "el entendimiento es meramente pasivo y no está a su alcance el poseer o no esos rudimentos, o, como quien dice, esos materiales de conocimiento. Estas son las dos fuentes de conocimiento de donde parten todas las ideas que tenemos o podemos tener de manera natural" (L.II, i, 2, 164.).



En el libro II se establece el principio de que todo el material de nuestro conocimiento, todas nuestras ideas proceden de la experiencia. Y por esta entiende tanto las cosas sensibles externas, como la de las operaciones internas de nuestra mente. La primera tiene lugar cuando observamos las cosas sensibles, es decir, cuando nuestros sentidos convergen con las mismas, lo cual proporciona al entendimiento ideas como “blanco”, “frío”, “dulce”, etc; Locke denomina a esta clase de experiencia sensación y constituye la principal fuente de nuestras ideas. La segunda, llamada  reflexión, tiene lugar cuando observamos y reflexionamos acerca de las operaciones que lleva el entendimiento al ocuparse de ls ideas recibidas por los sentido, así obtenemos las ideas de “pensamiento”, “duda”, “deseo”, etc. Sensación y reflexión constituyen, pues, las dos fuentes a partir de las cuales se originan todas nuestras ideas.

John Locke (I)

John Locke
(1632-1704)




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1.- Caracterización del empirismo.

El término “empirismo” (empireia: experiencia). Empirista será todo sistema filosófico que atribuye a la experiencia el papel fundamental en el orden del conocimiento.

Racionalismo y empirismo coinciden en cuanto al objeto del conocimiento, este será las ideas; pero discrepan en cuanto a su origen. El problema que se les plantea a ambas corrientes es el siguiente. Se deslizan desde cuestiones ontológicas a cuestiones epistemológicas. No hablan de cosas, las sustituyen por ideas. Pretenden decirnos que las ideas corresponden a las cosas que aparecen en la "realidad". Descartes podrá decir que esa realidad ha sido creada por Dios. Locke también piensa lo mismo, pero no es capaz de dar el salto. Se queda a medio camino. Para el racionalismo las ideas son “innatas” –es decir, son aquellas ideas que la mente de manera natural y espontánea es capaz de conocerlas por sus propias fuerzas-, mientras que los empiristas, su origen está en la experiencia. Para ellos, la experiencia es la fuente, el criterio y el límite mismo del conocimiento. Por experiencia entienden tanto la experiencia externa como la interna.

En cuanto al modelo de saber, los racionalista proponían las matemáticas y el método deductivo, propio de aquella; mientras que los empiristas se adhieren a la física (Boyle, Newton) y adoptan como modelo el método inductivo. Las matemáticas queda confinado al ámbito deductivo, mientras que el conocimiento de la naturaleza –factual- consiste en generalizaciones a partir de la experiencia. A pesar de su adhesión a la nueva física, Locke pretende la continuidad entre matemática y física. Sólo la matemática es capaz de darnos auténtico conocimiento, frente al conocimiento probable de la física. En el fondo, Locke está planteando lo que Leibniz establecerá como verdades de razón y verdades de hecho, y D.Hume, rebautizara como relaciones de ideas y cuestiones de hecho, para acabar con Kant y su distinción entre jucios analíticos y sintéticos.

2.- J.Locke.

• Biografía: Nac. en (Wrington) Bristol, 1632. De familia liberal, defendió siempre el liberalismo y los ideales ilustrados de racionalidad, tolerancia, filantropía y libertad religiosa. Estudió teología, química y medicina y viajó por Holanda, Francia y Alemania. Murió en 1704, a los 72 años. 
• Obras: Ensayo sobre el entendimiento humano (1690);  Dos tratados sobre el gobierno civil (1690);  La racionalidad del cristianismo (1695)




2.1.- El origen de las ideas.

Nicola Abbagnano, resume a la perfección el problema en los términos siguientes: «El Ensayo sobre el intelecto humano de Locke se presenta como un análisis de los límites, las condiciones y las posibilidades efectivas del conocimento humano.(...) La tesis más llamativa de Locke es que las ideas proceden de la experiencia y que, por lo tanto, la experiencia constituye el límite infranqueable de todo posible conocimiento.»

En su Ensayo el autor se propone investigar acerca del “origen, la certeza y la extensión del conocimiento humano”. Locke plantea el problema del origen del conocimiento. Éste se centra como en Descartes no en las cosas, sino en ideas que tenemos de las cosas, las ideas son, pues, el objeto inmediato del conocimiento.

En la Introducción al Ensayo se puede leer:

«Este es el término [idea] que sirve mejor -en mi opinión- para representar una cosa que sea objeto del intelecto cuando el hombre piensa. Por lo tanto, lo he utilizado para expresar todo lo que puede ser entendido como imagen, noción, especie o todo aquello alrededor de lo cual puede ocuparse el espíritu al pensar.»

Sin embargo, se rompe el acuerdo con Descartes cuando se trata de establecer «en qué modo llegan al espíritu estas ideas». Descartes se había pronunciado a favor de las ideas innatas. Locke, por el contrario, niega toda forma de innatismo y busca demostrar -de manera sistemática y mediante un análisis muy puntilloso- que las Ideas proceden siempre y únicamente de la experiencia.

Como consecuencia, la tesis de Locke consiste en lo siguiente:

1) No hay ideas ni principios innatos;

2) Ningún intelecto humano, por fuerte y vigoroso que sea, es capaz de forjar o de inventar (esto es, crear) ideas, al igual que no es capaz de destruir aquellas que existen;

3) Por lo tanto, la experiencia es el origen de las ideas y, al mismo tiempo, su límite, el horizonte al cual se halla vinculado el intelecto.



Descartes (y VI)

7. ¿Moral provisional o moral definitiva?

En los "Principios de la filosofía" se puede leer lo siguiente: " Així, tota la filosofía és com un arbre, que té per arrels la metafísica, per tronc la física i per branques que surten d'aquest tronc totes les altres ciències, que es redueixen a tres de principals, a saber, la medicina, la mecànica i la moral - vull dir la més alta i més perfecta moral, la qual, pressuposant un coneixement complet de les altres ciències, és el darrer grau de la saviesa" (10).

Si en los Principios (1644) aparece la moral como expresión del grado más elevado de la sabiduría, ¿cómo ha tratado la moral Descartes a lo largo de su obra? En el Discurso del método (1637) aparecen las siguientes "máximas":

1) "la primera en obedecer las leyes y costumbres de mi país, conservando constantemente la religión en que Dios me ha concedido la gracia de que instruyera desde niño, rigiéndome en las restantes cosas según las opiniones más moderadas y más apartadas de todo exceso, que fuesen comúnmente aceptadas en larpáctica por las personas más sensatas con quienes tuviera que convivir".

2) "Mi segunda máxima fue la de ser lo más firme y resuelto que pudiese en mis acciones y seguir con tanta constancia en las opiniones más dudosas, una vez resuelto ello, como si fueran muy seguras.(...) cuando no está en nuestro poder discernir las opiniones más verdaderas, debemos seguir las más probables (..)".

3)"Mi tercera máxima fue procurar siempre vencerme a mí mismo antes que a la fortuna y alterar mis deseos antes que el orden del mundo; y acostumbrarme a creer que sólo nuestros pensamientos están enteramente en nuestro poder, de manera que, después de haber obrado lo mejor que hemos podido, en lo tocante a las cosas exteriores, lo que no logramos es absolutamente imposible para nosotros".

4) "(..) aplicar mi vida entera al cultivo de mi razón y adelantar todo lo posible en el conocimiento de la verdad según el método que me había prescripto(...). (..) basta juzgar bien para obrar bien, y juzgar lo mejor posible para hacer también lo mejor, es decir, para adquirir todas las virtudes y juntamente con ellas todos los bienes que pueden adquirirse; y cuando uno tiene la certidumbre de que ello es así, no puede dejar de estar contento" (Discurso del método. ed.Alianza, 5ed,Madrid, 1982,III, págs.88-90).



Al hilo de la explicación que aparece en la introducción al "Tractat de les passions" a cargo de Pere LLuís Font, seguiremos sus sabias explicaciones:

La primera regla es la "adaptación y la moderación": obedecer las leyes y las costumbres del país y mantener la religión de la infancia,y en toda otra cosa seguir las opiniones más moderadas.

La segunda,la de la decisión y la constancia: ser firmes y decididos en las acciones y no ir cambiando de opinión cuando nos hemos determinado de buena fe por una, aunque sea solamente probable o dudosa.

La tercera, la del autodominio y la indeferencia: procurando "vencerme a mí mismo más que a la fortuna, y cambiar mis pensamientos" (que es lo único que están en mi poder) "más que el orden del mundo", dejándome indiferente delante de todo aquello que no dependa de mi.

La cuarta, la del cultivo de la razón: como elección de vida y la afirmación del intelectualismo moral.

                                  Cuadro comparativo entre las dos formulaciones(11)



La moral cartesiana se centra en el entendimiento y la voluntad que identifica con la libertad. En el Discurso del método, se hace profesión de fe respecto al intelectualismo moral al decirnos: " hay suficiente juzgar bien para hacer el bien..". En este texto el papel de la voluntad es inexistente, frente al entendimiento. El intelectualismo moral -cuyo origen se encuentra en Sócrates- se confunde al no distinguir entre conocimiento teórico y práctico. No basta juzgar bien,porque sencillamente, eso es impracticable(12).




En el Tractat, el papel de la voluntad cobra protagonismo: la virtud consiste en "tenir sempre la voluntad d'emprendre i d'executar tot allò que [jutgem] que és el millor" (T,III, 153,pàg.163). Ahora, el requisito de "juzgar bien" no es el criterio para obrar bien,pues falta la buena voluntad. Porque el campo específico de la moral es el uso del libre arbitrio(13).


Notas:

(1) En la "Rendición de Breda" (1624) o Las lanzas, de Velázquez, contemplamos una escena de la guerra de los "Treinta Años". Descartes había residido en esa ciudad poco antes (1617-1619), sirviendo la bandera de Mauricio de Nassau, de la casa de Orange y aliado de Francia. Estaba en el ejército, pero no en la guerra. Gozaba de tiempo libre. En Breda se encontró con que alguien había fijado el cartel de un problema matemático. El joven se siente retado y pide a un desconocido que le traduzca el texto al francés o al latín. El desconocido es el profesor Isaac Beeckman (1588-1637), de Dordrecht, que se sonríe: "Si halláis la solución, enviádmela. Tened, mi dirección". Al día siguiente Beeckman recibe con sorpresa la solución correcta. Nace la amistad entre el profesor y el soldado. Beeckman será su confidente y amigo. En un futuro, Holanda, el país de las mil sectas, será también residencia habitual del filósofo. (Santiago Fernández Burillo.-René Descartes, Semblanza)

(2) René Descartes.- Regles per a la direcció de l'enginy. ed.62, Barcelona, 1998. La páginación se indica según las obras completas de Descartes editadas por Adam &Tannery en el vol X,pp.359-469; mientras que las páginas hacen referencia a la edición llevada a cabo por Silvi Turró para Edicions 62.

(3) En la modernidad filosófica inaugurada por Descartes se debate sobre las relaciones entre la subjetividad y el mundo objetivo y los supuestos puentes que se tienden entre uno y otro. Esta mediación presupone que en el orden epistemológico y en el orden del pensamiento podemos distinguir entre los conceptos y un material neutro, libre de toda conceptulización -cómo si esto fuera posible-. En el racionalismo este material neutro sería las ideas.

(4) Ana María Andaluz Romanillos, José Sarrión Cayuelas,Luis Tatay Alabau.- Historia de la filosofía a partir de los textos. Editorial Luis Vivies,1988.pág.269. Se trata de uno de los mejores textos de Historia de la Filosofía en el mercado.

(5) Descartes.- Meditaciones Metafísicas. 9ed.ed. Aguilar, Madrid,1980. "Suelo imaginarme muchas otras cosas, además de aquella naturaleza corpórea que es el objeto de la pura matemática, como son los colores, los sonidos, los sabores, el dolor, etcétera, pero ninguna tan claramente como aquélla; y dado que percibo estas cosas mejor por los sentidos, por los cuales parecen haber llegado a la imaginación con ayuda de la memoria, para tratarlas de un modo más útil se ha de tratar al mismo tiempo sobre los sentidos, y se ha de ver si se puede obtener algún argumento cierto en favor de la existencia de los seres corpóreos a partir de aquellas cosas que se perciben por medio de ese modo de pensar que llamo sentido" (Meditación Sexta, pag.109)

(6) Ana María Andaluz Romanillos, José Sarrión Cayuelas,Luis Tatay Alabau.- Historia de la filosofía a partir de los textos, pág.271.

(7) Ana María Andaluz Romanillos, José Sarrión Cayuelas,Luis Tatay Alabau.- Historia de la filosofía a partir de los textos, pág.275.

(8) Para Carlos Castilla del Pino, en su libro Teoría de los Sentimientos, afirma que Descartes no hay que entenderlo como un dualismo de naturaleza, sino de función, puesto que establece una localización al alma en el cuerpo -la glándula pineal-, pero sí de función, puesto que, a diferencia de las funciones que conciernen al cuerpo, están las que conciernen al pensar, sentir y padecer.

(8bis) Jorge Pérez de Tudela. Historia de la Filosofía Moderna. De Cusa a Rousseau. col. Tractatus Philosophiae. ed.Akal, Madrid,1998,pág.171-172.

(9) G.Reale y D.Antiseri.- Historia del pensamiento filosófico y científico. vol II, Del humanismo a Kant, ed.Herder, Barcelona, 2001, pág.336.

(10) La cita aparce en el estudio preliminar a cargo de pere LLuís Font, del Tract de les passions.cartes sobre la moral.Edicions 62,pàg.21.

(11) La cita aparce en el estudio preliminar a cargo de pere LLuís Font, del Tract de les passions.cartes sobre la moral.Edicions 62,pàg.28.

(12) Las dificultades que el intelectualismo moral conlleva son explicadas con detalle y amenidad en el estupendo libro de J.A.Rivera: Lo que Sócrtes diría a W.Allen.Cine y Filosofía. Espasa Calpe,Madrid,2003,págs.38-48.


(13) Estudio preliminar a cargo de pere LLuís Font, del Tract de les passions.cartes sobre la moral.Edicions 62,pàg.32.

Descartes (V)

6. El hombre

"Puesto que, por una parte, tengo una idea clara y distinta de mí mismo, en cuanto que yo soy sólo una cosa que piensa -y no extensa-, y, por otra parte, tengo una idea distinta del cuerpo, en cuanto que él es sólo una cosa extensa -y no pensante-, es cierto entonces que ese yo (es decir, mi alma, por la cual soy lo que soy), es enteramente distinto de mi cuerpo, y que puedo existir sin él." (Meditaciones metafísicas)

El hombre es un compuesto de dos sustancias, la sustancia pensante y la sustancia extensa. Y, como el entendimiento tiene una idea clara y distinta de la sustancia pensante y una idea clara y distinta de la sustancia extensa, es evidente, según Descartes, que se trata de dos sustancias distintas, independientes, y que el alma puede existir sin el cuerpo, esto es, que de la muerte del cuerpo no se sigue la muerte del alma. Esta posición de Descartes, según la cual cuerpo y alma son sustancias autónomas,tiene importantes consecuencias: por un lado, la afirmación de la inmortalidad del alma; por otro lado, la afirmación de la libertad del hombre. En efecto, el alma, en tanto que sustancia pensante, queda excluida del mecanicismo y la necesidad, propios de los cuerpos, sustancia extensa.




Sin embargo, a pesar de concebir cuerpo y alma como dos sustancias autónomas, Descartes es consciente de la interacción real entre ambas en el caso del hombre." Pues cuando mi cuerpo está herido -dice en su sexta Meditación-, no sólo percibo la herida mediante el entendimiento, sino que además siento dolor. ¿Cómo conciliar este hecho con la concepción de cuerpo y alma como sustancias independientes? Se trata de un punto oscuro de la filosofía de Descartes; y su solución de corte fisiológico, según la cual el alma estaría localizada en un punto concreto del cuerpo, la glándula pineal(8), situada en la parte central del cerebro, y a través de la cual tendría lugar la interacción cuerpo y alma, no es, en absoluto, satisfactoria.

¿Qué le pasa al cuerpo cuándo sufre? La respuesta se halla en las pasiones que se originan en el cuerpo y su expresan en el alma. "hem de pensar que el que és en ella [alma] una passió és generalment en ell [cuerpo] una acció" (Tract de les passions, 1,art.2,pàg.78). Así pues, en el Tratado de las Pasiones, Descartes distingue en el alma -res cogitans- acciones y pasiones: las primeras dependen de la voluntad,y las pasiones son involuntarias.




El alma puede y debe vencer a las pasiones, pero se trata de vencerlas utilizándolas, así debemos cultivar la alegria que es "una agradable emoció de l'ànima, en què consisteix la fruïció d'un bé que les impressions del cervell li presenten com a seu" (T,II,91,pág.127). Es decir, la alegría nos indica las cosas que se deben cultivar(9).No se trata de eliminar las pasiones al estilo del estoicismo, no podemos, ni debemos, pero si conviene utilizar esa sabiduría para dominarlas y poder saborar de una vida que podemos convertirla por nosostros mismos o por obra de la fortuna en una vida desdichada. Precisamente, para evitarla el antidoto que propone Descartes es la generosidad: porque sabe que nada verdaderamente le pertenece,excepto sus propias voliciones y por otra, la voluntad de emprender y ejecutar todo aquello que juzga que es lo mejor."I això és seguir complidament la virtut" (T,II,153,pág.163).

Descartes (IV)

5. Descartes y el sistema mecanicista.

    Descartes no se preocupaba por los problemas concretos de lo que se dedicaban los científicos de su época, su pretensión iba más allá; pretendía edificar un Sistema del Mundo, que fuera capaz de explicar el mundo visible mediante la aplicación económica de tres conceptos: extensión, figura y movimiento. La exposición de tal visión - ¿metafísica?-, aparece en su Tratado del Mundo (1633), su publicación sufrió un retraso más que justificado, visto el proceso y condena de Galileo, aparecería en el año 1664. En el año 1644 publica sus Principia philosophiae, que será la obra que explicará su visión acerca del mundo.


¿De dónde proceden las ideas de cosas? La respuesta no puede ser el yo la causa, pues no soy más que una cosa que piensa, y se presentan a mi de forma involuntaria. Descartes afirmará que proceden de alguna sustancia distinta de mi. ¿Cuál es su origen? La respuesta garantizada por la omnipotencia divina, consiste en afirmar la existencia de las cosas corpóreas. Dios garantiza la conexión del yo y el mundo. ¿Lo qué percibimos refleja la realidad de las cosas? Descartes afirma que siguiendo el criterio de certeza: claridad y distinción, las cosas se reducen a aquello que es objeto de la geometría: extensión, movimiento y figura. En cuanto a los colores, sabores, sonidos, no son ni claros ni distintos, y no existen en los cuerpos sino en el sujeto. Descartes sigue aquí la distinción de Galileo entre cualidades primarias o matematizables y cualidades secundarias o subjetivas. ¿Que papel juega lo sensible, la sensación? 



La respuesta cartesiana es práctica; la sensación está destinada a orientarnos en nuesta conducta: buscando lo que nos conviene y evitando lo que nos perjudica. La sensación no nos dice nada acerca de la verdad de las cosas.     

Para Descartes, la extensión es sustancia (dualismo cartesiano: res cogitans y res extensa), la sustancia se reduce a la extensión. Ésta se caracteriza por ser una realidad “desmaterializada”, es decir, la extensión no tiene cualidades que la particularicen, es abstracción. Es un principio indeterminado que determina la materia. Dónde hay res extensa, no puede haber vacío, pero tampoco átomos.     
El movimiento siguiendo a Galileo es relativo. Es decir, el movimiento se refiere en relación con un objeto (res extensa) que se considere en reposo. Al igual que Galileo y contra la física aristotélica equiparan movimiento y reposo, existiendo una ley general de la Naturaleza que expresa dicha relación:

    
“Por su omnipotencia, Dios ha creado la materia con el movimiento y el reposo, y conserva ahora en el Universo, por su concurso ordinario, tanto movimiento y tanto reposo como puso en él al crearlo”.  La estructura y el funcionamiento del mundo -res extensa- puede explciarse por estas tres leyes del movimiento que derivan de la inmutabilidad de Dios:



  • el principio de inercia.
  • la ley de que todo tiende a moverse en línea recta y
  • el principio de conservación del movimiento.
  •     
    En el orden de la naturaleza –res extensa- no hay fines, sino causalidad eficiente, la acción mecánica de unos cuerpos sobre los otros. La física es, pues, una física matemática y mecanicista. El conjunto del universo físico es una máquina como las construidas por el hombre, pero cuyo artífice es Dios. La metáfora del reloj puede aclarar la semejanza con el orden de la naturaleza, orden puramente mecánico. Así como las manecillas de un reloj parecen tener vida propia, pues se mueven aparentemente sin la intervención del hombre, así la naturaleza y Dios como responsable último del movimiento, parecen moverse libremente, sin embargo, las cosas no son así; en el caso del reloj, las mancillas se mueven porque el hombre le ha dado cuerda –principio de causalidad- y él es responsable que dicho mecanismo funcione. Así, en el orden natural, todos los seres, con excepción del hombre, no son más que autómatas regidos por las leyes del movimiento.

    Descartes (III)



        4. Descartes y la sustancia.


    El término "sustancia" tiene en Descartes un valor fundamental. Descartes concibe la sustancia como "una cosa que no tiene necesidad más que de sí misma pare existir". Habrá que decir, que este término sólo conviene a la sustancia divina, que es "una sustancia increada", que se contrapone a sustancia pensante y sustancia extensa, ya que estas son "una sustancia creada", subrayando la diferencia entre la sustancia increada y la sustancia creada. Sabemos que hay dos realidades conocidas que no se pueden reducir la una a la otra y a las cuales se puede reducir todo lo demás, a saber: la extensión y el pensamiento (el método ha demostrado, en efecto, que todo lo que no es pensamiento tiene que ser reducible a extensión); habrá, pues, precisamente dos sustancia: aquella cuyo atributo definitorio es el pensamiento y aquella cuyo atributo definitorio es extensión; a la primera Descartes la llama "res cogitans" y la segunda "res extensa".






     La sustancia divina.



    ¿Qué sucede con la existencia divina?. Para Descartes la demostración de la existencia de Dios ha de consistir en poner de manifiesto que la mente no puede dudar de la existencia de Dios. La existencia de Dios es imprescindible para resolver el espinoso problema que supone que el “yo” (res cogitans) salga de sí mismo para abrise camino hacia el exterior. La hipótesis del genio maligno que aparece en sus Meditaciones metafísicas (Meditación primera) supone un esfuerzo por ser coherente con su propósito de ser radical en cuanto a la búsqueda de un principio sólido donde asentar su propio edificio filosófico. La hipótesis supone la aparición desde la duda radical del primer principio de su filosofía: el cogito. ¿Pero cómo salir de éste, si no queremos encerrarnos en un solipsismo estéril? La respuesta es buscar dentro de la propia razón la segunda evidencia, la existencia de Dios.
        
    Para ello se embarca en una serie de afirmaciones que le proporciona la filosofía escolástica –influjo de La Flèche- para llegar a la conclusión de la existencia de Dios y con ello la cancelación de la hipótesis del genio maligno. Si Dios existe la correspondencia del mundo y el yo es perfecta a condición que dicha correspondencia sea mediante las ideas claras y distintas.

    "... reconozco que es imposible que Dios me engañe nunca, puesto que en todo fraude y engaño hay una especie de imperfección. Y aunque parezca que tener el poder de engañar es señal de sutileza o potencia, sin embargo, pretender engañar es indicio cierto de debilidad o malicia, y, por tanto, es algo que no puede darse en Dios." (Meditaciones Metafísicas, Tercera)

    Desde el yo, cree Descartes poder justificar las ideas de las cosas corpóreas inanimadas, las ideas de los ángeles, de otros hombres, de los animales, etc.; pues, nada parece haber en ellas tan excelente -dice-que no pueda proceder de mí mismo. Ahora bien, hay una idea, cuya realidad objetiva sobrepasa con mucho la realidad formal (es la realidad efectiva o en acto; es la clase de realidad propia de los objetos) contenida en mí: dicha idea es la idea de Dios. La idea de Dios es la de una sustancia infinita, eterna, inmutable etc. Descartes carga el acento sobre la nota de infinitud, y concluye diciendo que es imposible que yo sea la causa de esa idea; pues, aunque pudiera serlo, en tanto que se trata de una sustancia, y yo soy una sustancia pensante, sin embargo, no podría serlo, tratándose de una sustancia infinita y siendo yo sólo finito; la idea de una sustancia infinita debo haberla recibido de una sustancia infinita. Y, por tanto, Dios existe.

    Ahora bien, ¿de qué modo he adquirido esa idea?, se pregunta Descartes. En su análisis de las ideas, Descartes divide las ideas, por razón de su origen, en tres clases: innatas, esto es, nacidas conmigo; adventicias, las que parecen proceder de la experiencia externa, y ficticias o construidas por mí mismo, por ejemplo, la idea de una sirena. Pues bien, la idea de Dios es igual que la idea de mí mismo, una idea innata; es como el "sello del artífice, impreso en su obra".

    Descartes desarrolla, en la misma tercera Meditación, otra prueba que muestra a Dios como causa, no ya solo de su idea en mí, sino también como causa de mi existencia. Este segundo argumento puede resumirse así: yo, que me reconozco como siendo un ser imperfecto reconozco al mismo tiempo que no puedo ser el autor de mi ser, pues, al crearme a mi mismo, desde luego no me hubiera privado de ninguna de las perfecciones que concibo en la idea de Dios. Aún en la quinta Meditación desarrolla Descartes un tercer argumento sobre la existencia de Dios, el llamado argumento ontológico.




    Pues bien, una vez reconocida la existencia de Dios y su naturaleza, como la de un ser que posee todas las perfecciones Descartes puede afirmar sin temor la veracidad divina, y destruir, de una vez por todas, el motivo de duda más radical de todos, la hipótesis del genio maligno: pretender engañar -dice- no es, en realidad, un signo de potencia, sino cierto indicio de debilidad, de malicia, en definitiva de imperfección, y, por tanto, no puede darse en Dios.

    Probada la veracidad divina, Dios se convierte en el sistema de Descartes en el garante de la verdad: todas las cosas que concibamos clara y distintamente son verdaderas tal y como las concebimos; es decir, Dios respalda la aplicación del criterio general de certeza (7).   

    Las pruebas de la existencia de Dios fueron criticadas ya por sus contemporáneos, por descansar en un círculo vicioso –p.eje. A. Arnauld-, pues si la mente conoce la verdad de las ideas claras y distintas y Dios es una idea clara y distinta, ¿cómo suponer que siendo Dios una idea tenga que ser superior a las demás y fundamente a la idea del yo y del mundo? La respuesta de Descartes fue que el cogito es independiente del conocimiento de Dios. ¿Es cierto esta independencia?

    Lo cierto es que una vez supuesta la existencia de Dios, Descartes se embarca en explicar el origen de las ideas. ¿De dónde pueden provenir? La respuesta es el mundo que fue creado por Dios. El mundo es el campo de batalla donde la mente ejercerá su luz –el método sería la linterna que ilumine la oscuridad y confusión que reinan en ella- para desentrañar las maravillas que en ellas hay. La Naturaleza será ámbito del  esfuerzo cartesiano para comprender de forma clara y distinta las verdades que en ellas ha depositado Dios.

    Descartes (II)

    3. Descartes y sus ideas claras.

       ¿Cómo evitar el error? Descartes contesta con la certeza. Y ésta ha de ser absoluta, esto es, metodológica. Descartes establece cuatro fuentes de conocimiento: el entendimiento, la imaginación, los sentidos y la memoria. Solamente el entendimiento es capaz de percibir la verdad. Pero ¿qué notas las caracteriza? Su respuesta es claridad y distinción. Descartes llama “clara” a una percepción “que es presente y manifiesta a un espíritu atento”. Y llamamos “distinta” aquella “que es tan precisa y diferente a todas las otras, que no comprenden en ella misma nada que no aparezca manifiestamente a aquel que la considera como tal”. La claridad y la distinción son notas de la verdad, pero ¿qué es la verdad? Descartes la denomina conocimiento intuitivo que es “espontaneidad del entendimiento”. Espontaneidad que no sujeción a lo que el entendimiento concibe en sí sin deber nada a la experiencia. Es lo que Descartes denomina ideas innatas (3). La experiencia no es más que la ocasión para que la mente o el entendimiento por su propia luz lleguen a descubrir la verdad. La verdad es algo que acontece en la mente y no en la experiencia. La verdad es la adecuación de la mente a la mente misma, a su propia ley absoluta.

        Descartes quiere partir de principios sólidos, e inconmovibles. No se trata de una búsqueda desordenada, sino que se funda en el Orden y la Medida, es decir, se trata de organizar el conocimiento en un método que proporcione conocimientos “evidentes” por sí mismos. ¿Qué se entiende por método? La respuesta se encuentra en el Regla V: “Tot el mètode consisteix en l'ordre y la diposició de les coses vers les quals cal dirigir l'agudesa de la mente per tal de descobrir alguna veritat” (Regla V,p.83).

    El método cartesiano sigue el modelo matemático que se constituye como un "arte inventivo" frente al modelo silogístico aristotélico que consideraba estéril. El método requiere de los siguientes pasos:

    1) La primera condición para su realización consiste (Discurso,II) en "no admitir como verdadera cosa alguna que no se sepa con evidencia que lo es", evitando la precipitación y la prevención -causas del error-, y aceptando sólo lo que se presenta clara y distintamente al espíritu.

    2) la segunda, en "dividir cada dificultad en cuantas partes sea posible y en cuantas requiera su mejor solución". Es decir, el análisis: reducir lo complejo, lo oscuro, a lo simple.

    3) la tercera, "en conducir ordenadamente los pensamientos", empezando por los objetos más simples - puntos, ángulos, rectas-, y fáciles de conocer para ascender gradualmente a los más compuestos -triángulos,por ejemplo-, y

    4) la cuarta, "en hacer en todo unos recuentos tan integrales y unas revisiones ta generales que se llegue a estar seguro de no omitir nada". El cuarto precepto representa la comprobación del análisis y la síntesis: del análisis, mediante el recuento o la enumeración; y de la síntesis, mediante la revisión(4)

    El método permite establecer el criterio de certeza: la evidencia. Todo lo que no pueda resistir dicho criterio deberá ser eliminado. La duda metódica es el procedimiento que Descartes se valdrá para llegar al primer principio: el cogito. ¿Cómo se alcanza éste? La respuesta cartesiana pretende partir de la radicalidad más absoluta, se trata de dudar de todo. Lo primero que examinará serán los sentidos como fuente de conocimiento. Pero, lo sentidos son engañosos, pues, nos hace ver cosas que luego no son, así cuando introducimos un palo en el agua, éste parece deformado, los sentidos, no pueden ser este principio del cual partir para construir una verdadera ciencia. La imaginación y la memoria son otras dos fuentes de conocimiento, pero no puede construirse nada sólido sobre bases tampoco sólidas (5). Por ello, se llega al entendimiento, donde parece que aquí si podremos construir ese primer principio inconmovible que buscamos. Las matemáticas como modelo de conocimiento se asienta en cadenas deductivas y por tanto, firmes y sólidas. Cuando estamos en el camino que debería llevarnos a la culminación de nuestra búsqueda, Descartes introduce la hipótesis del genio maligno.

    Es cierto, que las razones para dudar de todas las cosas se asienta en "el testimonio falaz de los sentidos", pero también cuando no dice:" supongamos ahora que estamos dormidos (..)", pero "(..) yo nunca puedo sentir mientras estoy despierto cosas que no puedo sentir mientras estoy despierto cosas que no pueda también, mientras duermo, creer alguna vez que las siento (..) "(Meditaciones Metafísicas, Sexta, pag.112).

    Si los sentidos son engañosos, se pregunta Descartes, ¿cómo podemos distinguir el sueño de la vigilia? En sueños aparecen representaciones que parecen tan reales como cuando estoy despierto, por todo lo cual ¿no será que cuando creo estar despierto, no sea sino un sueño? Las cosas tal vez no son lo que parecen ser, pero " puesto que, ya esté dormido, ya esté despierto, dos y tres serán siempre cinco (...); y no parece ser posible que unas verdades tan obvias incurran en sospecha de falsedad" (Meditación Primera, pág.50)




    La introducción del genio maligno nos lleva la duda hiperbólica: incluso allí donde parece imposible dudar, las matemáticas, introduce la duda, pues, no sería posible que un "genio maligno de extremado poder e inteligencia pone todo su empeño en hacerme errar; creeré que el cielo, el aire, la tierra, los colores, las figuras, los sonidos y todo lo externo no son más que engaños de sueños con los que ha puesto una celada a mi credulidad,(..)" (Meditaciones Metafísicas, Primera Meditación,ed.Aguilar, pág.52).

    ¿Qué queda después de la intervención del genio maligno? La respuesta se encuentra en las Meditaciones Metafísicas: "Así pues, supongo que todo lo que veo es falso... pienso que carezco de los sentidos; creo que cuerpo, figura, extensión, movimiento, lugar, no son sino quimeras de mi espíritu. ¿Qué podré, entonces, tener por verdadero? Acaso esto sólo: que nada cierto hay en el mundo".

    Pero, ¿qué sé yo si no habrá otra cosa, distinta de las que acabo de reputar inciertas, y que sea absolutamente indudable?... Y yo mismo, al menos, ¿no soy algo? Ya he negado que yo tenga sentidos ni cuerpo.(..) Pues no: si yo estoy persuadido de algo, o meramente si pienso algo, es porque yo soy. Cierto que hay no sé qué engañador todopoderoso y astutísimo, que emplea toda su industria en burlarme. Pero entonces no cabe duda de que, si me engaña, es que yo soy; y, engáñeme cuanto quiera, nunca podrá hacer que yo no sea nada, mientras yo esté pensando que soy algo. De manera que, tras pensarlo bien y examinarlo todo cuidadosamente, resulta que es preciso concluir y dar como cosa cierta que esta proposición: yo soy, yo existo, es necesariamente verdadera, cuantas veces la pronuncio o la concibo en mi espíritu." (Meditaciones metafísicas)

    "Ya sé con certeza que soy, pero aún no sé con claridad qué soy...¿Qué soy entonces? Una cosa que piensa. Y ¿qué es una cosa que piensa? Es una cosa que duda, que entiende, que afirma, que niega, que quiere, que imagina también, y que siente." (Meditaciones metafísicas)

    La duda cartesiana no desemboca en el escepticismo. Del hecho mismo de dudar surge la primera certeza. En efecto, si dudo, si estoy persuadido de que nada hay en el mundo, si soy engañado por cierto genio maligno, si, en definitiva, pienso, hay que concluir que yo soy, que yo existo. Pues, si yo no soy nada, ¿cómo puedo dudar, cómo puedo estar persuadido de algo, cómo puedo ser engañado? De manera que la afirmación pienso, luego existo (cogito, ergo sum), se presenta como la primera certeza, capaz de resistir a todo posible motivo de duda, incluso al más radical de todos, el del genio maligno. Pienso, luego existo, es la primera verdad firme y segura sobre la cual se propone Descartes fundamentar la filosofía, tal como expresa en la cuarta parte de su Discurso del método. Es una verdad intuida, esto es, conocida mediante la primera operación del espíritu, la intuición (6).

    La intuición cartesiana es la actividad intelectiva, que el la Regla III, define como "aquella concepció tan fàcil i distinta d'una ment pura i atenta que no resta absolutament cap dubte sobre allò que entenem" (III,368,70). El contenido de este proceso se alcanza a través de las llamadas "naturalezas simples".Que Descartes define a las ideas simples "només aquelles el coneixement de les quals és tan clar i distint que la ment no pot divivir-les en parts més dintintament conegudes: d'aquesta mena són la figura, l'extensió, elmoviment,etc,i concebem totes les restants com a compostes d'alguna manera a partir d'aquestes"(XII,418,123). Resumiendo, las ideas simples son aquellas que produce el proceso de la intuición, su resultado.

    El yo es el resultado de la aplicación del método. El yo es pensamiento frente a lo que no lo es. A través de este criterio se establecerá un dualismo metafísico entre extensión y pensamiento. Así Descartes nos dice que jamás nada físico, corpóreo, material podremos aprehender algo así como “yo pienso”. Y éste no debe considerar necesariamente la vinculación especial a mi cuerpo; tal unión accidental es un hecho y la percepción de que “yo pienso” es confusa por definición cuando se mezcla alguna determinación que suponga la extensión. Ello supone el reconocimiento de dos realidades “sustanciales” diferentes.

    Descartes (I)

    CIENCIA Y SUJETO EN LA ÉPOCA MODERNA
    (R. DESCARTES)


    [Introducción][Descartes y sus intereses][Descartes y sus ideas claras][Descartes y la sustancia][Descartes y el sistema mecanicista] [El hombre][Moral provisional]


           1. Introducción.

         El origen de la modernidad al menos en cuanto a las implicaciones filosóficas, fue el pensamiento de Guillermo de Occam (-1300-1349/50). Su distinción entre conocimiento intuitivo y conocimiento abstractivo supone un cambio cuya deriva dejará un surco que marcará el camino hacia la autonomía de la razón frente al primado de la fe. Si no tenemos conocimiento intuitivo de Dios, ¿cómo podemos conocerlo? La respuesta de Occam se halla en la fe. Pero, paradójicamente, liberará a la razón para un desarrollo propio y específico. Si la razón es impotente frente a la omnipotencia divina, lo adecuado será el conocimiento intuitivo que conoce la experiencia, aquella vivencia inmediata por el cual el ser existente y particular es conocido por el sujeto que conoce. 

       Esta modernidad se expresará en el pensamiento renacentista que si algo puede caracterizarse es precisamente lo irreductible de una visión extraordinariamente vital frente al triunfo de la razón y su visión matematizable de la realidad que se inicia con las figuras de Galileo Galilei (1564-1642) y R.Descartes (1596-1650) y culmina en la apoteosis de la ciencia del barroco con I.Newton(1642-1727).



        El pensamiento renacentista se inserta a su vez en un momento histórico de cambios extraordinarios, a saber, el nacimiento del Estado. No es casualidad que el pensamiento filosófico y la ciencia que los acompaña serán fieles escuderos del Estado, que T.Hobbes (1588-1679) llamará Leviatán. Sin lugar a dudas, desde una perspectiva histórica, el legado de la modernidad han sido dos regalos envenenados a la historia contemporánea, a saber: la ciencia y el Estado. La ciencia se ha desarrollado en la medida que el Estado ha necesitado resolver todos los problemas que conlleva la dominación del hombre por el hombre y la naturaleza.

          2. Descartes y sus intereses.

         Mientras Europa afianza lazos de hermandad con la Guerra de los Treinta (1) años, R.Descartes (1596-1650) participa como guerrero profesional, en una de sus múltiples ocupaciones:”(...) abandoné de forma total el estudio de las letras y tomando la decisión de no buscar otra ciencia que la que pudiera encontrar en mí mismo o en el gran libro del mundo, dediqué el resto de mis años de juventud a viajar, conocer cortes y ejércitos, tratar con gentes de diversos temperamentos y condición social  (...)”.Entre devastación y muerte, nuestro héroe se dedicará a ver “claro y distinto” en un mundo lleno de fuego y espanto. El contraste resulta “evidente”.


       ¿Por qué Descartes se preocupa por problemas de orden filosófico? Una respuesta, puramente especulativa, sería que Descartes inicia su andadura filosófica, espoleado por sueños que, al abrigo de la estufa en las cercanías de Ulm, tuvo en la noche del 10 al 11 de septiembre de 1619.  En el sueño se le representa la "ciencia admirable" (mirabilis scientia):" he comenzado a entender el fundamento del descubrimiento maravilloso" (Olympica). En las Reglas (IV), nos dice: "(..) que, pertant, hi ha d'haver una certa ciència general que expliqui tot allò que pugui investigar-se sobre l'ordre i la mesura que no s'adjudica a cap matèria en especial; i que se l'anomena (..)- mathesis universal perquè conté tot allò que permet anomenar les latres ciències parts de la matemàtica" (2) (IV,378-379, pág.80-81).


    Resumiendo, en el famoso sueño entrevé lo que será el norte filosófico: la búsqueda de un instrumento matemático que permita avanzar con paso firme y seguro: certeza, mediante un método cuyo modelo es la matemática.

    Ressenya: Espíritus del Presente

      Ressenya: Wolfram Eilenberger, Espíritus del Presente . Los últimos años de la Filosofía y el Comienzo de una Nu...