Friedrich Nietzsche (IV)

IV.-El nihilismo.
  
La "muerte de Dios" conlleva inevitablemente el nihilismo, como después del día viene la noche, son inseparables. Son los hermanos siameses que no pueden vivir separados. "Lo que yo cuento es la historia de los siglos que se aproximan. Y describo lo que viene, lo que no tiene más remedio que venir: la irrupción del nihilismo".

¿Qué es el nihilismo? Es la desvaloración de todos los valores. El nihilismo no puede ser el fin de trayecto, por ello, debe buscar otra dirección. Para Nietzsche el nihilismo es como una estación en la espera de un tren que viene del pasado y apunta al futuro. El nihilista es aquél que sonríe con el anuncio de la muerte de Dios, pero su sonrisa no es de felicidad, de jubilo, sino de nerviosismo. El hombre moderno, acostumbrado a los valores establecidos, ha dejado de creer en ellos, debido por un lado, a la ciencia y su pasión por la verdad, y por otro, por el hastío de unos valores que de tanto repetir han dejado de tener consistencia.

"sus síntomas: el gran desprecio
                          la gran compasión
                          la gran destrucción
su punto culminante: una doctrina que enseña precisamente a considerar la vida, a la que hacer sentir náuseas, compasión y placer en la destrucción, como absoluta y eterna"

( Fragmentos póstumos vol.IV. Novembre de 1887-Marzo de 1888; 11 [149] . Ed. Técnos. El nihilismo perfecto (pág.409)

El nihilismo no es más que un gigantesco malentendido, que se ha ido construyendo a través del platonismo, cristianismo, kantismo, positivismo y nihilismo. El proceso marca un autodesenmas-caramiento y, por ende, de autodestrucción del mundo suprasensible. Al desaparecer el mundo verdadero, ha desaparecido la diferencia que lo distinguía del mundo aparente y, por ende, el mismo mundo aparente en cuanto aparente. Lo que queda es "este" mundo, tal cual. Lo suprasensible se definía frente al devenir, precisamente, como remedio a lo mutable. Para resolver este problema Nietzsche acude al mito del eterno retorno.

Friedrich Nietzsche (III)

III. - Nietzsche y “La muerte de Dios ”



El hombre necesita dar un sentido a su vida y para ello crea el valor. ¿Cómo ha funcionado hasta ahora esta actitud evaluadora del hombre? La respuesta de Nietzsche es que el hombre ha comprendido la vida, es decir, lo que hay, el mundo, el ser en su conjunto, a la luz de un sentido objetivo y trascendente. La forma más simple de esta concepción se encuentra en Platón, según la cual, para comprender el mundo sensible, hay que "suponer" otro orden de realidad, el mundo inteligible (mundo de las ideas) o metafísico. Desde Platón toda la cultura occidental se basa en la consideración de una "norma", de un concepto de verdad, belleza, bondad, de ser, que nos permite "medir" y a la vez "fundamentar" lo que hay de verdadero y bueno en el mundo. 

En Nietzsche tiene lugar una inversión de la metafísica, entendiendo por metafísica la posición de Dios o del mundo supra-sensible. El preámbulo para una nueva comprensión de la vida es precisamente "la muerte de Dios". El anunció de la buena nueva se encuentra en el famoso fragmento 125 de La gaya ciencia. La fórmula "Dios ha muerto".Lo que expresa esta fórmula es la fe del hombre en él. Dios vivió en la conciencia del mundo occidental, pero llegados a este momento histórico, este acontecimiento, -siglo XIX-, los hombres han dejado de creer en él. Vivimos en un mundo sin Dios, pero aún no nos ha llegado esta noticia.

§125. El hombre loco

¿No habéis oido hablar de aquel hombre loco que,con su linterna encendida en la claridad del mediodía,iba corriendo por la plaza y gritaba:"busco a Dios"? Y ¿qué precisamente arrancó una gran carcajada de los que alli estaban reunidos y no creían en Dios? ¿Es que se ha perdido?,decía uno. ¿Se ha extraviado como un niño?, decía otro,o ¿es que se ha escondido? ¿Tiene miedo de nosotros? ¿Ha emigrado?,así gritaban riendo unos con otros. El hombre loco saltó en medio de ellos y los taladró con sus miradas. "Adonde se ha ido?", exclamó, "voy a decíroslo. Lo hemos matado nosotros. Vosotros y yo. Todos somos sus asesinos,pero ¿cómo hemos hecho esto?' ¿Cómo hemos podido vaciar el mar? ¿Quién nos ha dado una esponja capaz de borrar el horizonte? ¿Qué hemos hecho para desprende esta tierra ,del sol? ¿Hacia adonde se mueve ahora? ¿Hacia adonde nos movemos nosotros,apartándonos de todos los soles? ¿No nos precipitamos continuamente?,¿hacia atrás,adelante,a un lado y a todas partes? ¿Existe todavía para nosotros un arriba y un abajo?, ¿no vamos errantes como a través de una nada infinita?, ¿no nos absorbe el espacio vacio?, ¿no hace más frío? ¿No vien la noche para siempre,más y más noche? ¿No se han de encender linternas a mediodía? ¿No oímos todavía nada del rumor de los enterradores que han enterrado a Dios? ¿No olemos todavía nada de la corrupción divina? ¿También los dioses se corrompen. ¡Dios ha muerto! ¡Dios está muerto!,y nosostros lo hemos matado! ¿Cómo podemos consolarnos los asesinos de todos los asesinos? Lo más santo y lo más poderoso que el mundo poseía hasta ahora,se ha desangrado bajo nuestros cuchillos -¿quién puede limpiarnos esta sangre?, ¿qué fiestas expiatorias o qué juegos sagrados deberíamos inventar?-. ¿No es demasiado grande para nosostros la grandeza de este hecho?,¿no deberemos convertirnos en dioses nosostros mismos,sólo para aparecer dignos de ello? No hubo nunca hecho más grande -y cuantos nazcan después de nosostros pertenecerán a una historia superior a toda la historia precedente a causa de este hecho". En este punto calló el hombre loco y miró de nuevo a los que le escuchaban. También ellos se habían callado y le mira-ban extrañados. Finalmente arrojó su linterna al suelo,que se hizo pedazos, y se apagó. "Llego demasiado pronto,dijo entonces,todavía no estoy en el tiempo opor-tuno. Este suceso enorme está todavía en camino y va avanzando, no ha penetrado aún en los oídos de los hombres. El relámpago y el trueno necesitan tiempo, la luz de las estrellas necesita tiempo. Los hechos necesitan tiempo, aún después de haberse realizado,para ser vistos y oídos.Este hecho está para ellos más lejos que las estrellas más lejanas y,sin embargedlo han hecho ellos". Se cuenta además que el hombre loco,aquel mismo día entró en varias iglesias y entonó en ellas sus Réquiem,aeternam Deo. Y que habiéndolo sacado y haciéndolo hablar, siempre había replicado solamente: "¿qué son, pues, estas iglesias ya,sino las sepulturas y los monumentos funerarios de Dios?

F.Nietzsche, El gay saber. trad.Luis Jiménez Moreno. col.Austral nº 1660. Espasa Calpe,Madrid, 1986. págs. 155-156.

Si Dios era el horizonte de sentido y valor, su muerte comportará el hundimiento de este horizonte del cual nos hemos nutrido durante dos mil años. En Nietzsche no puede tratarse, como en Marx o Feuerbach, de poner en lugar de Dios otras cosas, como la humanidad o el comunismo, ni la razón, el progreso ni los diferentes sustitutos para consolarnos de los sinsabores de este mundo cruel.




Nietzsche no vende salvación ni final feliz, nos anuncia el fin de una conciencia que se tranquiliza pensando en términos metafísicos, si Dios ha muerto, la consecuencia inevitable es el sin-sentido absoluto, no hay lugar, no hay nada [nihilismo]. ¿Podemos soportar este desamparo absoluto? La metafísica occidental nos ha hecho creer, según Nietzsche, que no podríamos soportarlo. Asumir la "muerte de Dios" supone el inicio de la liberación de la humanidad. ¿Cómo se produce esta liberación? La respuesta está en que el hombre deberá  valorar desde una nueva perspectiva. La dificultad está en que no existe ya "normas", ni "ideales". El vértigo se hace presente, pues, ¿de dónde ha de surgir la nueva transvaloración de todos los valores? 

Dostoievski hace decir a uno de sus personajes en su obra  "Los hermanos Karamazov": "Si Dios no existe, todo está permitido". He aquí en apretada síntesis la nueva situación en la que nos encontramos. ¿Quiere el hombre convertirse en Dios? La respuesta de Nietzsche se encuentra en su alter ego Zaratustra: "Todos los dioses han muerto. Ahora queremos que viva el ultrahombre". Sólo quien asuma de forma radical la muerte de Dios podrá sentir el nuevo horizonte dejado por el vacío de Dios y que no puede ser colmado por nada, ni por nadie. Se requiere una voluntad infinita y una fuerza sobrehumana para llevar la nueva situación.

Friedrich Nietzsche (II)

II. El nacimiento de la tragedia.

Nietzsche escribió a E.Rohde una carta que nos ilustra acerca de las influencias que en etapa de Basilea (1869-1879): " (..) también yo tengo mi Italia (..) se llama Tribschen- el pueblo donde vivía Wagner-, (...) Schopenhauer, Goethe, Esquilo y Píndaro aún viven, creéme" (Carta del 3 de septiembre de 1869).

En la elaboración de El nacimiento de la tragedia se constituían dos polos de reflexión. Por un lado, la figura de Sócrates como "heraldo de la ciencia" y por otro, el arte. Ambos se excluyen. La racionalidad socrática y su visión apolínea frente al éxtasis dionisiaco es el núcleo de la obra. Nietzsche pregunta "¿Cómo lo feo y lo disarmónico, que son el contenido del mito trágico,pueden suscitar el placer estético?".(ENT, pág.187)



En esta etapa Nietzsche afirmará la existencia del mundo sólo se justifica como expresión estética. Lo feo y lo inarmónico dejan detener en este contexto la desvaloración que tienen en el orden apolíneo. Como nos dice Montinari, el impulso filosófico originario de Nietzsche surgió de su voluntad de "decir sí" a la vida, de cualquier modo y en cualquier circunstancia, aunque el mal y el sufrimiento nunca dejarán de despertar en él el sentimiento, schopenhaueriano, de la compasión. Nietzsche exaltaba la sociedad y el Estado griegos contra los valores de la sociedad burguesa de su tiempo.


La "otra" tragedia griega

Nietzsche le cuesta hacer amigos, pero en cambio es un campeón en perderlos. En 1874 empieza a tener dudas sobre la figura idolatrada de Wagner. Para explicarse el fenómeno del arte wagneriano recurrió al concepto del "comediante". El comediante debe "mentir" para crear una ilusión (..), en el otoño de 1883 y refiriéndose expresamente a su periodo wagneriano, llamaría su "jesuitismo". (Montinari, pág.78- 79).


Friedrich Nietzsche (I)


LOS IDEALES DE LA ILUSTRACIÓN Y SU CRISIS CONTEMPORÁNEA  
(NIETZSCHE)


[Filósofos de la sospecha][El nacimiento de la tragedia][Nietzsche y “La muerte de Dios ”][El nihilismo][El eterno retorno de lo mismo][El ultrahombre][La voluntad de poder][La transvaloración de todos los valores] [Una lectura de Zaratustra][UNA NOTA SOBRE NIETZSCHE, CRÍTICO DE MILL][Una lectura de "La Genealogia de la Moral][Comentario de texto.Selectivitat: La Genealogia de la Moral]


 I. Filósofos de la sospecha.

¿Por qué estos autores -Marx, Nietzsche y Freud-, y no otros? Se podría especular acerca de la importancia intrínseca que cada uno de ellos ha contribuido al conocimiento de nuestra realidad, sin duda, sus análisis más allá del carácter ideológico que podamos afirmar de ellos, nos han abierto caminos para un acercamiento a la comprensión de fenómenos que nuestro mundo contemporáneo -¿postmoderno?-, ha vivido. Sin embargo, la pregunta sigue en pie, ¿por qué ellos? La respuesta hay que buscarla en la obra de A.Hauser , en ella nos habla de la “psicología del des-velamiento”, la obra de A.Hauser se publicó en el año 1957-58, posteriormente, Paul Ricoeur lo popularizó con el nombre de la “escuela de la sospecha” o “filósofos de la sospecha” .

¿De qué sospechan? La respuesta al decir de P.Ricouer es que “los tres comienzan con una sospecha acerca de la ilusiones de la conciencia y de ahí pasan a emplear la estrategia del desciframiento”. Para comprender lo que dice hay que reinterpretarlo a su vez en clave psicoanalítica. Los conceptos manifiesto-latente tratan de explicar los diferentes niveles de interpretación de los textos. La hermenéutica como arte de interpretar lo que dicen los textos, supone la distinción entre lo manifiesto, es decir, aquello que el autor que no se dirige a nosotros, sino al lector presente o futuro nos dice en su escritura. Lo escrito cristaliza una multiplicidad de experiencias del autor que nosotros sus lectores mudos solamente podemos saber en la medida que el autor nos lo explica. Sin embargo, el mundo contemporáneo no contento con lo dicho pretende ir más allá, buscando claves que pretenden decir lo no dicho.

Marx, Nietzsche y Freud comparten la creencia de que nuestra comprensión de la realidad es falsa. Si Marx “ataca el problema de las ideologías desde dentro de la alienación económica”, Nietzsche en cambio, concentrándose en “el problema del ‘valor’ –evaluación y trans-valoración- busca la clave de la mentira y las máscaras del lado de la ‘fuerza’ y la ‘debilidad’ de la voluntad de poder”. Freud, entra “en el tema de la falsa conciencia a través de la doble vía de los sueños y los síntomas neuróticos”.


  
Marx, Nietzsche y Freud, por tanto, han visto que nuestro mundo contemporáneo esconde detrás de los grandes ideales forjados en la Ilustración (s.XVIII): alienación, resentimiento y neurosis. El propio P.Ricouer  nos habla de la “trinidad maléfica”, de lo técnico, lo colectivo y lo abstracto como característico de este siglo XX. Probablemente la apoteosis de esta “trinidad maléfica” se encuentra en los “Auschwitz”  de la Alemania nazi. Según una interpretación de la llamada “Escuela de Frankfurt”, dicha apoteosis es el resultado de “la razón instrumental”.

La Ilustración inauguró el inicio del pensamiento burgués. Sin embargo, la Ilustración es una República de las letras . Es decir, la Ilustración pretende educar a los poderosos –despotismo ilustrado-, pero son los poderosos quienes utilizan a los ilustrados –burgueses- para autojustificar su “status quo”. Es el momento de las grandes palabras: Libertad, Justicia, Naturaleza, etc.; pero vacías, todo esto tendrá un precio. La Revolución Francesa y su posterior derivación hacia Terror, llevó a los postilustrados hacia dos caminos diversos: el romanticismo y el idealismo. 

John Stuart Mill (y VII)

V.- Elitismo y participación.

Para Mill, también las instituciones políticas son un importante medio de educación del pueblo, por lo que en ellas, las minorías educadas deberán desempeñar un destacado papel, frente al peligro de una tiranía de la mayoría. Mill sostiene que hay que rechazar todo gobierno de clase, sea ésta minoritaria o mayoritaria y establecer los mecanismos para que gobiernen personas independientes de perversos intereses egoístas, con motivos elevados y miras lejanas. Descarta, por tanto, que puedan existir intereses perversos de los profesionales cultivados (*), asocia el interés de éstos al de todos y confía en que la fuerza de las convicciones de las gentes instruidas se convierta en un enérgico impulso social.

En “Consideraciones sobre el gobierno representativo” (1861), Mill propugna un sistema de representación proporcional, opuesto al mayoritario existente en su país, a través del cual puedan hallar audiencia las minorías, y la ampliación del sufragio, incluyendo en él a las mujeres, pero excluye no sólo a los pobres acogidos a la asistencia de las parroquias y a los analfabetos, sino también a quienes no sepan de números (**)(pág.186). Mill propone u voto plural que dé mayor peso a la elección de las personas con estudios. Mill no es un conservador radical, pero era hijo de su tiempo, no pretendía que los pobres no votasen, pues, la educación era el medio adecuado para elevar el nivel de conocimiento. Pensaba ingenuamente, que esas elites instruidas sería la voz de los sin voz, en el camino para que todos tuviesen voz.



En “Consideraciones sobre el gobierno representativo” (1861), afirmará que la mejor forma de gobierno es el gobierno representativo. ¿Cómo llega a esta conclusión? La respuesta se halla en los criterios que permiten afirmar la bondad del gobierno representativo. ¿Cuáles son estos criterios?

En primer lugar, el fomento, la promoción de las buenas cualidades de los individuos. Pues, ¿de qué sirven las instituciones si falla el individuo? El buen gobierno será el que fomente el carácter de los individuos, y carácter, en su sentido victoriano, viene a ser sinónimo de vigor e independencia de opinión.

El segundo criterio, es cómo saca partido de esas buenas cualidades de los individuos, es decir, ¿cómo emplea las facultades y cualidades existentes en la sociedad?

La forma de gobierno representativo o gobierno popular, la opone al despotismo, forma de gobernar que no promueve las facultades morales, intelectuales y activas de los individuos. El rechazo del despotismo lo fundamenta, por tanto, aludiendo al tipo de hombre que se desarrolla bajo una forma de gobierno en la que las personas no tienen voluntad en lo que afecta a sus intereses colectivos, teniendo que obedecer a una voluntad que no es la suya y que lo resuelve todo por ellos. Este despotismo podría ser perfectamente “democrático”, porque lo que Mill teme es precisamente la tiranía de las mayorías.

El gobierno representativo satisface los criterios fundamentalmente por dos ideas:

.- la primera es que solamente cuando las personas afectadas dirigen sus propios intereses éstos no quedan desatendidos.
.- la segunda, que la prosperidad general aumenta y se difunde de manera creciente cuanto más variadas e intensas seas las facultades consagradas a su desarrollo. Para Mill “cada uno es el único custodio seguro de sus derechos e intereses”.

En su modelo de democracia representativa no menciona los partidos políticos, a los que parece ver como agentes de perversos intereses de clase. En este diseño ideal se apoya en la previsión de que la parte inteligente de los electores conseguirá hacer prevalecer su opinión y elegir a los mejores desde el punto de vista intelectual. Para Mill el derecho al sufragio sólo puede obtenerse con una actitud que haga al individuo merecedor del mismo.

En Mill puede entreverse un elitismo en su negación de la igualdad política de todos los ciudadanos, implícita en la propuesta de voto plural, y en el papel dirigente atribuido a una minoría ante su temor al predominio de una mayoría ignorante, aunque, a diferencia de algunos elitistas de nuestros días, no presenta la apatía política como un ideal ni da prioridad a la consecución de la eficiencia y la estabilidad política por medio de una lealtad ideológica y simbólica al orden establecido.

Notas:
(*) Los "profesionales cultivados" (intelectuales) no son más que un modelo basado en el saber y no en el poder. Platón inaugurará esta idea.
(**) Reminiscencias platónicas.

Bibliografía:

J.M.Colomer. El utilitarismo. Una teoría de la elección racional. Ed.Montesinos, Barcelona, 1987. Capítulo IV.
J.Ferrater Mora. Diccionario de Filosofía, Vol.Q-Z, ed.Círculo de Lectores, Barcelona, 2002.

John Stuart Mill (VI)

IV.- Revisión del utilitarismo: la libertad como bien.

Mill acepta el principio básico del utilitarismo de que las acciones son buenas en cuanto tienden a promover la felicidad y malas en cuanto tienden a producir lo opuesto a ella, entendiendo por felicidad el placer y la ausencia de dolor y por infelicidad el dolor y la privación del placer.

Mill matiza y profundiza en el concepto de felicidad. Ésta no es la mayor felicidad posible del propio individuo, sino la felicidad general. La felicidad general es un bien para el conjunto de todas las personas. ¿Por qué la felicidad y no otro bien? La respuesta de Mill parte de un postulado según el cual, todo hombre/mujer busca la felicidad, y sólo la felicidad como fin de sus acciones.

Para Mill ya no se trata, como en el Bentham maduro, de concebir la libertad como condición para que se formen y expresen los deseos y preferencias razonables de los individuos, sino de un elemento consustancial al desarrollo de las facultades humanas y la mejora de la especie.

La felicidad no puede identificarse, de este modo, con una dimensión placentera, sino como un fin complejo que incluye la búsqueda de la verdad y la virtud; no puede restringirse a la satisfacción de los deseos, sino que requiere la libertad, dignidad, seguridad y posibilidades de desarrollo de las facultades humanas de inteligencia y sociabilidad. Hay, pues, un conjunto de fines, cuya determinación requiere la práctica de un cierto arte de vivir, para los que la idea de felicidad es sólo una justificación y un criterio e evaluación.

Este planteamiento supone introducir, junto al principio de utilidad, otros principios secundarios que actúen como criterios o guías de acción (*). La dificultad de un criterio moral supone reconocer que en el ámbito de las acciones humanas, incluso las buenas intenciones no bastan, también hay que atenerse a las consecuencias (*).



En su On Liberty [Sobre la libertad] (1859), la libertad de pensamiento y de expresión es defendida con este trasfondo. Según Mill, la discusión debe favorecerse en cualquier circunstancia:

.- porque la opinión contraria puede ser verdadera, ya que no cabe atribuir a nadie la infalibilidad.
.- porque  aún siendo falsa, con el ejercicio de la controversia aumentará la comprensión de la verdad y ésta se reforzará en las mentes.

Se trata, pues, de un alegato dirigido no sólo contra todo fanatismo ideológico que pretende una afirmación unilateral de la verdad, sino contra lo que Mill –bajo la influencia de Alexis de Tocqueville- llamará la tiranía de la opinión mayoritaria (opinión pública).

Sólo la libertad crea, pues, el clima que permite desarrollar la fuerza del antagonismo de la individualidad, que es considerada como uno de los elementos del bienestar.

Por tanto, la libertad ha de comportar la posibilidad de elegir entre una diversidad de estilos de vida personal en todo aquello que se refiera sólo a uno mismo y no afecte a los demás. La interferencia en la vida privada de los individuos sólo puede justificarse por una necesidad de autoprotección o para evitar interferencias a terceros.

Esta defensa de la privacidad choca con la objeción de que apenas existen actos que, de algún modo directo o indirecto, no afecten a otros miembros de la sociedad. Pero, aun en este supuesto, según Mill, sólo cabría sancionar el resultado perjudicial para otros que pudiera derivarse de una acción, pero no las conductas disidentes o minoritarias por sí mismas. La tolerancia de éstas y la prioridad de la autonomía personal con respecto a la seguridad también se apoyan en el optimismo de Mill con respecto al desarrollo de los seres humanos.

Mill estaría escandalizado por el espectáculo de los Estados que en nombre de la seguridad, hacen del escrutinio de la vida privada de los ciudadanos. Que en nombre de la libertad la socavan, y que dicha libertad no es un don establecido para siempre, sino que es muy frágil y volátil. Sólo una sociedad como la que aspiraba Mill, sea capaz de vigilar las acciones del Estado.

John Stuart Mill (V)

III.- La nueva economía política de Mill.

En System of Logic [Sistema de lógica] de 1843, afirmará que la economá política clásica (A. Smith, D.Ricardo) es una ciencia autónoma (no siéndolo la ciencia política). La economía política clásica es una ciencia abstracta e hipotética, construida sobre la base del análisis de una única causa explicativa de los fenómenos sociales. Esta causa era el deseo de riqueza, que actúa según la ley psicológica de que se prefiere la ganancia mayor a la menor. Posteriormente, en los Principles of Political Economy [Principios de Economía Política] apunta Mill la necesidad de ampliar el marco de análisis de la economía política.



Las modificaciones que efectúa sobre algunos principios básicos de la economía clásica son los siguientes:

1.- Establece una distinción entre las leyes de la producción y las leyes de la distribución. La distribución de la riqueza depende de las leyes y de las costumbres de la sociedad. La economía política va estudiar precisamente cómo afecta estas instituciones y costumbres a la distribución de la riqueza, pues una vez decididas, la incidencia sobre la distribución no es arbitraria, se puede estudiar como un objeto de investigación científica (Principios).

2.-   El principio del laisez-faire o de no intervención es revisado por Mill. La idea milleana es que hay que dejar hacer (laissez-faire) y considera que toda desviación de este principio, a menos que se precise por algún gran bien, es un mal seguro. Esto es así, porque “los asuntos de la vida se ejecutan mejor cuando se deja en completa libertad para hacerlos mejor cuando se deja en completa libertad para hacerlos a su manera a los que tienen interés más inmediato en ello, sin control de ninguna ordenanza legal ni la injerencia de ningún funcionario público” (Principios). Porque un pueblo que espere que se le dé todo hecho, es para Mill un pueblo a medio desarrollar. La democracia implica realizarla en todas las instituciones y niveles, y no sólo al gobierno central.

Estas tesis liberales son incompatibles con el marxismo. Uno de los prejuicios de la izquierda ha sido y es el intervencionismo. La experiencia y los hechos avalan la idea de Mill, acerca del interés que tienen los propietarios y los que no lo son. Si todo es de todos, la experiencia indica que nadie se preocupará de las disfunciones, porque espera qua la Autoridad se haga cargo del problema. La democracia en Mill no es sólo ir a votar cada cuatro años.

Para intervenir nos dice se requiere de algún gran bien, ¿cuál puede ser éste? Para empezar, la educación. Aquí Mill insta a los poderes públicos para establecer escuelas y colegios. Curiosamente, después no debe obligar ni sobornar a nadie para que vaya a ellos. Otras posibles intervenciones estatales (tienen que ver con las leyes de la propiedad y los contratos, la administración de justicia, policía, impuestos) e intervenciones facultativas, entre las cuales algunas son legítimas y otras erróneas porque deben realizarse de un modo autoritario. 

Mill no establece como anatema la intervención estatal, pero es cauteloso a la hora de establecerlas. ¿Por qué debe intervenir el Estado? La intervención estatal es deseable cuando corresponden a las circunstancias en que falta información entre los individuos, a las tareas de protección de niños y jóvenes, regulación de las condiciones de trabajo de la industria, (…) y a todos aquellos casos en que no haya iniciativa privada para cubrir una necesidad social. Mill anuncia lo que posteriormente, los economistas denunciarán como fallos del mercado y la necesidad de intervención del Estado.



3.- Mill se auto-consideraba socialista (*), porque consideraba que el problema social del futuro sería como unir la mayor libertad de acción con la propiedad común  de todas las materias primas del globo, y una igual participación en todos los beneficios producidos por el trabajo conjunto (Autobiografía)

Mill muestra interés por las organizaciones obreras, entonces aún incipientes. Se opone a la legislación antisindical, aunque ve en el sindicalismo sobre todo un medio de educación de la élite de las clases trabajadoras mediante el desarrollo de un sentido de la dignidad personal y un sentimiento de simpatía entre los trabajadores y defiende las cooperativas obreras.

De hecho, la idea de cooperación desempeña en el pensamiento de Mill un papel relativamente similar a la simpatía de Hume o la benevolencia de Bentham: un resorte moral para evitar las consecuencias socialmente perniciosas de la persecución individual del propio interés a corto plazo.

La sociedad ideal futura es, pues, para Mill, una sociedad de individuos auto-desarrollados que cultivarán las facultades espirituales más altas, para cuya consecución son necesarios medios redistributivos e incentivos educativos y morales. La “revolución moral” de Mill se limita, pues, a la necesidad de corregir los desmanes del propio sistema capitalista. Marx tratará de desmantelar el sistema capitalista. Mill no deja de ensalzar el necesario papel innovador con riesgo del empresario capitalista y, ante el bajo tono moral de la época, espera que en el futuro “inteligencias más elevadas consigan educar a los demás para mejores cosas”. La metáfora del capitalista como capitán de la nave (empresa) que navegando entre tempestades –crisis económicas-, hará las delicias no sólo de los apóstoles del mercado, también Nietzsche se hará eco de esos capitanes.

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(*) Marx hablará de Mill en El Capital. En uno, nos hablará de forma amable, cosa excepción en él. Dice así: “(…). Per evitat malentesos recordó que si bé homes com J.St Mill, etc., s’han de criticar per la contradicció entre llurs dogmes econòmics arcaics i llurs tendències modernes, seria extramadament injust de confondre’ls amb el tropell d’apologistes de l’economia vulgar.” (El Capital, II,XXII, 5, nota 65, pàg.277,)

En su tono vitriólico habitual, Marx podrá en cuestión las tesis de Mill. Así nos dirá: “(…). El senyor J.St.Mill aconseguiex, amb la seva lògica ecléctica [un reproche] habitual, compartir alhora l’opinió del seu pare, J.Mill, i la contrària. (…). Les recerques originals del senyor J.ST.Mill al camp de l’economia política, que són d’abast molt limitat i amb poc contingut, (…)”. (El Capital, I, III, 2c), nota 80, pàg. 160)

John Stuart Mill (IV)

II.3.- Crítica al utilitarismo.

El terme apareix de la mà de Jeremy Bentham (1780) el pare del utilitarisme. Per què consti amb acte, el utilitarisme és una corrent ètica, que identifica allò que es bo amb el valor de  l’ utilitat. I a més, afirma que tots els esser humans volen la felicitat que identifiquen amb el plaer i rebutgen el dolor. Una altre qüestió es si això es cert. Bentham com bon positivista que era estableix una llei: el principi de utilitat: “principi de la màxima felicitat per el major nombre de persones". Aquest és el criteri que ha de promoure la transformacions de la societat.

                                                                   
                                                                         I.Kant

Des de altres postures ètiques el utilitarisme s’exposa a moltes crítiques. Això es així, perquè no hi ha cap postura ètica que no tingui punts febles. Per exemple, I.Kant (s.XVIII)  va establir l’afirmació que el que compte es la “ètica de les conviccions”. Els essers humans són un fi i mai un mitjà. Això naturalment, es posar-hi el llisto molt alt. Si a la matinada truquen a la porta i apareixen dos homes amb gavardines negres i molta mala llet, i et pregunten si a la porta del costat els teus veïns són jueus, quina resposta hi has de donar? La resposta de Kant, es dir la veritat, sempre. El utilitarista, donaria un altra resposta, perquè dir la veritat es sentenciar a la desaparició dels nostres veïns. Respostes alternatives, com “no ho sé”, “no sabia que eren jueus”, etc.


                                                                 Úrsula K. Le Guin 

El pobre Kant no sé si s’ho hauria repensat. En tot cas, l’excel•lència ètica pot arribat a tenir conseqüències nefastes. També amb el utilitarisme. Hi poso un exemple força colpidor. Al comte de Úrsula K. Le Guin que es diu: “Los que se alejan de Omelas”, hi ha un bon exemple de les limitacions del utilitarisme de J.Bentham. Sintetitzen molt la història ens diu el següent: A la ciutat d’ Omelas tot son flors i violes, per dir-ho així. La felicitat envaeix tots els recons de la ciutat. Les persones son honestes, bones persones. Però a Omelas hi amaguen un secret amarg. A un dels edificis en el soterrani ho viu un nen: .  

En el cuarto hay un niño sentado.   Podría ser un niño o una niña.  Aparenta unos seis años pero en realidad tiene casi diez.   Es retrasado mental.   Tal vez nació anormal o se ha vuelto imbécil por el miedo, la desnutrición y el abandono. (...) Todos saben que existe, todo el pueblo de Omelas. Algunos han ido a verlo, otros se  contentan únicamente con saber que está allí.   Todos saben que tiene que estar.   Algunos comprenden la razón, otros no pero ninguno ignora que su felicidad, la belleza de su pueblo, la ternura de sus amigos, la salud de sus hijos, la sabiduría de sus becarios, la habilidad de sus artesanos, incluso la abundancia de sus cosechas o el esplendor de su cielo dependen por completo de la abominable miseria de ese niño.

Què hi diria J.Bentham ? La resposta utilitarista es ven clara: s’ha deixar el nen allà dins, perquè el principi utilitarista s’ho posa el major be per en major nombre de persones. Què fàcil es dir els tòpics de torn, però, si surt el nen, Turut viola. Adéu al mon idíl•lic de Omelas. Ja sé que el exemple no deixa marge per la retòrica. Per suposat, Kant clamaria al cel, malgrat haver enviat als seus veïns al infern, per qüestions ètiques. Les situacions límits posant al descobert a totes les corrents ètiques  buits i esquerdes que posen de manifest les dificultats del esser humans en aquestes qüestions de que es bo o dolent.



En aquest punt faig apareix el nostre heroi filosòfic: J.S.Mill. Ell segueix la tradició del utilitarisme ampliant les seves fronteres. Els crítics han dit que el utilitarisme de Mill ja no es utilitarisme. D’aquesta polèmica domèstica en el àmbit filosòfic ho deixen corre. Mill reivindica la virtut. La resposta al nen de Omelas es deixa-ho lliure. Per què? La resposta es semblant a la de Kant, per dignitat humana. La felicitat no es assumpte exclusivament individual també té una dimensió social. Si volen de veritat una societat humana diu J.S.Mill he de treballar per construir-hi personalitats fermes i dignes. Cóm? Mitjançant l’educació. Establint valors com la compassió, la solidaritat, la recerca de l’excel•lencia, en tots els àmbits de la nostre vida, i en aquest camí podem topar amb la felicitat. Aquesta és un subproducte de tota aquesta activitat que el home cerca per fer el bé i gaudir del plaer. Mill afirmarà que la societat ha de ser lliure i democràtica per poder tirar endavant el projecte de creació d’una societat oberta i respectuosa amb les minories i capaç de oferir el marc adequat per que cada persona poguí cercar el seu propi camí amb companyia dels altres.  I Deu? J.S.Mill considera que la virtut i la recerca de la felicitat no te rés a veure amb el Deu del cristianisme.  

John Stuart Mill (III)

II.2.- ¿Qué es el utilitarismo? (*)

El término “utilitarismo” ha tenido diferentes propietarios que se han adjudicado su paternidad. Según D.Baumgardt, dicha paternidad hay que adjudicársela a J.Bentham que lo utilizó hacia 1780 y publicado sólo póstumamente. 

El concepto “utilitarismo” supone la identificación de lo que es valioso con lo útil. Lo bueno es lo útil. Sin embargo, el nombre de utilitarismo se identifica con la corriente representada por J.Bentham, James Mill (padre) y J.S.Mill (hijo). En el siglo XVIII, Helvecio ya había proclamado que la vida humana estaba fundada en dos grandes impulsos, el deseo de felicidad y la voluntad de evitar el dolor.

 El fundador del utilitarismo moderno se encuentra en la figura de Jeremy Bentham que en 1824 fundó la revista Westminster Review para expandir su ideario. El utilitarismo está al servicio de una reforma de la sociedad humana: de su estructura política –que debía ser básicamente liberal y democrática-, y de sus costumbres. La base de la reforma de la sociedad es que el reconocimiento de la existencia de dos motores en nuestra naturaleza humana: el placer y el dolor.

Según Bentham, el principio de utilidad o “principio de máxima felicidad para el mayor número de personas”, admite dicha “sujeción” –a estos dos motores-, y proporciona una norma de lo que es justo e injusto, correcto e incorrecto. El elemento efectado puede ser un individuo o una comunidad. El interés de la comunidad es el de los individuos que la constituyen y el interés del individuo abarca la “suma total” de sus placeres y dolores. Es decir, el principio de utilidad afirma que debemos promover el placer, el bien o la felicidad (que son una y la misma cosa) y evitar el dolor, el mal y la desdicha. Con el fin de elegir lo que es bueno, es necesario establecer un cálculo de placeres y dolores. Además, afirmará que la utilidad es medible y señala las dimensiones de la misma: intensidad, duración, certeza, proximidad sobre las que cabe edificar una aritmética moral.



Este cálculo de placeres y dolores se verá matizado, pues reconocerá la multiplicidad de factores de las diferentes sensibilidades de las personas, lo cual dificultaría la reducción de la felicidad a una sola pauta universal cuantificable. J.S.Mill tratará de darle un valor moral cualitativo a la idea de felicidad.


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(*) K.Marx dibujará los perfiles de Jeremy Bentham de forma poco amable, en general, era poco amable. De él se puede leer lo siguiente: "L'esfera de la circulació o de l'intercanvi de mercaderies, dins la qual es mouen la compra i la venda de la força de treball, era en realitat un auténtic Edèn dels dretes innats de l'home. Aquí només domina la llibertat, la igualta, la propietat i Bentham. (...) Bentham!, perquè cadascun només pense en ell mateix." (K.Marx, El capital, I,IV,3 pàg.215. Clàssics del pensament modern, Edicions 62/Diputació de Barcelona. Barcelona, 1984.

Marx define a Bentham como sigue: "(...) A l'economia clàssica lo ha agradat sempre concebre el capital social como a una magnitud fixa amb un grau de rendiment fix. Però aquest preejudici només s'establí en dogma gràcies al superfilisteu Jeremias Betham, l'oracle fredament pedant, xerraire pesat, del sentit comú burguès del segle XIX.

En nota a pie de página Marx somete a una implacable crítica los principios del utilitarismo: "Jeremias Bentham és un fenomen purament anglès (...). El principio de la utilita no era cap invent de Bentham. Simplement reproduí sense enginy el que amb enginy Helvetius i d'alres francesos del segle XVIII habien dit (...). Aplicat a les persones, quan hom vol jutjar tot acte, moviment, relació, etc., humà segons el principi de la utilitat, en primer lloc cal estudiar la natura humana en general i desprès la natura humana modificada en cada època històrica. Bentham no està per tants brocs (en sentit figurat, no esta per tantes històries). Amb l'eixutesa més ingènua suposa com a home normal el burgès estret de mires modern, i especialment el burgès estret de mires anglès. El que és útil a aquest estrany home normal i al seu món és útil en si i per si. I a partir d'aquesta escala de valors jutja el passat, el present i el futur. (...) Si jo tingués el coratge del meu amic H.Heine diria que el senyor Jeremias és un geni de la l'estupidesa burguesa" (nota 63, K.Marx. El capital, II,XXII,5, pàg.275

John Stuart Mill (II)

II.1.- El radicalismo filosófico

Entre 1770 y 1830 la sociedad inglesa se ve sometida a cambios profundos debido a las consecuencias de la revolución industrial, que llevo a cabo transformaciones profundas en la sociedad. Desde la transformación de los campesinos en obreros y la metamorfosis de las ciudades –Ch.Dickens y Marx, describirán sus consecuencias morales y políticas-. La sociedad [inglesa] cambia, pero las instituciones políticas no recogen ningún cambio, y en lo esencial se sitúan aún en la Revolución gloriosa de 1689. La política estaba al servicio de los intereses de la aristocracia agraria y mercantil. Los intentos de cambio tuvieron una feliz deriva para el conservadurismo. La Revolución francesa sirvió de excusa para un inmovilismo político que sólo beneficiaba a los de siempre. Sin embargo, a partir de 1815, las demandas de reforma política se hicieron cada vez más frecuentes y fuertes. Procedían de intelectuales radicales, como Jeremy Bentham, y de industriales textiles como Richard Cobden. Los industriales reclamaban libertad industrial y comercial y la abolición del proteccionismo agrícola, que beneficiaba exclusivamente a los “landlords” en perjucio del resto de la población.


J.Bentham (1748-1832)


La reivindicación de una reforma electoral y parlamentaria que abanderaban los radicales, se basaba en el hecho de que núcleos de población como Manchester, Birmingham, Sheffield y Leeds, convertidas ya en populosas ciudades industriales, seguían sin tener representación parlamentaria. Mientras Londres tenía cuatro diputados, el condado de Cornualles –en el sur de Inglaterra, dominada por terratenientes-, tenía cuarenta y cuatro.


En 1832 se aprueba por el Parlamento la Ley de Reforma que tendrá consecuencias en el sistema político. La primera consecuencia fue la disminución del poder político de la aristocracia agraria y mercantil. A partir de 1832 la oligarquía política británica se amplió con fabricantes y miembros de la middle class en general. A lo largo del siglo XIX se democratizo el sistema político. Así, en 1884 se estableció el sufragio universal (masculino). Este proceso democratizador fue impulsado y animado por un grupo de reformadores en torno a la figura de Jeremy Bentham (*) y James Mill. Aspiraban a transformar la sociedad británica en una sociedad de mercado moderna, secular y democrática. J.S.Mill, trato de profundizar esa senda dándole un fondo más moral.



(*) K.Marx dibujará los perfiles de Jeremy Bentham de forma poco amable, en general, era poco amable. De él se puede leer lo siguiente: "L'esfera de la circulació o de l'intercanvi de mercaderies, dins la qual es mouen la compra i la venda de la força de treball, era en realitat un auténtic Edèn dels dretes innats de l'home. Aquí només domina la llibertat, la igualta, la propietat i Bentham. (...) Bentham!, perquè cadascun només pense en ell mateix." (K.Marx, El capital, I,IV,3 pàg.215. Clàssics del pensament modern, Edicions 62/Diputació de Barcelona. Barcelona, 1984.

Marx define a Bentham como sigue: "(...) A l'economia clàssica lo ha agradat sempre concebre el capital social como a una magnitud fixa amb un grau de rendiment fix. Però aquest preejudici només s'establí en dogma gràcies al superfilisteu Jeremias Betham, l'oracle fredament pedant, xerraire pesat, del sentit comú burguès del segle XIX.

En nota a pie de página Marx somete a una implacable crítica los principios del utilitarismo: "Jeremias Bentham és un fenomen purament anglès (...). El principio de la utilita no era cap invent de Bentham. Simplement reproduí sense enginy el que amb enginy Helvetius i d'alres francesos del segle XVIII habien dit (...). Aplicat a les persones, quan hom vol jutjar tot acte, moviment, relació, etc., humà segons el principi de la utilitat, en primer lloc cal estudiar la natura humana en general i desprès la natura humana modificada en cada època històrica. Bentham no està per tants brocs (en sentit figurat, no esta per tantes històries). Amb l'eixutesa més ingènua suposa com a home normal el burgès estret de mires modern, i especialment el burgès estret de mires anglès. El que és útil a aquest estrany home normal i al seu món és útil en si i per si. I a partir d'aquesta escala de valors jutja el passat, el present i el futur. (...) Si jo tingués el coratge del meu amic H.Heine diria que el senyor Jeremias és un geni de la l'estupidesa burguesa" (nota 63, K.Marx. El capital, I,XXII,5, pàg.275


Ressenya: Espíritus del Presente

  Ressenya: Wolfram Eilenberger, Espíritus del Presente . Los últimos años de la Filosofía y el Comienzo de una Nu...